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La conjeturable curva del fitness

La mera observación, aun cuando sea superficial, nos muestra el giro que se está produciendo en el fitness, el rumbo de sus tendencias está cambiando los conceptos arraigados hasta hace bien poco, y tanto los nuevos centros como los reconvertidos indican inconfundiblemente su nueva orientación. Es una visible realidad la progresiva desaparición de la “uniformidad” que caracterizaba a cientos o miles de gimnasios adscritos a una mímesis reductora y a menudo impersonal, esto ha compuesto durante décadas la vocación mayoritaria en nuestro sector. Por fortuna o mero devenir la situación actual es marcadamente distinta y el sector ha empezado a fragmentarse en variedad de tendencias, como resultado de tener que adaptarse a los cambios y diversidad de demandas provenientes de una sociedad casi súbitamente transformada.

Existen otros factores a considerar en la producción de este giro, son los que han tenido lugar en el ámbito interior del fitness, me refiero a las aportaciones que sucesivamente han impulsado y siguen impulsando su desarrollo, fruto del avance profesional que el sector ha logrado. El aumento exponencial de profesionales especializados, tanto en la aplicación e impartición de la actividad fitness como en la gestión y dirección de los modernos centros, han marcado una diferencia positiva respecto de inmediatos tiempos pasados. La suma de componentes: demanda diversificada y progresiva mejora en profesionalización, producen el efecto de formar una suerte de espiral que se preve ilimitada, lo que augura abundancia de oportunidades para tiempos venideros, pero también esfuerzos continuos de adaptación a las exigencias que acompañarán a tales circunstancias.

Las dos tendencias con más auge son el low cost, con propuesta de autoservicio, funcionalidad y gran disponibilidad horaria, y el centro especializado o gimnasio boutique como denominación más propagada. Éste en el lado opuesto al anterior se diferencia por ofrecer un servicio directo y personalizado, otorgando al cliente especial relevancia en la relación con el centro. Por otro lado contamos aún con alto número de centros subsistentes que podríamos denominar “clásicos”, probablemente mantenidos por el impulso de una inercia decreciente, muchos de ellos, en mi opinión, con riesgo de convertirse en intempestivos.

Teniendo en cuenta la diferencia conceptual de ambos modelos, queda claro que no suponen gran competencia entre sí, por lo que la competencia actual y futura se va a producir entre centros de la misma tendencia; y dadas estas circunstancias, es probable que entre los antecitados centros subsistentes surja una tendencia mixta, pues habilitar dentro de una gran instalación un pequeño gimnasio boutique es perfectamente factible. De este hecho brotaría una competencia para las dos primeras tendencias. Las posibilidades están abiertas y esto revitaliza el fitness, además, los centros en peligro de extinción pueden, mediante la adecuada reconversión, recomponerse como centros competitivos con garantías de futuro.

Hay todavía un amplio hueco para situarse en este sector. Las oportunidades mantienen la puerta abierta para los que llegan y para los que están y necesitan adecuarse a nuevas circunstancias. Saber elegir una línea concreta orientándose hacia  una  franja de clientes cuya demanda coincida con nuestra propuesta, será una decisión efectiva que debe ser ponderada prescindiendo de probaturas  azarosas y erráticas que ya no cabrían por extemporáneas, designar una línea o tendencia y especializarse en ella es lo que pide el presente y probablemente el futuro.

Acceder al mundo empresarial a cualquier nivel supone afrontar la competencia. Las estrategias escogidas a tal fin dependerán del enfoque que se decida plantear. El fitness es un sector muy dinámico y apunta a serlo más, lo que comporta asumir retos de forma que estos sean encarados como algo habitual en el funcionamiento ordinario. Ser competitivo es una exigencia insoslayable para pervivir en la empresa actual. Una de las fortalezas más destacable del fitness la otorga el hecho de que su práctica aporta valor por sí misma a quien la utiliza. La forma en que se maneje este valor puede ser el factor determinante para lograr, al menos, un aceptable éxito perdurable.

Doy por cierto que apoyarse en meras conjeturas es un argumento que adolece de falta de rigor, sin embargo, mi planteamiento no se pierde en la subjetividad, creo que lo aquí expuesto también se fundamenta en aspectos objetivos que, como apunto al inicio de este artículo, basta la simple observación para detectarlos.

Por último quiero insistir en la importancia creciente de ser competitivo. Para los inmediatos tiempos venideros (también en los actuales) el desafío de empresarios y profesionales del fitness en general, va a ser sin duda incrementar los recursos para satisfacer la demanda de sus clientes y afianzar su fidelidad, para ello no bastará con la aplicación de sutiles tácticas comerciales, la formación y la pericia profesional y técnica. Todo esto, aun suponiendo un valor indiscutible, será insuficiente si no se cuenta con una fina habilidad para las relaciones humanas, cualidad que no puede ser acreditada por ninguna titulación, ya que es connatural a algunos mientras lamentablemente negada a otros, pese a lo cual merece la pena realizar el esfuerzo por obtenerla en todos los casos. Si tenéis que seleccionar personal para vuestro centro de fitness no desestiméis este detalle, puede ser la elección más determinante que hagáis.

Antonio Manzano

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