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Intimidación y agresión en la alta competición deportiva

El alto rendimiento deportivo es un medio competitivo donde se entremezcla la intimidación y la agresión. Tales elementos debemos considerarlos a partir de nuestro origen animal.

Los animales compiten y luchan entre sí por una de dos razones: 1.- para establecer dominio en una jerarquía social; y 2.- para hacer valer derechos territoriales. Los deportistas de elite se interesan por ambas vertientes porque han heredado la carga del sistema jerárquico y territorial. Ahora bien, ¿cómo funcionan estos dos elementos - la intimidación y la agresión - y cuales son las normas de comportamiento inherentes a ellos?

Cuando un atleta de elite interviene en una competición esta su honor y prestigio en juego, y se producen en su cuerpo ciertos cambios fisiológicos. El sistema nervioso autónomo se activa en preparación para la acción. Este sistema se compone de dos subsistemas opuestos y compensatorios: el simpático y el parasimpático. El primero  activa y preparar el cuerpo para luchar o huir, y el segundo conserva y restaura las reservas corporales. El primero dice: estás listo para la acción; el segundo dice: tranquilízate y conserva tus energías. En circunstancias normales, el cuerpo escucha las dos voces y mantiene un feliz equilibrio; pero cuando se produce un fuerte impulso de orden competitivo solo escucha al sistema simpático.

Al activarse el simpático, la sangre recibe adrenalina y todo el sistema circulatorio se ve afectado. Aumenta la frecuencia cardiaca, la presión sanguínea, y la sangre es transferida desde la piel y las vísceras hacia los músculos y el cerebro. El nivel de producción de glóbulos rojos asciende rapidamente y el tiempo de coagulación se reduce. Se interrumpe el proceso de digestión, el de almacenamiento de alimentos, y la secrecion de saliva. Cesan los movimientos estómacales, la secreción de jugos gástricos, y la peristálsis intestinal. El colon, el recto, y la vejiga se enlentecen, y se impide su vaciamiento. Los hidratos de carbono son expulsados del hígado y la sangre se carga de glucosa. Hay un aumento masivo de la actividad respiratoria y se activan los mecanismos de termoregulación. Todos estos cambios sirven para preparar al individuo para la competición, eliminando la fatiga y suministrando grandes cantidades de energía para el enfrentamiento deportivo.

La sangre es impulsada a los sitios donde es más necesaria: al cerebro y a los músculos esqueleticos. El incremento de glucosa actua como combustible muscular. La aceleración de la coagulación controla las hemorragias. El suministro de glóbulos rojos por el bazo, en combinación con la creciente velocidad de la circulación sanguínea, incrementa la absorción de oxígeno (O2) y la expulsión de anhídrido carbónico (CO2). El erizamiento de los pelos contribuye a refrescar el cuerpo, lo mismo que el sudor segregado por las glándulas sudoríparas. Así se reducen los peligros de un calentamiento desmedido.

Una vez activados todos los sistemas vitales, el deportista está dispuesto para competir y luchar por una medalla. En algunos de ellos el impulso agresivo lo empuja; mientras que la inhibición del miedo lo retiene. A partir de ahí surge un intenso conflicto interior. Tal conflicto produce un efecto suspensivo: está preparado para el combate, pero aun no totalmente dispuesto a iniciarlo. Si, en este estado, ofrece un aspecto lo bastante intimidatorio para su rival, y éste se deja intimidar, habrá conseguido una ventaja inicial.

Tales tácticas funcionan relativamente bien pero también crean algunos problemas. Que sucede si el oponente se retira o se inhibe por el miedo, y presenta nula o muy poca competitividad? ¿Cómo se inactiva el sistema nervioso autonomo después de haberse activado al maximo? ¿Qué sucede a continuacion?

Si el combate físico se realiza la activación masiva del sistema nervioso simpático esta justificada. Se quemaría la energía y, en definitiva, el sistema parasimpático gradualmente restablecería el estado de calma. Pero en el tenso e indefinido estado de conflicto entre la agresión y la calma, todo queda en suspenso. Como resultado, el sistema parasimpático replica fuertemente, y la actividad autonómica oscila de un estado a otro. 

En tal caso, la sequedad de boca puede dar paso a una excesiva salivación; los intestinos se relajan y se produce una inesperada defecación; la orina retenida puede verterse copiosamente; la palidez cutanea puede convertirse en un intenso enrojecimiento, y viceversa; la respiración rápida y profunda puede interrumpirse de modo dramático y ser remplazada por jadeos y suspiros. Todo corresponde al intento del sistema parasimpático para contrarrestar los efectos del simpático.

En circunstancias normales, sería imposible que se produjesen reacciones intensas y simultaneas en ambas direcciones, pero en condiciones extremas de alta competicion, todo se sale momentáneamente de su cauce. Todo lo que hasta ahora ha realizado el sistema autonomico fue preparar el cuerpo para la acción.

Existen señales de inferioridad por parte de quien se encuentra en inferioridad de condiciones cuando su posición se tornado insostenible. En ocasiones, se ve forzado a indicar a su oponente que no desea continuar. exclamando: “No va mas!” como le sucedió a Roberto Duran el 25 de Noviembre del año 1980 en un combate de boxeo contra Sugar Ray Leonard.

Es difícil – pero no imposible – engañar o mentir en los hábitos de comportamiento competitivo mencionados. Tales maniobras suelen fracasar si sabemos leer el lenguaje corporal y no prestamos atención al contenido verbal. El individuo mentiroso, para su sorpresa, no sabe que su lenguaje corporal le delata. Los más hábiles son aquellos que, en vez de intentar alterar las señales específicas, se imaginan hallarse en el estado de ánimo que desean aparentar, y dejan que los pequeños detalles se expresen por sí solos.

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