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La verdad

Mucha gente, especialmente la más ignorante, desea castigar a los honestos por decir la verdad, por ser correctos, por ser auténticos. Cuando nosotros estamos en lo cierto y lo sabemos, que hable la razón. Verdad solo hay una, y siempre seguirá siendo la verdad. La verdad determina el punto de partida de nuestra libertad. 

Aunque la verdad este en minoría, sigue siendo la verdad. Sin la verdad la vida nos convierte en presos de una cárcel de nuestra propia construcción. Si no podemos decir la verdad hay que callar, y no tener la necesidad de tomar caminos ajenos a nuestra naturaleza. En caso de hacerlo terminamos donde no queremos ni necesitamos estar. Al final se pierde la humildad y nos desconocemos. 

Esto, que es tan sencillo, a algunos les cuesta mucho. Especialmente a aquellos que hace mucho tiempo que escapan de las dificultades y la responsabilidades, pasando de puntillas por la realidad. 

La verdad es nuestro amigo más íntimo y admite todas las demás verdades. Es ese amigo que nos mantiene en contacto con la realidad y nos permite expresar nuestra más íntima y auténtica identidad. No hay que temer ni luchar contra la verdad, ya que esta nos dolerá solo cuando deba dolernos. La verdad representa la mejor medicina para todo mal entendido, distorsión, tergiversión, y confusión entre las personas. También representa todo lo anterior aplicado a la relación con uno mismo. Ser capaz de decir y escuchar la verdad significa poseer la capacidad para comprender los puntos aislados, oscuros, y misteriosos de la vida, y poder conectarlos en su real y autentica secuencia.

Ahora bien, llego el momento de decir la verdad … ¿que duele mas, la mentira o la verdad?

Debemos admitir que somos sujetos humanos frágiles, imperfectos, egoístas, agresivos, defensivos, y que en muchas ocasiones causamos un daño consciente a los demás. Las personas que nos rodean solo nos dirán aquellas verdades que somos capaces de escuchar y admitir, y ninguna más. Solo es posible que ellos nos quieran o amen si somos capaces de escuchar sus verdades, sin descalificar, ningunear, o pronunciar juicio alguno sobre ellos. 

Todos somos personas imperfectas, todos nos equivocamos, y todos cometemos errores. En cualquier momento podemos padecer una o varias enfermedades mentales como sucede en cualquier otro órgano. Simplemente el estrés prolongado, genera serios trastornos mentales como la ansiedad y la depresión. No obstante, el termostato de nuestros niveles de estrés estarán en su nivel mas bajo, siempre y cuando estemos dispuestos a expresar nuestra verdad con la mayor facilidad y fluidez posible. Todo dolor emocional, sea cual sea, remitirá en el momento en que estemos dispuestos a enfrentar y admitir la verdad de la cual estamos huyendo.

Confesar que hemos hecho daño a los demás resulta algo muy difícil de asimilar por el ser humano. Y lo es porque logramos lastimar todavía más a los demás cuando nos negamos a admitir el daño que hemos hecho. En tal caso, la negación de la verdad constituye una mentira que escinde el significado de la realidad e interpone la mentira. Decir la verdad elimina el dolor causado por la herida emocional, que a su vez ha sido creada por la mentira. Solo así, libre de mentiras, somos capaces de amar al mundo nuevamente.

Nuestros padres tuvieron sus fallos y no fueron perfectos. No siempre supieron todo sobre todo, o se comportaron de una manera comprensiva con nosotros. Por mas errores que hayan cometido, hicieron las cosas lo mejor que pudieron, sin contar con un manual de instrucciones para criar un hijo o una hija. 

Pero nuestros padres tampoco fueron un par de ogros, o monstruos, o retrógrados, o perfectos idiotas. Nos dieron lo mejor que pudieron de sí mismos desde un punto de vista distinto al nuestro. Es mas, es muy probable que algún día usted se comporte igual o peor que ellos.  

Si hacemos memoria, tenemos que admitir que en nuestra ultima discusión con nuestros padres solo hemos tenido parte de la razón, y que muy probablemente nos equivocamos, incluso cuando nos negamos a admitirlo. También, la última vez que alguna persona nos trato de personas doctas, inteligentes, y brillantes, probablemente se debió a que no nos conocía muy bien. 

Podemos achicarnos o arrugarnos cuando no estamos seguros, retraernos cuando dudamos, y comportarnos como personas odiosas, resentidas, insoportables, y vengativas cuando nos sentimos heridos, desesperados, o una mezcla de ambas cosas. Todos ellos son sentimientos y comportamientos humanos.

Por otra parte, también podemos demostrar coraje y valentía, ser esplendidos y desprendidos, comportarnos con amor y comprensión, y más que todo podemos ser plenamente compasivos, sin jamás emitir juicios impulsivos, ningunear, o juzgar erróneamente a los demás. Estos también son sentimientos y comportamientos humanos.

Sea lo que sea que somos, muy buenos, menos buenos, neutros, menos malos, o directamente muy malos, todo corre a lo largo de un amplio espectro que representa el pensamiento, los sentimientos, y el comportamiento humano desde hace millones de años. Un espectro donde los claroscuros de la vida se entremezclan y superponen con algunas esquinas llenas de sombras, donde todas las realidades son parciales. 

Lo importante es saber reconocer y admitir plenamente la verdad, con la mayor honestidad, y como si de un curriculum vitae profesional se tratase. O sea, sin restar ni adicionar nada a los credenciales de la realidad que representa uno mismo. Siendo una verdad verificable, qué más da que nuestra verdad guste o no guste a los demás. A quien tiene que gustar es a nosotros mismos. Uno es lo que es, y punto.

Ser capaz de aparcar nuestras defensas y admitir nuestra verdad, siempre constituirá una fuerte plataforma, así como un inequívoco signo de fortaleza personal. Si admitimos nuestras debilidades daremos a los demás una persona a la cual puedan querer o amar de verdad. 

Vale la pena invertir en la verdad. Miremos por donde miremos, admitir nuestras más frágiles y vulnerables debilidades constituye, con gran diferencia, nuestra mayor fortaleza y poder. Ese poder se manifiesta en su máxima expresión cuando, con una sonrisa en los labios, somos capaces de decir: “critíquenme todo lo que quieran, siempre que sea con la verdad … la verdad es lo único que me vale.” 

 

Etiquetas: Gym Factory, Entrenadores, Guillermo Laich, body mind

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