Este emblemático edificio fue construido en 1953 y en estos momentos lleva ya 18 años cerrado. La autorización del Ayuntamiento permitirá a una cadena de gimnasios su reapertura, en venta o alquiler. El edificio cuenta con 2.300m2, de los cuales 730m2 están ubicados en la planta baja, 580m2 de anfiteatro y 450m2 de sótano, además de otros 540m2 de oficinas.
La inversión del Trianón será importante, ya que el edificio se encuentra muy deteriorado y necesitará una rehabilitación total. Al ser un edificio protegido, tendrán que respetarse la fachada y partes del interior.
Los propietarios del edificio lo pusieron a la venta en 2007 por 4,6 millones de euros, pero no consiguieron compradores, tras lo que solicitaron un cambio de actividad fuera del entorno cultural. En principio, la actividad del Trianón fue la de sala de cine, con una capacidad de 1.250 butacas, pero acabó convirtiéndose en discoteca en el año 1.986 y más tarde, en un parque para celebraciones infantiles.
Los propietarios del Trianón también intentaron conseguir los permisos para el cambio de actividad como hotel, galería comercial, sala de fiestas, salón de banquetes, etc… pero todos fueron rechazados por la Comisión Territorial de Patrimonio y el mismo Ayuntamiento. La puntilla, no obstante, se la dio en 2015 la Asociación de Amigos de los Teatros Históricos de España, incluyendo el edificio en el listado de “teatros en riesgo”.
Sin embargo, en estos últimos años se han dado importantes pasos destinados a su puesta en valor, en especial la modificación realizada en el Plan General de Ordenación Urbana (junto con otros edificios de León) que amplió los usos admitidos en la parcela (antes limitados exclusivamente a socio-cultural, y que ahora se extienden también a deportivo, hotelero, comercial, hostelero o una combinación de todos ellos).
El edificio es un clásico exponente de arquitectura situacionista del Ensanche de León. Situado en la esquina de la calle Ramón y Cajal, 23 y la calle La Torre, enfrente de la torre de la Colegiata de San Isidoro, lo que condicionó su diseño resolviéndose el acceso mediante una entrada principal en la propia esquina. La sala estaba proyectada para 1.250 espectadores, con un anfiteatro al que se accedía por una escalera a la imperial, ubicada en el vértice en el que se produce el acceso. La cubierta se resolvió con cerchas metálicas y tenía una cúpula decorada con frescos y unas vidrieras en el hall.
En la rehabilitación realizada en los años 1986 a 1989 para su reconversión a discoteca se realizaron movimientos de tierras, aumentando la superficie de los sótanos y aprovechando para reforzar la cimentación.



