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Modelos opuestos

Cuando hace más o menos diez años expresé la previsión de que en un futuro cercano veríamos implantarse un nuevo modelo de gimnasio, un concepto de centros de tamaño reducido con esmerada dedicación a sus clientes, mis colegas más cercanos coincidieron casi unánimemente en considerarme un visionario optimista.

Este disentimiento mayoritario me dio la prueba inequívoca de que mi pronóstico se cumpliría. No es mi intención atribuirme mérito alguno, pues no lo tiene; y es bien seguro que serían muchos los que ya habían desarrollado esa idea mucho antes que yo, cómo explicar si no que esto sea ya un hecho constatado. El asunto es bien sencillo, se trata de observar, analizar y concluir, o al menos deducir. Cuando se está abstraído en la tarea de mimetizar formas establecidas, de seguir pautas marcadas por otros sin evaluar las repercusiones que afecten a nuestro caso concreto, nos arriesgamos a perder la visión de una parte importante de la realidad. Yo llamo a esto ceguera voluntaria, disfunción de difícil cura.

En la época relativamente cercana a la que me refiero, existía una especie de furor  por las instalaciones de grandes dimensiones que, por ser la tendencia del momento, llegaron a eclipsar a otras más pequeñas que en muchos casos cometieron el error, en mi opinión, de intentar emular a sus robustos competidores copiando su extensa variedad de ofertas; así era habitual encontrar en los gimnasios una abrumadora propuesta de clases colectivas y diversos servicios a los que el cliente podía acceder por el precio de la cuota o poco más. De este modo se fue gestando una guerra de precios a la baja como único recurso posible para competir, especialmente para los gimnasios más modestos. Lamentablemente para algunos esto supuso iniciar el camino al fracaso, otros, bien es cierto, consiguieron subsistir meritoriamente sobreponiéndose a una crisis devastadora de la que aún no acabamos de salir. Pero las malas experiencias también tienen su efecto favorable, aportan agudeza a las ideas y estimulan la imaginación a la vez que dotan de cauto pragmatismo.

Tanto por efecto de la crisis como por la previa situación existente, la competitividad basada en precios a la baja continuó su camino descendente. Los centros low cost crecieron en todo el país a grandes pasos. En buena medida daban y siguen dando respuesta a una importante masa social menoscabada económicamente, lo que nos hace presumir que esta propuesta continuará su expansión. Pero aun cuando el éxito del low cost sea comprobable en muchos casos, y más que probablemente vaya a serlo en muchos más, este modelo no acapara toda la demanda. En mi modesta opinión, estoy convencido y creo que empieza a ser apreciable, que ha sido precisamente la implantación del low cost lo que ha generado y seguirá generando una demanda opuesta, debido al vacío eventual subsecuente a la proliferación de esta tendencia. Y es que todo concepto tiene su antagónico; así ha ido configurándose la tendencia contraria, ahora vemos crecer también los centros de entrenamiento personal o los sugerentemente denominados “gimnasio boutique” , una apuesta clara por la calidad con la pretensión de ofrecer al cliente gratas experiencias junto a buenos resultados, además de facilitarle una diversidad de formas de pago sin necesidad de compromisos a largo plazo, concediéndole mayor libertad de elección, como, por ejemplo, la fórmula “pago por uso” que sin duda acabará aplicándose en la mayoría de los centros de fitness.

Es previsible que estas dos tendencias sigan creciendo y afianzándose, conformando una explícita definición del sector, al que ya le ha llegado la edad de madurar, y lo hace pluralizando su oferta en cohesión con la diversificada demanda actual, es decir, de acuerdo con la imposición de la realidad palpable. Inclinarse hacia una u otra está sujeto a decisiones personales en función de las preferencias o las posibilidades del demandante. En cualquier caso, asumiendo el riesgo de equivocarme, creo que estas dos tendencias van a dominar el sector en los próximos años experimentando un significante desarrollo.

El hecho de que convivan dos conceptos opuestos en una misma actividad, suscitará ineluctablemente un debate permanente, pero esto es conveniente, saludable y hasta revitalizador para el fitness. El low cost ofrece el uso de sus instalaciones libremente a sus clientes con una propuesta más parecida al autoservicio, un método muy experimentado ya en el comercio. El cliente goza de gran libertad de acción y amplitud de horario, es muy adecuado para individuos independientes y autosuficientes en la práctica de ejercicio físico. El gimnasio boutique, es un concepto avanzado en la elaboración del entrenamiento y en la dedicación al cliente, quien es atendido con esmero intentando hacerle participe de experiencias positivas en cada sesión, llevando un seguimiento estricto que garantice mediante resultados visibles sus expectativas.

Entendamos que estos dos modelos por ser opuestos no han de estar necesariamente enfrentados, son diferentes propuestas que responden a distintos sectores demandantes por cuya existencia ha brotado esta división de ofertas, cada una de ellas atendiendo a un mercado concreto. Determinar cuál es la mejor no se aparta del criterio subjetivo, pues aunque sean susceptibles de establecer una comparación cualitativa, concurren factores transversales que explican el sentido de ambas. Desde el ámbito profesional se recomienda insistentemente  la conveniencia de que el ejercicio físico sea dirigido por personal cualificado, estoy plenamente de acuerdo con este argumento, pero he percibido también la pretensión que muestran algunos profesionales de convertir esta recomendación o consejo en una imposición. Es aceptable que todo profesional defienda sus intereses, y es razonable que como conocedor del medio en que trabaja y para el que se ha formado, desee contribuir a un sano aprovechamiento de su práctica: el ejercicio físico en nuestro caso. Sin embargo, hemos de considerar que la decisión de practicar un deporte con cualquier finalidad, es una elección libérrima que no puede ser fiscalizada. Imaginemos cómo podríamos imponer la contratación de servicios profesionales a quienes hacen deporte al aire libre en cualquiera de sus modalidades, o a quien adquiere un equipo de entrenamiento doméstico para ejercitarse en hogareña intimidad. Es difícil suponerlo sin percibir una imagen grotesca de tal situación. Igualmente debemos entender que haya quien prefiera, por las razones que sea, acudir libremente a un gimnasio pagando exclusivamente por el uso de sus instalaciones, pretender impedir esta libre determinación estaría en discordancia con el principio de libertad individual.

Modelos opuestos conviven sin mayores problemas en distintos ámbitos de la sociedad, también en el nuestro lo harán sin perjuicio, la diversidad fue siempre enriquecedora.

Etiquetas: Gym Factory, Revista, Gestión, Antonio Manzano, Desde el Gimnasio

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