El ejercicio físico, en especial el entrenamiento de fuerza con altas resistencias, combinado con suplementación funcional, ha demostrado ser una de las estrategias más eficaces para transformar el bienestar integral de las personas mayores. Esta es una de las principales conclusiones del V Seminario Académico ‘Bienestar emocional y calidad de vida en la nueva longevidad’, organizado por el Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación MAPFRE y la Universidad Carlos III de Madrid.
Durante el evento, el profesor Juan Colado, de la Universidad de Valencia, presentó los resultados del macroproyecto científico NEUROAGE, que demuestra cómo este tipo de entrenamiento, accesible a través de bandas elásticas, puede mejorar de forma significativa el estado de ánimo, la funcionalidad física y la cognición en la edad avanzada.
“Entrenar la fuerza en la madurez no solo es posible, sino también transformador”, afirmó Colado. “Hemos comprobado que combinar actividad física intensa y accesible con suplementación nutricional puede ayudar a las personas mayores a vivir más y mejor”.
A esta visión se sumó Ana María Fernández Araque, profesora de la Universidad de Valladolid, quien explicó el impacto del polimorfismo genético en la fuerza muscular y la calidad de vida.
“Este hallazgo no solo destaca la importancia de la genética en el envejecimiento saludable, sino que también pone en valor el papel de la multidisciplinariedad en la investigación traslacional”, afirmó. “En un contexto de aumento de la longevidad, integrar la genética en los cuidados y políticas de salud pública puede marcar la diferencia entre envejecer simplemente o envejecer con calidad”.
Además del foco en el ejercicio físico y la salud genética, el Seminario abordó otros pilares del bienestar emocional en la nueva longevidad. El filósofo José Antonio Marina abrió el encuentro con una reflexión sobre el envejecimiento, diferenciando entre su dimensión orgánica y su dimensión cultural.
“Cada sociedad inventa un modelo de vejez al que se supone que todos deben amoldarse, y eso es falso; cada persona debe preparar su propia senectud”, destacó. También subrayó la importancia de “mantener abiertos todos los canales de comunicación posibles” como herramienta esencial para combatir la soledad.
Para Marina, la felicidad en todas las etapas de la vida se basa en armonizar tres grandes necesidades: vivir confortablemente, mantener relaciones afectivas satisfactorias y ampliar al máximo las posibilidades de acción. “El talento en cada edad consiste en satisfacerlas de la mejor manera posible, con los recursos disponibles”, explicó. En este sentido, trabaja en desarrollar una “pedagogía de la senectud” para ayudar a cada persona a reconocer y expandir sus recursos físicos, sociales y mentales.
El evento contó con la participación de Rosa Martínez Rodríguez, secretaria de Estado de Derechos Sociales; Ximo Puig, embajador de España ante la OCDE; y Juan Fernández Palacios, director del Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación MAPFRE, creado en 2020 para estudiar las oportunidades vinculadas al talento sénior, la longevidad, la economía plateada y un colectivo que representa ya más de 15 millones de personas en España, el 26% del PIB y el 60% del consumo nacional.
Otro de los grandes temas del seminario fue el papel de la tecnología en el bienestar de las personas mayores. Marian García-Prieto, CEO de ia4life i+d, destacó cómo la Inteligencia Artificial y el Internet de las Cosas permiten mejorar sustancialmente el cuidado y acompañamiento de personas mayores, especialmente aquellas que viven solas en entornos rurales.
“El uso de la tecnología proporciona acompañamiento, seguridad e independencia, y a la vez tranquilidad a las familias, facilitando la conciliación”, apuntó.
En la misma línea, Sara Doménech Pou, investigadora de la Fundació Salut de l’Envelliment de la Universidad Autónoma de Barcelona, presentó un estudio reciente sobre el uso de robots sociales en residencias, revelando que su interacción fomenta la comunicación y la participación en actividades grupales.
“Son una herramienta efectiva para abordar la soledad no deseada”, concluyó.
Por último, Eduard Minobes, de la Universitat de Vic, presentó el proyecto Vivir Mejor en Casa, enfocado en mejorar la calidad de vida de personas mayores en situación de dependencia mediante la permanencia en el hogar y la comunidad.
“Los resultados sugieren que la intervención mejoró la calidad de vida de los participantes, incluso en contextos de deterioro de salud. Subraya la necesidad de personalizar las intervenciones y formar adecuadamente a los cuidadores”, explicó.
Este Seminario ha vuelto a poner de relieve que la longevidad no es solo una cuestión de años, sino de calidad de vida. Y que el ejercicio físico, junto con la innovación tecnológica, el cuidado emocional y la investigación científica, son claves para construir un nuevo modelo de envejecimiento activo, autónomo y saludable.



