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LA VUELTA AL COLE: Planifica tu temporada

Llega Septiembre, y después de haber llevado una periodización exigente, el cuerpo y  la mente, han pedido paso, y hemos pasado de entrenamientos estrictos a un necesario cambio de actividad.

De esta forma volvemos con las pilas cargadas, tras haber hecho un descanso activo, implicando otras zonas menos entrenadas, evitando sobrecargar las estructuras más demandadas que nuestra especialidad deportiva nos ha exigido.

Ahora es momento de planificar la temporada, de ver el calendario de competiciones, y colocarlas por orden de importancia.

Una vez tenemos claro dónde nos apetece competir (distancias, perfiles, zonas de la geografía…), es momento de darles prioridad. Situaremos la principal o principales competiciones en el calendario, así como las secundarias y en último lugar la que nos servirá de entrenamiento más intenso para nuestro objetivo principal.

Un punto importante al que debemos hacer caso, es nuestro tiempo disponible (no tiene lógica querer hacer un ironman o un ultratrail, por ejemplo, si sólo podemos dedicar 180 minutos semanales a entrenar).

Ya tenemos el calendario terminado, con los tres niveles de prioridad, y de la forma más realista posible. Lo siguiente será determinar en qué punto de forma estamos, y a dónde queremos llegar, según nuestros objetivos y demandas de la actividad.

Para valorar la primera cuestión, es impepinable hacernos una valoración funcional. Pruebas de esfuerzo, pruebas de campo (para ver la correlación con la anterior, y como test para seguir midiendo a lo largo de la temporada, así como para dar una altísima trasferencia a nuestra actividad). No es lo mismo medir la potencia máxima, media y la potencia media máxima en un cicloergómetro, remo o tapiz sin tener en cuenta las desviaciones producidas por el ambiente en exterior que nos modifica bastante la prueba (para bien o para mal). Lo que si nos dará la prueba es una aproximación a los valores absolutos y relativos a nuestro peso de FC.MÁX, VO2MÁX, UMBRAL LÁCTICO, PAM, VAM, así como una valoración de nuestra respuesta al ejercicio ante esfuerzos maximales hasta el agotamiento y de media-corta duración. De esta forma podremos ver posibles adaptaciones ante este tipo de esfuerzos y si existe alguna anomalía para éstos. Hay que tener en cuenta que hay esfuerzos de carácter intermitente y de alta  muy alto volumen, que no dan la cara ante estas pruebas, pero tenemos que partir de algún punto y descartar anomalías con estos test. Comparando el electrocardiograma en reposo y durante la prueba, con una analítica, una espirometría, una valoración postural (estudio de cadenas musculares), de fuerza y/o potencia, un estudio de pisada, y otro estudio antropométrico, nos podremos hacer a la idea de nuestro punto inicial.

El siguiente paso es valorar el historial deportivo, el palmarés en otras competiciones previas, los resultados, las sensaciones (EEP, BORG…), su diario con un registro de entrenamientos previos.

Como siguiente punto determinaremos las necesidades de la especialidad en la que quiere competir. Los requisitos de ésta, los factores determinantes y limitantes, las zonas de trabajo para su objetivo (terminar la prueba, buscar un tiempo determinado, aspirar a podio…)

Con todo este cocktail de información, elegiremos el tipo de periodización que más se ajuste y a empezar a colocar los objetivos en cada meso y microciclo. Una vez establecidos, procederemos a detallar las sesiones de entrenamiento. Hay que tener en cuenta que éstos han de ser ligeramente maleables, ya que hay múltiples factores a tener en cuenta. Si llevamos un seguimiento a través de un registro de entrenamientos en nuestro diario, podremos ir ajustando la carga, identificando sobrecargas, puestas a punto, tolerancias, prueba de material, que nos hará afinar en cada microciclo.

No somos robots y no se asimilan igual las cargas de entrenamiento y la densidad de éstos en un sujeto con respecto a otro de similares características. Hay factores emocionales, personales, familiares, laborales que nos serán difíciles de controlar, y que indudablemente afectarán a nuestro rendimiento.

Aunque al hablar de rendimiento parece que nos estemos centrando en la élite, este mismo rendimiento se buscará ante una resolución de una patología. Un prediabético, por ejemplo, con un objetivo añadido de reducción de porcentaje graso corporal, tratará de buscar su máximo rendimiento fisiológico, para tratar de obtener una respuesta máxima de su organismo, para que segregue su páncreas la óptima cantidad de insulina, y no limitar la lipólisis, y su posible B-oxidación, por una hiperinsulinemia, unida a otra posible hiperglumemia (al haber un funcionamiento defectuoso de la liberación de insulina).

De esta forma, con nuestros clientes-pacientes-usuarios, deberemos tratar de conseguir sus mejores resultados, en un entorno 360, es decir multifactorial.

Bienvenidos a la vuelta al cole tras las vacaciones, nuevas ilusiones, nuevos retos y búsqueda de mejora constante.

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