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Entrenamiento colectivo vs individualizado

Una de las preguntas que nos vienen a la cabeza cuando queremos mejorar nuestra salud y nuestro rendimiento, es la de elegir entre el entrenamiento o la actividad en grupo o la personalización de éste. 

La balanza se inclinará hacia un lado u otro dependiendo de nuestras prioridades.

Las actividades en grupo favorecen la interacción, la cohesión, la pertenencia  a éste, y la protección que nos da el vernos arropados por el colectivo. Es importante el apoyo del resto de los integrantes, tanto como medida de seguridad, como la asistencia mental.

La individualidad nos brinda la oportunidad de mejorar nuestra autoconfianza, potencia la capacidad de resolución de situaciones por nosotros mismos, nos deja llevar el ritmo que queremos en cada momento, agudiza nuestro ingenio y nos obliga a desarrollar al máximo nuestra capacidad de supervivencia y autonomía.

Cuando nos decidimos hacer una actividad al aire libre, el resultado de la suma de los factores que están en juego, determinarán nuestro éxito. Siempre tenemos presente el equilibrio entre el riesgo y el beneficio. Muchos son los condicionantes que hay que evaluar. 

Perfil del itinerario. Desnivel positivo y negativo, distancia, pendiente media y máxima, facilidad de orientación, grado de exposición, terreno por el que discurre, altitud… ESCALA MIDE.

Meteorología. Para ver las condiciones en las que vamos a encontrar el recorrido. Nieve, hielo, lluvia, exposición al sol y al viento, niebla…

Documentación previa. Mapas, tracks, webs, foros, ortofotos, aplicaciones, otros usuarios… 

Material necesario. Esto dependerá en parte de la estación en la que nos encontremos. Sistema de tres o más capas, calzado, material de abrigo o protección contra los elementos (sol, agua, frío, nieve). Material técnico necesario. Tipos de calzado, cuerda, arnés, material duro, casco, tamaño de la mochila, botiquín… 

Conocimiento previo del lugar.

Condición física y mental. En este apartado me voy a detener, ya que la elección de una actividad colectiva o individual está determinada por todos los aspectos mencionados anteriormente y en  gran parte por nuestra capacidad para afrontar nuestros retos.

Hacer una ruta de senderismo, montar en bici de montaña, ponerte unas raquetas o dar una vuelta en kayak te aportará distintas sensaciones al hacerlas dentro de un grupo o en solitario.

Si obviamos los puntos anteriores y nos enfocamos en el rendimiento deportivo, la individualización de los entrenamientos, o gran parte de ellos se hace casi imprescindible. ¿Deberíamos llevar la misma planificación en un deportista amateur que lleva 2 años compitiendo, compatibilizándolo con su trabajo, que difícilmente puede entrenar más de 4 días por semana,  que en una deportista profesional, con más de 10 años en el alto rendimiento, que puede dedicar toda la semana a prepararse?   

Aunque la competición sea la misma, es obvio que los requerimientos, la disponibilidad, y probablemente el potencial no sean ni parecidos, con lo que parece lógico individualizar el entrenamiento.

En este ejemplo, intento asemejar algo más a los deportistas en cuanto al rendimiento se refiere.

Deportistas amateur con un nivel alto, que están entre los 10 primeros en el ranking. Uno de ellos se lesiona repetidamente, confirmando una lesión de desgaste por sobreuso, derivada de una posición anatómica genética, poco favorable para ese deporte, que además tiende a reforzarse por una higiene postural deficiente.

El otro caso, con el mismo éxito deportivo, lleva relativamente poco tiempo con un seguimiento deportivo, pero que tiene un alto potencial genético de entrenamiento.

Ambos casos necesitarán afinar su forma con una preparación individualizada para conseguir su máximo rendimiento.

Como elemento positivo, el entrenamiento grupal, (sin que el deporte lo sea), tiene también muchos componentes positivos. Fuerza ritmos que en solitario puede costar más mantenerlos. Permite ayudar al entrenador para optimizar el tiempo y centrarse en lo importante. Crea una sensación de equipo. Simula una sana competición interna, que valdrá como modelo para entrenar  bajo la presión de la competición. El coste al deportista se reduce, al compartir parte de las sesiones con más compañeros.

Las estrategias de entrenamiento son diferentes en cada deportista, ya que es evidente que no todas las fórmulas valen para todas las personas.  Personalmente recomiendo el entrenamiento combinado. Por un lado llevar una periodización totalmente individualizada, con sesiones puntuales para reforzarnos en los aspectos anteriormente descritos. También es muy importante tener en cuenta que no somos máquinas, y que la interacción con otras personas nos sacará de los momentos de monotonía y hastío que llegan a veces, tras acumular mesociclos de alta intensidad y/o volumen. 

No hay fórmulas para tod@s.

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