Spanish English French German Italian Portuguese

Proyección sociocultural del fitness

Atendiendo a datos recientes, derivados de una gran prospección a nivel europeo, se constata que la práctica regular de ejercicio físico, dista de ser hábito mayoritario, imponiéndose la tendencia al sedentarismo relativo o absoluto según qué caso. De acuerdo con los datos citados, se aprecia mayor actividad física regular en los países del norte de Europa, figurando España entre los últimos de esta clasificación.

No es una revelación sorprendente, pues los más burdos cálculos hechos al ojo del buen cubero, arrojaban índices similares o al menos aproximados.

Dependiendo de qué forma interpretemos estos indicadores, podemos ser más o menos optimistas. Prioritariamente deberíamos considerar el importante avance que se ha producido en el concepto de salud y ejercicio físico durante los últimos 30-40 años. El vuelco ocurrido en la cultura deportiva ha sido muy significante, pasando de concebir el deporte como exclusivo acto competitivo o espectáculo reservado a privilegiados atletas dotados de cualidades extraordinarias, a ser un valorado componente de la salud integral por sus habituales practicantes. En realidad, el ejercicio físico en relación con la salud es un proceso en expansión, tal vez creciendo con mayor lentitud de lo deseable, pero creciendo imparablemente.

Este nuevo concepto ha llevado a incorporar el deporte como componente básico en la vida de una importante masa social que, aunque sigue siendo relativamente minoritaria, tiene muy afianzada la práctica de ejercicio físico en su estilo de vida, esta consolidación propiciará el desarrollo de esta actividad convirtiéndola en implantación de uso generalizado.

Hago hincapié en señalar que este proceso se irá produciendo lentamente, pues no  percibo, aun siendo optimista, que nuestras estructuras socioculturales sean potencialmente propiciadoras de la expansión de la cultura deportiva como elemento social constructivo. Desde la perspectiva de los profesionales del fitness, se tiene muy claro el valor que la práctica deportiva aporta a la sociedad, sin embargo, la difusión de este conocimiento parece ser escasa y no muy efectiva si nos atenemos a los datos. La relación de los grandes medios de información con  la divulgación de los beneficios de hacer ejercicio físico es anecdótica y distante, mucho más interesados en propagar el espectáculo deportivo como foco de atracción de audiencia, lo que por otra parte es comprensible si analizamos su razón de existir. Desde las instituciones tampoco parece que haya un plan sistemático destinado a difundir y favorecer la práctica deportiva, por supuesto me refiero a un plan serio y continuado, dispuesto a invertir en políticas preventivas de salud pública en las que se incluya la práctica regular de ejercicio físico como factor esencial en la mejora de la calidad de vida.

Los beneficios derivados de la práctica cotidiana de ejercicio físico son, desde hace ya mucho tiempo, constatables. Ciertamente es un concepto asumido por la generalidad, pero convendría entrar a analizar su auténtico calado. Al margen de profesionales del deporte o avezados deportistas, el conocimiento que se tiene acerca del ejercicio físico y cómo usarlo para que sea eficaz y provechoso, tiende a ser una idea delicuescente y poco arraigada. La escasez, cuando no ausencia, de labor pedagógica y divulgativa concuerdan con este hecho.

Admito la evidencia de que, desde ámbitos profesionales relacionados con la salud, está cada vez más propagado el consejo de realizar ejercicio físico con regularidad, pero a menudo son informaciones sesgadas, tangenciales, parcas en contenido. El sector del fitness, por ser el sector más especializado en proyectar el ejercicio físico como fuente de salud, posee las condiciones necesarias para afrontar los retos inmediatos de la previsible evolución social en relación con la esperanza y calidad de vida que, según informes fidedignos, nos da un pronóstico de progresivo aumento de la longevidad. 

Si en términos generales prevalece la tendencia al sedentarismo, entre el grupo de edad más avanzada se hace aún más evidente esta inclinación, con las indeseables consecuencias que ocasiona. Es apreciable el deterioro físico que padece gran parte de esta población, motivado esencialmente por el descenso de la actividad física, llevándolos a un estado prematuro de fragilidad, pérdida de función y, en  los peores casos, discapacidad, algo evitable en la gran mayoría de los casos con la simple aplicación de un programa adecuado de acondicionamiento físico.

Si nos remontamos a las primeras investigaciones en este campo, ya en la primera mitad del siglo pasado, se pudo constatar que una actividad física planificada, ralentizaba la aparición de signos de deterioro que acompañan al envejecimiento. Una sucesiva profusión de estudios han seguido avalando esta teoría. Sabemos que la pérdida de masa muscular inherente a la senectud, puede ser retardada manteniendo una actividad física de cierta intensidad. También sabemos que, incluso en casos de avanzada sarcopenia, hay respuesta positiva a un entrenamiento de fuerza adecuadamente estructurado, aun cuando se esté en edad muy avanzada, tal como demuestran algunos estudios en los que se incluyeron nonagenarios, pudiendo desarrollar o recuperar otras cualidades como equilibrio, coordinación, cierta agilidad y capacidad cognitiva, especialmente cuando se establece un programa de entrenamiento multicomponente, que es justamente lo que propone el fitness.

Teóricamente, las posibilidades de proyección del fitness en una sociedad mayoritariamente sedentaria,  son muchas por mera necesidad. Empero, cuando esta teoría pisa el suelo de la realidad, se hace visible una secuencia de escollos que retienen la conveniente penetración de estilos de vida saludables. De entrada, el sedentarismo es acomodaticio, y salir de él implica esfuerzo, esto está, además, favorecido por un entorno que nos exime de casi todo lo que supone esfuerzo físico, de ahí la dificultad de persuadir a una población “perezosa”, escasamente informada y ajena a las consecuencias de elegir un tipo de vida u otro.

Consideremos otros factores. Si el concepto del fitness fuese adoptado por gran parte de la sociedad, adhiriéndose a un sistema de entrenamiento planificado y una reorientación  de los hábitos alimenticios, se obtendría como resultado un considerable descenso de muchas enfermedades, como está probado. Esto nos permitiría alcanzar una edad avanzada en buen estado de forma, y consecuentemente supondría una importantísima reducción del gasto sanitario, al descender tanto el consumo de medicamentos como el número de ingresos hospitalarios. Parece fantástico ¿verdad?. Os aseguro que va a ser difícil lograrlo. Para empezar generaría un tremendo conflicto de intereses, y a esto nos tenemos que enfrentar. Sustituir la venta de fármacos por sesiones de gimnasio es algo aún muy lejano, y contar con enfermos crónicos o “cronificados” es un pingüe negocio para cierta  poderosísima industria. También el fitness es una industria que crecerá, y ya debe haber reconocido a sus solapados oponentes . Por el momento no es tan poderosa como estos, pero todo se andará.

Las cookies nos permiten ofrecer nuestros servicios. Al utilizar nuestros servicios, aceptas el uso que hacemos de las cookies. Más información