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El ejercicio físico retrasa 10 años el deterioro de las funciones cognitivas

Dos nuevos estudios realizados sobre una amplia y diversa población de los Estados Unidos han concluido en que la combinación de buena salud cardiovascular y el ejercicio físico pueden aumentar el volumen cerebral y retrasar el deterioro cognitivo en personas mayores.

Estos hallazgos provienen de estudios son conocidos como NOMAS y fueron realizados en el Norte de la Isla de Manhattan, EE.UU. Los hallazgos corresponden a un estudio prospectivo específicamente diseñado para evaluar los efectos de varios factores de riesgo en la incidencia de accidentes cerebrovasculares sobre diversas etnias. 

A posteriori, un numero de investigadores de la Universidad de Miami, (Florida), y la Universidad de Columbia (Nueva York), examinaron e integraron los datos provenientes de diversos factores de riesgo y la forma en que a posteriori se relacionan con las funciones cognitivas.

Los individuos entre 60 y 70 años de edad que acumulaban bajos volúmenes e intensidades de actividad física en su tiempo libre, demostraron poseer un mayor deterioro cognitivo cuando se les volvió a evaluar varios años después. En contraposición, los individuos que realizaban ejercicio a un nivel moderado o intenso mantenían sus funciones cognitivas dentro de los parámetros funcionales. La diferencia media en el deterioro cognitivo entre ambos grupos – poca intensidad de ejercicio y alta intensidad de ejercicio - fue comparable a 10 años de envejecimiento.

El estudio dejo claro que para las personas mayores, realizar ejercicios relativamente intensos de manera regular, puede ayudarles a mantener sus funciones cognitivas en buen funcionamiento considerablemente más tiempo de lo esperado. Para pertenecer al grupo que realizan actividad física de mediana o alta intensidad, una persona debe esforzarse físicamente, es decir, debe someterse a una forma de actividad que eleve sustancialmente su ritmo cardíaco durante unos pocos minutos varias veces a la semana. Quizás lo mas importante de estos estudios es que los efectos anti-involución cognitiva del ejercicio físico han demostrado ser validos para personas de todas las etnias.

Adicionalmente a los datos arrojados por estos estudios, otro estudio realizado por la Asociación Americana del Corazón (American Heart Society o AHA) ha determinado la presencia de siete factores que inciden directamente sobre la salud cardiovascular: 1.- evitación del tabaco; 2.- niveles ideales de peso corporal y porcentaje de grasa; 3.- actividad física regular; 4.- una dieta equilibrada y saludable; 5.- presión arterial dentro de limites aceptables; 6.- niveles de colesterol dentro de limites aceptables;  y 7.- niveles aceptables de glucosa en sangre.

Los resultados obtenidos también sugieren que los individuos que reúnen la mayor cantidad de estos siete indicadores de salud cardiovascular también sufren un menor deterioro cognitivo con el paso de los años. Este enlentecimiento del deterioro se observo especialmente en la velocidad de procesamiento de datos, las funciones ejecutivas, y la memoria episódica.

Estos lo anterior sugiere que una menor carga de factores de riesgo vascular puede traducirse en un mejor y más lento deterioro cognitivo a lo largo de los años. Si bien todos estos hechos ya han sido sugeridos hace varios años, esta es la primera vez que tales datos han sido demostrado como validos dentro del contexto de los objetivos de la AHA para optimizar la salud cardiovascular. Además, se suma a la evidencia acumulada, que cuidando de nuestra salud cardiovascular también se beneficia nuestra salud cognitiva a largo plazo.

Los resultados mostraron que, después de analizar los factores sociodemográficos, los  factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares, y los hallazgos de resonancia magnética, los bajos niveles de actividad física siempre se asociaban con una peor función ejecutiva cerebral, una menor memoria semántica, y un claro enlentecimiento en la capacidad y velocidad del proceso cognitivo en general.

Todo lo anterior apunta a que el aumento de la actividad física – incluso en intensidad - es un componente terapéutico valido para retrasar el deterioro cognitivo a medida que se produce el envejecimiento. Además, constituye un objetivo altamente atractivo para disminuir la carga económica de salud pública. Especialmente por su bajo costo, ausencia de interacción con los medicamentos, y múltiples beneficios adicionales para la salud. Todo ello subraya la importancia de tener bajo control los siete factores implicados.

Esta claro que a medida que la población mundial envejece, el número de personas en riesgo de deterioro cognitivo va en aumento. Por lo tanto, las implicaciones para la salud pública de cara a la orientación de estos factores de riesgo – que son tan controlables como modificables - son sustanciales.

Finalmente, estudios recientes han demostrado que la cantidad de calorías quemadas semanalmente mediante cualquier tipo de actividad física favorece significativamente el incremento del volumen cerebral y específicamente disminuye el riesgo de contraer la enfermedad de Alzheimer. Y todo ello independiente del estatus cognitivo actual de la persona.

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