El bueno y el malo, la luz y la oscuridad, el cielo y el infierno. La dualidad nos acompaña desde siempre: El bien tiene su opuesto en el mal, que lo complementa y le da sentido. No existe el día sin la noche. No podemos entender el uno sin el otro.

Del latín “dualĭtas”, el término “dualidad” señala la existencia de dos fenómenos o caracteres diferentes en una misma persona o en un mismo estado de cosas. La filosofía china apela a la noción del yin y el yang para resumir la dualidad de todo aquello que existe en el universo. Esta idea puede aplicarse a cualquier situación, objeto o proyecto, ya que podría explicarse en la premisa que sostiene que en todo lo bueno hay algo malo y viceversa.

Se trata de dos estados opuestos que no están en contradicción, sino que se complementan y dependen el uno del otro. Lo uno no quiere imponerse sobre lo otro, sino que coexisten en equilibrio. No hay superhéroe sin malvado contra el que luchar. No hay Peter Pan sin Garfio, ambos se necesitan y cobran sentido y protagonismo desde esa dualidad inseparable.

Siempre que vamos a tomar una decisión aparecen ellos…los ángeles y los demonios. El ángel representa la conciencia y está normalmente acompañado de un demonio que representa la tentación. Estos personajes son útiles para mostrar los conflictos internos de una persona. Por lo general, el ángel se representa en el hombro derecho y el demonio en el izquierdo, dado que el lado izquierdo generalmente representa impureza o deshonestidad.

Pero podríamos cuestionarnos si realmente uno es el bueno y el otro el malo. Si aceptamos la conexión y complementariedad que se da en toda dualidad, es posible que veamos la necesidad de “escuchar” a ambos, para poder tomar decisiones acertadas. Desde este punto de vista, el demonio cuestiona lo lógico, aporta la locura, la rebeldía y la osadía. El ángel es la prudencia, aporta reflexión, análisis pormenorizado, templanza y visión estratégica.

El demonio es el “cachondo” del equipo. Se ríe de todo y de sí mismo. Se ha demostrado que el humor aumenta la comunicación interpersonal y la cohesión del equipo. Es recomendable para afrontar situaciones complejas y al hacerlo todo más divertido se convierte en un vehículo ideal para la fidelización de clientes. El ángel mide el alcance de las acciones, dimensiona las consecuencias y ayuda a alinear servicios y necesidades. Está orientado a satisfacer los intereses y dar respuesta meditada a nuestras inquietudes.

Ángel y demonio son la plasmación de lo emocional y lo racional. Todos tenemos dos mentes, una que piensa y otra que siente. Una es la racional y la otra la emocional. Suele darse un equilibrio entre ambas, porque la emoción alimenta y da forma a la mente racional, y ésta, ajusta y censura las decisiones de las emociones.

Las emociones son indispensables en la toma racional de decisiones, porque nos orientan en la dirección adecuada para sacar el mejor provecho a las posibilidades que se nos plantean desde un punto de vista meramente lógico. La toma de decisiones acertadas depende del equilibrio emocional, integrando la razón y la emoción. Las personas con capacidad para obtener ese equilibrio despliegan inteligencia emocional. De nuevo la dualidad se muestra necesaria.

La pregunta clave es ¿qué ocurriría si se desconectara nuestro cerebro emocional de nuestro cerebro racional? Si gestionáramos solo desde lo racional o solo desde lo emocional. Parece que la respuesta a esta pregunta la obtuvieron los investigadores del caso de Phineas Gage, quien en 1848 tuvo un accidente mientras construían una línea férrea en Estados Unidos. Recibió un impacto de una barra de hierro que penetró en su mejilla izquierda y atravesó la parte frontal de su cráneo, provocando una desconexión entre su cerebro emocional y racional, que lo convirtió en otro hombre, una persona sin racionalidad, sin sentido común, sin disciplina, dominado por las emociones, sin vergüenza, abrupto e impulsivo. Quedó demostrado que cuando la parte racional y emocional del cerebro se desconectan funcionalmente, predomina el comportamiento emocional y la razón pierde capacidad para controlar la conducta.

El gestor deportivo ha de descubrir el potencial que irradia el juego coordinado de ambas caras de la moneda, con la finalidad principal de reforzar la relación que mantiene con el triángulo formado por sus trabajadores, el servicio deportivo que presta y sus clientes. Una visión integral de nuestro negocio requiere hacer ese esfuerzo.

El intelecto no puede funcionar adecuadamente sin que intervenga la inteligencia emocional, y exista una complementación entre el sistema límbico y el neocórtex, entre la amígdala y los lóbulos prefrontales, …entre ángeles y demonios.

El lado oscuro, el emocional, nos puede ayudar a:

  • Flexibilizar la resistencia al cambio;
  • Explorar lo nuevo;
  • Aprender del futuro;
  • Separar los sueños de los deseos;
  • Hacer las cosas más fáciles y divertidas.

La luz, lo racional, aporta:

  • Respeto de los valores;
  • Análisis y planificación;
  • Aproximación al Big Data;
  • Hacer las cosas argumentadas y consistentes.

Si como yo, crees en ángeles y demonios, no rechazas a ninguno de ellos, escúchalos en conjunto y aprovecha sus aprendizajes. Si aceptas este símil entre ángeles y demonios, entre lo racional y lo emocional, deberás tener a todos en cuenta. Es el momento de decisiones meditadas emocionales.

“Si quieres vivir una vida equilibrada, debes admitir que la naturaleza humana es yin y yang, día y noche, amor y odio, no puedes rechazarla. Se trata de abrazarlo y celebrar el hecho de que somos débiles, y de eso emerge un gran poder” (Adam Darsky).

Vicente Javaloyes Sanchis

Profesor titular INEFC

GISEAFE – Grupo de Investigación Social y Educativa de la Actividad Física y el Deporte

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