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Emprender o sucumbir

La situación laboral que padecemos desde hace años, atestigua la precariedad de millones de trabajadores en nuestro país. Como observador cotidiano del profundo desnivel que sume en la desdicha económica a un contingente menoscabado, frágil y escaso de recursos para hacer frente a tan desoladoras circunstancias, no escapo a la inquietud de conciencia que la generalizada decepción provoca. Cientos de miles de personas, en muchos casos altamente cualificadas, se enfrentan a la tarea de buscar trabajo dispuestos a aceptar cualquier empleo muy por debajo de sus posibilidades, admitiendo salarios que ya serían bajos en el siglo pasado. En este momento hallar un empleo es el acontecimiento más feliz que puede producirse en la vida de muchos individuos.

No necesitaré explicar que en nuestro sector también se ha propagado esta lacra, desarrollándose la misma paradoja que invade a todo el tejido productivo: ha crecido exponencialmente el número de profesionales bien formados y especializados, mientras el mercado laboral se ha miniaturizado; y no sólo en lo que a cifras de empleo se refiere, también la calidad de este es frecuentemente precaria: contratos de cortísima duración, “minijobs” y salarios que suenan a broma, pero que se aceptan sin rechistar. Esta situación que es considerada por algunos empresarios como idónea, debido al ahorro en costes laborales que supone, adolece en mi opinión de falta de previsión de futuro. No desconozco las dificultades a las que el empresario esta sujeto en las circunstancias actuales, como tampoco reparo en reconocer el mérito que tiene sostener e intentar hacer rentable una empresa, especialmente cuando de una pequeña o mediana empresa se trata. Para las grandes corporaciones internacionales, mantener una situación de mano de obra barata y altas cifras de desempleo, es una situación ideal para su proyección global, pero las pequeñas empresas dependen exclusivamente del consumo interno, no es difícil entender que cuando millones de empleados asalariados perciben sueldos escasos, se hallan sumidos en lo que podemos llamar economía de subsistencia, esto irremediablemente detrae el consumo, y las pequeñas empresas dependientes del nivel de consumo interno, acaban por verse afectadas, y en el peor de los casos se diluyen. No se precisa tener profundos conocimientos de economía para entenderlo, basta con aplicar el sentido común.

Conocer la realidad, por dura que sea, no significa abandonarse al pesimismo. Eso sí, debemos aprender a superar las contrariedades sirviéndonos de nuestros propios recursos; ya lo sé, es difícil, sin embargo esperar a que mejoren las circunstancias por la mera actuación del devenir, puede acabar haciéndonos morir de paciencia. Tal vez emprender sea la única solución posible para algunos; y aun cuando los medios económicos sean limitados, crear una empresa puede ser factible, ¿difícil?, ya lo veremos. 

El principal impedimento que encuentra un trabajador decidido a emprender, es la escasez o ausencia de capital inversor. Sus posibilidades de obtener financiación son mínimas, y en las condiciones actuales completamente nulas, si además se encuentra en situación de desempleo, sus escasas posibilidades se disipan sin más. Pero cuando el mercado laboral no ofrece ninguna perspectiva, la única solución es inventarse el trabajo, es decir, recurrir al autoempleo; y cuando los medios individuales son insuficientes, no queda más remedio que buscar una fórmula colectiva. Recientemente he conocido de primera mano, diversas actuaciones llevadas a cabo por nuevos emprendedores, basadas en el criterio de trabajo asociado. La ventaja que tiene esta modalidad empresarial que conocemos como cooperativa, es que la inversión de cada uno de los componentes que la integran, se reduce sustancialmente por estar repartida entre todos ellos en partes iguales, esto hace que sea una opción asequible cuando se trate de una pequeña empresa que no requiera gran inversión. Trasladado al ámbito del fitness esta es una propuesta viable, todo lo necesario es un grupo de profesionales cualificados y a ser posible con cierta experiencia, un proyecto realista y una orientación bien estudiada. No se precisa una gran instalación, el enfoque correcto para una empresa de pequeña inversión es la especialización. Pensemos, por ejemplo, en un centro exclusivo de entrenamiento personal con 6/8 entrenadores, el equipamiento imprescindible, bien orientado a una clientela específica y un servicio excelente. Con todos estos ingredientes, un pequeño esfuerzo económico y mucha imaginación, salir de la incertidumbre laboral puede ser un hecho, al menos para los más intrépidos y sagaces. Si estáis interesados en el autoempleo y entre emprender o sucumbir elegís la primera opción, podéis encontrar amplia información de los requisitos y trámites para formar una sociedad cooperativa en www.crear-empresa.com

Celebraría haberos proporcionado ayuda o siquiera inspiración.

 

Etiquetas: Gym Factory, Revista, Gestión, Antonio Manzano, Desde el Gimnasio

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