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La demanda contra Alo Yoga reabre el debate sobre discriminación por edad y derechos laborales en el sector del fitness

La demanda contra Alo Yoga reabre el debate sobre discriminación por edad y derechos laborales en el sector del fitness

La reciente demanda presentada contra Alo Yoga por parte de una de sus antiguas instructoras estrella no es solo un caso aislado: expone un problema creciente en la industria del fitness y el bienestar. Más allá de la estética y la edad, el proceso pone sobre la mesa la precariedad contractual de muchos instructores que desarrollan su labor bajo condiciones poco claras. Pasamos del mantra ‘uno es tan joven como se sienta’ a enfrentarse a demandas legales. Si una marca comienza a decidir quién encaja en su estética según la edad, está bailando con fuego. Hoy es la edad, mañana, quién sabe qué más entra en esa ‘estética’: ¿la longitud del cabello? ¿El número de seguidores? Nada bueno.

La reciente demanda presentada contra Alo Yoga por parte de una de sus antiguas instructoras estrella no es solo un caso aislado: expone un problema creciente en la industria del fitness y el bienestar. Más allá de la estética y la edad, el proceso pone sobre la mesa la precariedad contractual de muchos instructores que desarrollan su labor bajo condiciones poco claras. Pasamos del mantra ‘uno es tan joven como se sienta’ a enfrentarse a demandas legales. Si una marca comienza a decidir quién encaja en su estética según la edad, está bailando con fuego. Hoy es la edad, mañana, quién sabe qué más entra en esa ‘estética’: ¿la longitud del cabello? ¿El número de seguidores? Nada bueno.

El caso ha ganado notoriedad tras conocerse que la profesora de yoga Briohny Smyth, de 42 años, que durante más de siete años fue una de las instructoras estrella de Alo Yoga, ha presentado una demanda por discriminación por edad ante el Tribunal Superior del Condado de Los Ángeles. La denuncia fue registrada el 25 de agosto de 2025. Alo Yoga ha declarado que las acusaciones carecen de fundamento y que se defenderá en los tribunales.

Smyth alega que, tras cumplir los 41 años, la marca empezó a reducir su presencia, eliminar bonificaciones, recortar su compensación y hasta retirarle la ropa gratuita, bajo el argumento de que ‘ya no encajaba con la estética Alo’, a pesar de seguir contando con una audiencia sólida en sus vídeos. Además, sostiene que la empresa la clasificó erróneamente como contratista independiente, cuando en la práctica ejercía funciones propias de una empleada: se le exigía control creativo (ropa, estilo, guiones), asistir a llamadas de planificación y ceder derechos sobre su contenido.

Smyth, con millones de visualizaciones en YouTube y contratos que en su momento llegaron a los 100.000 dólares anuales, asegura que vio su posición deteriorada injustamente. Alo Yoga, por su parte, ha respondido que ‘las acusaciones carecen de mérito’ y que defenderá enérgicamente su postura.

El caso se apoya en la ley AB5 de California (2019), que obliga a las empresas a clasificar correctamente a los trabajadores cuando cumplen funciones esenciales dentro de la organización, y que afecta directamente a miles de instructores e influencers que se encuentran en situaciones contractuales similares.

Esta demanda Visibiliza el problema de la discriminación por edad en un sector donde la imagen ha sido tradicionalmente determinante, además de señalar la importancia de reconocer el valor y la experiencia de los instructores más allá de su apariencia física y refuerza el debate sobre la necesidad de condiciones laborales claras y justas en el fitness y el bienestar.

Más allá del caso, esta situación refleja una tensión creciente en la industria del fitness: la necesidad de establecer marcos laborales sólidos para instructores, entrenadores y creadores de contenido. Con sindicatos como SAG-AFTRA y asociaciones emergentes en el mundo del bienestar, se espera que los próximos años traigan cambios significativos en la forma en que se regula la relación entre marcas, instructores e influencers.

Y lo tradicional no desaparece: si has formado parte del engranaje de una empresa durante años, ejerciendo funciones decisivas, tienes derecho a ese estatus de empleado. Eso no es retroceder, es pedir justicia.

El caso Smyth vs. Alo Yoga no solo es relevante para una marca concreta, sino que pone de relieve un debate de fondo que afecta a todo el sector: cómo equilibrar estética, edad y derechos laborales en una industria que vive de la imagen pero que debe sostenerse en valores de justicia y equidad. El desenlace puede marcar un antes y un después en la manera en que el fitness reconoce y protege a sus profesionales.


Sobre Alo Yoga

Alo Yoga es una compañía fundada en 2007 en Los Ángeles, especializada en moda deportiva y accesorios para la práctica del yoga, el fitness y el bienestar. Con presencia internacional y una fuerte apuesta por el marketing digital y las colaboraciones con influencers, se ha consolidado como un referente en el segmento premium del sector. Su misión es promover el bienestar a través de la práctica del yoga y un estilo de vida activo y saludable.

Imagen: Alo Yoga

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