Un estudio reciente ha demostrado que mantener una buena condición cardiorrespiratoria (CRF, por sus siglas en inglés) podría reducir significativamente el riesgo de desarrollar demencia, incluso en individuos con predisposición genética. La investigación, publicada en el British Journal of Sports Medicine, evaluó a 61.214 participantes de entre 39 y 70 años a lo largo de 12 años.
Los resultados indicaron que las personas con altos niveles de CRF tenían un 35% menos de probabilidades de desarrollar demencia en comparación con aquellas con niveles bajos. Además, se observó que una mejor CRF retrasaba la aparición de la demencia en aproximadamente 1.5 años. La condición cardiorrespiratoria de los participantes se midió mediante una prueba de bicicleta estática, y se comprobó que estaba asociada a mejores resultados cognitivos, independientemente de otros factores genéticos. Los autores del estudio destacan que, aunque la evidencia es sólida, los hallazgos son de naturaleza observacional, por lo que no se puede establecer una relación causal definitiva.
¿Cuáles son las estrategias para mejorar la condición cardiorrespiratoria?
- Ejercicio aeróbico regular
– Actividades como caminar rápido, correr, nadar, bailar o andar en bicicleta son recomendadas para mejorar la resistencia cardiovascular.
– Se sugiere cumplir con al menos 150 minutos de ejercicio moderado o 75 minutos de actividad intensa por semana, según lo recomendado por la OMS. - Entrenamientos interválicos de alta intensidad (HIIT)
– Combinar periodos de alta intensidad con descansos cortos puede incrementar la CRF de forma eficiente.
– Un ejemplo sería realizar 30 segundos de sprints seguidos de un minuto de caminata, repitiendo el ciclo varias veces. - Fortalecimiento muscular
– Complementar el ejercicio aeróbico con actividades de fuerza ayuda a optimizar el uso de oxígeno en el cuerpo, lo que impacta positivamente en la CRF. - Estilo de vida activo
– Reducir el tiempo sedentario con acciones como tomar escaleras en lugar de elevadores, caminar distancias cortas en lugar de conducir o realizar pausas activas durante el día. - Hábitos alimenticios y de vida saludables
– Consumir una dieta equilibrada con carbohidratos saludables, proteínas magras y grasas saludables.
– Evitar el tabaquismo y reducir el consumo de alcohol, ya que ambos afectan negativamente la capacidad cardiovascular. - Monitoreo del progreso
– Realizar pruebas simples como caminar o correr una distancia específica, registrando tiempo y frecuencia cardíaca, para medir avances.
Adoptar estas prácticas de manera constante no solo mejora la salud general, sino que también contribuye a la prevención de enfermedades crónicas como la demencia. Para una orientación personalizada, se recomienda consultar con entrenadores certificados o fisioterapeutas.



