El inicio de una nueva temporada en los gimnasios, tras el parón de las vacaciones estivales, supone un momento crítico en la gestión de la seguridad. La afluencia de usuarios suele aumentar de manera significativa, muchos de ellos regresando a la práctica deportiva después de semanas de inactividad física. Esta circunstancia eleva la probabilidad de incidentes, tanto en lo referente a lesiones personales como en lo relativo al funcionamiento de las instalaciones y al uso de los equipos. La planificación preventiva y la puesta en marcha de medidas de seguridad específicas permiten reducir riesgos y garantizar que la vuelta a la actividad deportiva se desarrolle en condiciones óptimas, incluidas las de accesibilidad a las diferentes instalaciones y servicios.
El marco normativo que regula la seguridad en gimnasios es amplio y abarca diferentes niveles. Desde la normativa estatal y autonómica sobre instalaciones deportivas hasta la legislación en materia de prevención de riesgos laborales y seguridad contra incendios, los gestores deben tener en cuenta múltiples referencias legales. Asimismo, resultan de aplicación normas UNE-EN específicas, como la UNE-EN 957 sobre equipos de entrenamiento fijo, que establecen requisitos de fabricación y uso de las máquinas cardiovasculares y de musculación. A todo ello se suman disposiciones de carácter transversal, como la Ley 19/2007 y su desarrollo en el Real Decreto 203/2010, orientadas principalmente a la lucha contra la violencia y la intolerancia en el deporte y que, aunque su ámbito objetivo de aplicación son las competiciones deportivas oficiales de ámbito estatal, que se organicen por entidades deportivas en el marco de la Ley del Deporte, o aquellas otras organizadas o autorizadas por las federaciones deportivas española, suponen un referente respecto a la necesidad de garantizar entornos seguros y ordenados, entre ellos los delos gimnasios.
Entre los riesgos más frecuentes que aparecen al inicio de temporada destaca, en primer lugar, el incremento de lesiones físicas derivadas de la falta de adaptación progresiva al ejercicio tras un periodo de inactividad. A ello se añaden los riesgos técnicos vinculados al equipamiento deportivo, que puede haber sufrido desgaste o deterioro por falta de uso durante el verano, así como los riesgos derivados de la infraestructura, como fallos en sistemas eléctricos, climatización o pavimentos en mal estado. Otro aspecto crítico es la gestión del aforo, ya que la alta demanda en horarios punta puede provocar saturación de espacios, dificultar la evacuación en caso de emergencia y generar situaciones de estrés para el personal. Finalmente, no deben olvidarse los riesgos higiénico-sanitarios relacionados con la limpieza y desinfección de vestuarios, duchas y zonas comunes, cuya importancia se ha visto reforzada en los últimos años por la mayor sensibilización social hacia la salud pública.
A estos factores se añaden los riesgos laborales que afectan a los distintos perfiles profesionales presentes en un gimnasio. Los técnicos deportivos están expuestos a riesgos derivados de la manipulación de cargas al recolocar material, a lesiones musculoesqueléticas por posturas prolongadas al impartir clases, así como a riesgos psicosociales asociados a la atención simultánea de múltiples usuarios. El personal administrativo, por su parte, afronta riesgos ergonómicos vinculados al uso continuado de pantallas de visualización de datos, posturas sedentarias y fatiga visual, además de riesgos derivados de la interacción con el público, que pueden generar episodios de tensión o conflicto. El personal de mantenimiento y limpieza se enfrenta a riesgos de carácter físico y químico, derivados del uso de productos de limpieza, contacto con superficies resbaladizas y manipulación de equipos eléctricos o mecánicos. Por último, los puestos de gestión y dirección no están exentos de riesgos, especialmente los psicosociales relacionados con la responsabilidad en la toma de decisiones, la presión por resultados y la necesidad de coordinar equipos en situaciones de alta demanda.
En esta época del año deben considerarse además los riesgos derivados de las condiciones meteorológicas y de la climatización de los espacios cerrados. La llegada del otoño y el invierno obliga a un uso intensivo de sistemas de calefacción, aire acondicionado mediante bombas de calor y ventilación mecánica, con el fin de garantizar el confort térmico en salas con alta ocupación. No obstante, un mal mantenimiento de estos sistemas puede generar riesgos eléctricos, incendios o una ventilación deficiente que favorezca la acumulación de CO₂ y la propagación de agentes patógenos. Por ello resulta imprescindible la revisión periódica de calderas, bombas de calor y equipos de ventilación, asegurando la renovación adecuada del aire y la compatibilidad entre el ahorro energético y la protección de la salud de los usuarios y trabajadores.
