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Alternativa al modelo Low Cost

Si hacemos un análisis rigurosamente realista de la situación de los centros de fitness, es imposible obviar las dificultades que una buena parte de este sector tiene que afrontar. La ajustada economía de la clase media –franja mayoritaria de usuarios de nuestros servicios–, es la pauta persistente que mantiene contraído el gasto del ciudadano medio. 

El consumo, en términos generales, sigue siendo bajo, y los insistentes anuncios animosos de repunte de la economía, no se ven reflejados en la capacidad adquisitiva de la mayoría, o lo hace tan lentamente que apenas es perceptible. Los datos más fiables constatan el afianzamiento de la bajada salarial y la tendencia al empleo precario e inestable; y es previsible, aun deseando equivocarme, que esta tendencia se consolide al menos por algún tiempo. En este escenario, empresas de servicios como las nuestras, se ven obligadas a realizar esfuerzos de adaptación que, en algunos casos, solo aspiran a la subsistencia, pues a las dificultades señaladas hay que añadir la agraviante subida de impuestos (IVA) que en tales circunstancias los centros deben detraer de sus ya menoscabados ingresos, ya que repercutirlo en los clientes equivaldría a hacerse el harakiri. A este cúmulo de circunstancias adversas, se le agrega la dura competencia basada en precios a la baja en un afán desmedido de captar o mantener clientes a toda costa, llegando al punto de que numerosos centros anuncian en sus fachadas atractivos precios a modo de visible reclamo. El tirón del low cost, induce a muchos a imitar su modelo como último o quizás único recurso antes de abandonar como ya hicieron otros.

El modelo low cost, hizo su aparición antes de la crisis, no solo en el fitness, pues ya se estaba aplicando en un amplio sector comercial; eso sí, la evidencia del asentamiento de una larga crisis devenida cambio socioeconómico prolongado, ha impulsado el desarrollo de este modelo que trata de adaptarse, y de hecho se adapta, a la realidad económica actual. Creo firmemente que la oferta low cost es una implantación con mucha vida por delante y, desde luego, cumple una función, pues sin ella serían muchos los que tendrían que prescindir de la practica del fitness en un centro habilitado para tal fin. No me cabe duda que trascenderá a la crisis y se mantendrá como una opción probablemente mayoritaria. No es este el modelo que personalmente prefiero, sin embargo, no tengo nada que objetar en contra de su propuesta, pues ante todo debe prevalecer la libertad de elección, si bien las restringidas posibilidades del actual ciudadano medio proporcionan el idóneo caldo de cultivo para que éste se incline hacia la oferta low cost, aunque tenga que asumir el autoservicio a cambio del bajo coste. Aceptemos por tanto sin dramatismo esta realidad quienes entendemos, con buen criterio a mi juicio, que un servicio de calidad es más rentable en términos absolutos, y entendamos también que cualquier elección libremente decidida es siempre respetable. Razón por la cual desde aquí doy la bienvenida al low cost, que presumo llegó para quedarse.

No tengo datos a la mano, pero colijo que en los últimos años, los centros low cost han acaparado no menos de dos tercios de las incorporaciones a centros de fitness, a la vez que han logrado atraer y captar clientes habituales de otros centros, seducidos por la tentadora oferta económica. En cualquier caso es innegable que su fuerte competencia de expulsión ha dado un vuelco a la estabilidad de muchos centros que ya estaban siendo afectados de inestabilidad debido a la larga crisis. Como consecuencia se aprecia una tendencia muy extendida al abaratamiento de los precios, para muchos mero recurso de subsistencia. Las circunstancias mandan, y adaptarse a ellas supone a veces una prueba de resistencia. Sin embargo, el éxito a menudo es efímero, por lo que limitarse a imitar a quien lo logra tiene sus riesgos, y es conveniente considerar y valorar otras opciones para afrontar las dificultades antes de dejarse llevar por las reglas que impone una competencia que jugando en su terreno nos ganará.

Una valoración global de la industria del fitness, echa con objetividad, debe aceptar que la expansión del low cost, influye positivamente en el sector en términos generales, aun cuando parte de éste se considere perjudicado y lo sea de hecho; pero si tenemos en cuenta el efecto que la apertura de nuevas instalaciones tiene sobre los proveedores de equipamiento deportivo, el resultado total se muestra favorable. No pretendo hacer una defensa del low cost por alguna razón personal, pues estoy fuera de su órbita, lo que intento es describir la realidad según la percibo. El low cost, es una propuesta tan legítima como cualquier otra, ofrece lo que ofrece y cada cual es libre de elegir la que más convenga a sus intereses.

Con todo lo expuesto, no tengo tan claro que el low cost vaya a liderar el sector por mucho tiempo, más bien creo que éste se verá fragmentado en parcelas concretas con ofertas diferenciadas: consecuencia del nuevo modelo socioeconómico cuya implantación ya es una realidad, por lo que reconocer el segmento social al que se destina una oferta determinada, nos ayudará a establecer un criterio empresarial fácilmente identificable por los destinatarios de nuestra propuesta. Entre la actualmente inflada oferta de coste reducido (low cost) y la denominada premium, que parece mantenerse consolidada, aún pervive una franja intermedia susceptible de ser atraída por propuestas coherentes en la relación calidad-precio. Esta franja, en mi opinión, se va a hacer más ancha en un futuro cercano, abriendo interesantes oportunidades a quienes estén dispuestos a ofrecer calidad a precio asequible, concepto basado en un intercambio conveniente para ambas partes, es decir, proponer un acuerdo razonable consistente en prestar un servicio de calidad al alcance económico del individuo medio, o para dejar más claro el concepto, asequible para el cliente y rentable para la empresa.

Saber orientarse hacia un tipo de cliente concreto, puede ser uno de los retos inmediatos para situarse en una clara diferenciación por la que ser reconocido. Los intentos de imitación dependen demasiado de la suerte, mientras que las estrategias bien elaboradas, la creación de una identidad propia, los recursos de adaptación, el arrojo de innovar y la imaginación sin reservas, serán siempre fieles aliados del éxito.

 

Etiquetas: Gym Factory, Revista, Gestión, Antonio Manzano, Desde el Gimnasio, Low Cost

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