Puede que, en tiempos de acumulación de Órdenes Ministeriales, Decretos, Protocolos y Recomendaciones emitidas por las autoridades competentes, nos estemos haciendo más conscientes de la necesidad de reaprender a formar parte de un grupo, o de varios, como es habitual en las sociedades actuales.

Mientras seguimos valorando el compromiso de diferentes colectivos ejemplares en estas complicadas circunstancias, las y los profesionales de la actividad física y del deporte, hemos de participar en este inédito “return to play”, demostrando una vez más los beneficios que aportamos a la población que nos rodea y de la cual formamos parte.

En este partido en el que se van alterando periódicamente las reglas de juego nos encontramos entre otros documentos de referencia con el BOCM número 149, del 20 de junio de 2020, que nos advierte de varias normas a seguir “hasta que la situación epidemiológica lo aconseje”.

Algunos ejemplos de “la nueva normalidad” suponen evitar actividades de contacto como las artes marciales y deportes como el boxeo, o no compartir ningún material, de modo que si esto no fuera posible deba reforzarse un servicio de limpieza y desinfección continuado después de cada uso.

Compartir alimentos o bebidas entre compañeras de entrenamiento, así como la utilización de fuentes de agua, por el momento no será posible. Tampoco lo serán las duchas sin mampara de separación o los secadores de manos y de pelo, que quedan inhabilitados en unos centros deportivos en los que la ocupación de los vestuarios se limitará al número de personas que permita garantizar el respeto de la distancia mínima interpersonal de al menos 1,5 metros, al igual que ocurre en los accesos, salidas o circulaciones por dichas instalaciones.

El entorno “anti-COVID” en el que nos desenvolvemos se ha inundado de cartelería y mensajes de megafonía que nos advierten de la obligatoriedad de cumplir con unas medidas de higiene y seguridad, que, partiendo del uso de la mascarilla, llegan a condicionar la cercanía o lejanía física, según se mire, entre monitores o preparadores y usuarios o clientes.

Esta serie de anomalías alcanza también al cupo de participantes en actividades colectivas, reduciendo el número del alumnado por grupo hasta 25 personas en espacios cerrados, y quedando como límite hasta un máximo del 75 por ciento del cupo habitual anterior a la aparición del virus.

Sin duda el día a día, lo ordinario, está cambiando, y aunque un filósofo como Antonio Marina afirme que “el miedo es el gran educador de la humanidad”, podemos matizar sus palabras apelando a la prudencia, la disciplina y al entendimiento de una realidad cambiante, ya que por mucho que los recursos que vamos implementando, sobre el papel, parezcan oportunos, sus auténticos resultados pasan inexorablemente por la puesta en marcha de las recientes pautas de comportamiento social.

Es evidente que las costumbres son más fuertes que las leyes y quizá sea el momento de cuestionarnos qué futuro queremos para nuestro sector y cuánto estamos dispuestos a apostar por cuidarnos mutuamente. En este sentido, saliendo de la comodidad de lo ya conocido, para reinventar los servicios que estábamos prestando a la ciudadanía, los gestores del deporte hemos de reflexionar acerca de las disciplinas que presentan más o menos riesgos de contagio, respondiendo a este envite con creatividad y valorando entre otras opciones las posibilidades que ofrecen tanto los espacios al aire libre, como la vía on line y las nuevas tecnologías. 

En un mundo, probablemente, más volátil que nunca, nos serán de gran utilidad los microscopios y los macroscopios, los análisis retrospectivos y los prospectivos, para huir de la inmediatez y del individualismo, y albergarnos en decisiones y acciones colectivas, deliberadas y puestas en práctica con la mayor cautela posible, sabiendo que pocas circunstancias son absolutas o definitivas.

Son tiempos difíciles para deportes de base como el baloncesto, el rugby o el waterpolo, ya que miles de personas se verán privadas de la práctica de su actividad favorita con amigos y amigas, al menos como lo hacían hasta “hace dos días”, cuando disfrutaban tanto de “pachanguitas” como de partidos “en la cumbre”. Previsiblemente, alguien dejará de hacer ejercicio, pero serán los mínimos. La mayoría, simplemente, cambiará de disciplina. ¿Por qué? Porque el ser humano es movimiento.

Es momento de continuar entrenando y desarrollando la fuerza. En este caso, será pertinente trabajar prioritariamente nuestra fuerza de voluntad, para asumir que un aspecto imprescindible de las normas es su aceptación. De nada sirve construir pautas de convivencia si no son respetadas, o si nos las tomamos a la ligera cuando se trata de algo tan esencial como la salud pública.

Cada etapa de la humanidad va dejando diversas huellas en sus miembros. Sabiendo que lo que nos está pasando va a pasar tarde o temprano, veremos cuál es la esencia que se impregna en nosotros y la herencia que regalaremos a las próximas generaciones. En un futuro no muy lejano comprobaremos si hemos aprendido algo y sobre todo si lo hemos sabido aplicar adecuadamente, mientras nada para. 

JOSÉ LUIS CARRASCO CAJIDE
Vocal de COPLEF Madrid
Colegiado nº 58687

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