Otro riesgo estacional que no debe pasarse por alto es el de las inundaciones provocadas por las DANAs (depresiones aisladas en niveles altos), especialmente frecuentes en los meses de septiembre, octubre y noviembre. Los gimnasios situados en zonas inundables o con sótanos, almacenes o aparcamientos subterráneos son especialmente vulnerables a este fenómeno meteorológico. El impacto puede afectar tanto a la seguridad de los usuarios y trabajadores como a la integridad de los equipos y la infraestructura. La planificación de medidas de contingencia, como la protección de cuadros eléctricos, la instalación de sistemas de bombeo de emergencia, la identificación de rutas de evacuación alternativas y la contratación de coberturas específicas en los seguros, resulta esencial para mitigar los efectos de estos episodios.
Mención especial y destacada, es la revisión del cumplimiento de la protección de datos personales y derechos digitales, de acuerdo con las últimas disposiciones al respecto, y la protección contra ciberataques.
Para mitigar todos estos riesgos, resulta imprescindible poner en marcha un Plan de medidas preventivas que combine aspectos técnicos, organizativos y formativos. En el plano técnico, las revisiones periódicas de máquinas cardiovasculares y de musculación son esenciales, asegurando que los sistemas de frenado, cables y estructuras se encuentren en perfecto estado. De igual modo, es necesario verificar el funcionamiento de los sistemas de climatización y ventilación, así como la operatividad de los dispositivos de seguridad contra incendios, desde los extintores hasta la señalización y la iluminación de emergencia. Estas medidas deben complementarse con protocolos organizativos que contemplen la actualización de los planes de evacuación, la señalización clara de rutas de salida, incluyendo la evacuación accesible, el control de accesos y la gestión de aforos. Asimismo, se recomienda revisar y actualizar periódicamente los planes de gestión de riesgos conforme a estándares reconocidos como la Norma UNE-ISO 21502 o la Guía de Fundamentos para la Dirección de Proyectos.
En relación con los trabajadores, resulta esencial que cada categoría profesional disponga de medidas preventivas adaptadas a su función. La ergonomía en los puestos administrativos, la formación en manipulación de cargas y primeros auxilios para los técnicos deportivos, el suministro de equipos de protección individual para el personal de mantenimiento y limpieza, y los programas de prevención de riesgos psicosociales para los cargos de dirección deben integrarse en la gestión habitual del gimnasio. De este modo, la seguridad se entiende no solo como un requisito para los usuarios, sino como un compromiso integral con la salud laboral de todo el personal implicado en la actividad.
Las medidas higiénico-sanitarias constituyen otro eje prioritario. Al inicio de temporada conviene reforzar los protocolos de limpieza en vestuarios, aseos y zonas comunes, intensificar la desinfección de materiales compartidos como colchonetas, mancuernas y barras, y garantizar el control de la calidad del agua en piscinas y spas. Paralelamente, debe prestarse especial atención a la prevención de lesiones mediante acciones informativas dirigidas a los socios. Campañas de sensibilización que recuerden la importancia de retomar la actividad de manera progresiva, el fomento de revisiones médicas preventivas y la presencia de técnicos cualificados para supervisar y corregir ejercicios, constituyen medidas de gran valor para reducir la siniestralidad.
En conclusión, la seguridad en los gimnasios al inicio de la temporada no puede entenderse únicamente como un requisito normativo, sino como un elemento estratégico en la gestión de la instalación. La anticipación a los riesgos y la implantación de medidas preventivas técnicas, organizativas, higiénico-sanitarias, climatológicas y laborales suponen una oportunidad para fortalecer la confianza de los usuarios y garantizar entornos de trabajo saludables para todo el personal. Integrar estas prácticas en la cultura organizativa del gimnasio no solo reduce la exposición a incidentes, sino que contribuye a posicionar la instalación como un referente de calidad, responsabilidad y bienestar.
José Luis Gómez Calvo
Analista de riesgos.
Experto en seguridad de instalaciones y actividades deportivas.



