La gran fuga: lo que las Actividades dirigidas ya no ofrecen a la nueva generación
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La gran fuga: lo que las Actividades dirigidas ya no ofrecen a la nueva generación

¿Este descenso se debe a una falta de calidad en las clases dirigidas o a que los jóvenes ya no se sienten atraídos por ellas? Sea cual sea la causa, esta fuga no es irreversible. Pero sí es una llamada de atención. No se trata solo de cambiar la música o la coreografía, sino de repensar qué papel juegan estas clases en la experiencia global del usuario. ¿Están los centros dispuestos a hacer ese esfuerzo? ¿Y los instructores, a evolucionar? Porque si no lo hacen, la nueva generación seguirá buscando —y encontrando— lo que necesita… fuera del gimnasio.

Vamos a analizar ambos problemas y a proponer soluciones

La huida silenciosa

En los últimos años, muchos gimnasios han sido testigos de una tendencia preocupante: la caída constante en la participación en actividades dirigidas (AADD), especialmente entre los usuarios más jóvenes. ¿Es una cuestión de modas pasajeras? ¿O estamos ante un cambio estructural en cómo las nuevas generaciones entienden el fitness?

Más allá de teorías rápidas, esta fuga tiene raíces profundas. Y como suele ocurrir, no hay un solo culpable. La falta de inversión y evolución en las AADD por parte de muchos centros coincide con un cambio en los intereses y hábitos de la Generación Z y los millennials. El resultado: una desconexión cada vez más grande entre la oferta y la demanda.

Parte I: El problema está en casa

Durante años, las AADD fueron el corazón palpitante del gimnasio. Clases llenas, instructores motivadores, música alta y energía colectiva. Pero en muchos centros esa llama se ha apagado. ¿Por qué?

  • Poca renovación: Muchas clases siguen teniendo el mismo formato, música y dinámica que hace diez años. Lo que antes era innovador, ahora puede parecer obsoleto.
  • Falta de inversión: Iluminación, sonido, tecnología, formación… elementos clave para generar una experiencia memorable que no se están cuidando.
  • Instructor@s poco motivados, mal formados… y mal presentados: La calidad humana es esencial en las AADD. Si el profesional no conecta o no evoluciona, la clase pierde sentido. Pero además, la imagen también cuenta. Camisetas básicas, uniformes poco cuidados o desfasados dan una imagen pobre que no conecta con una generación visual, que valora el diseño, el estilo y la estética como parte de la experiencia.
  • Horarios poco estratégicos: Programaciones pensadas para el público de siempre, no para el nuevo, que busca más flexibilidad y variedad.

En resumen: si no cuidamos el producto, es lógico que pierda valor. No se puede ofrecer la misma clase, en el mismo horario, con el mismo enfoque… y esperar resultados diferentes.

Parte II: El público también ha cambiado

Ahora bien, culpar únicamente a los centros sería injusto. El perfil del usuario ha cambiado radicalmente. Los nuevos participantes llegan con otras expectativas, prioridades y formas de comunicarse. Entenderlos es clave para poder conectar con ellos:

  • Buscan autonomía: El auge del entrenamiento libre, personalizado y a demanda (a través de apps, vídeos, YouTube, etc.) ha transformado la manera en que se relacionan con la actividad física. Quieren decidir cómo, cuándo y dónde entrenar.
  • Demandan resultados inmediatos: Prefieren entrenamientos cortos, intensos, medibles y con resultados visibles. El formato tradicional de “una hora de clase” les parece excesivo y poco eficiente.
  • Exigen experiencias, no rutinas: Ya no se trata solo de “hacer step” o seguir una coreografía. Quieren vivir una experiencia con estética, propósito y narrativa. Necesitan sentirse parte de algo más grande.
  • Son nativos digitales: Esperan que la experiencia fitness esté integrada con sus dispositivos: móvil, redes sociales, smartwatch. Si no hay conexión digital, pierden el interés.
  • Tienen un umbral de atención diferente: Muchos jóvenes presentan dificultades para mantener la atención sostenida, influenciados por la sobreexposición a estímulos digitales, la inmediatez de la información y la necesidad constante de novedad. En este contexto, actividades tradicionales como las clases coreografiadas (AADD), que requieren concentración prolongada y estructura rígida, resultan cada vez menos atractivas. Pretender que permanezcan enfocados durante una hora en este tipo de dinámica es, para muchos, poco realista. Es urgente repensar los enfoques pedagógicos hacia alternativas más breves, flexibles y adaptadas a sus capacidades atencionales.
  • Falta de referentes generacionales: La mayoría de instructores de actividades dirigidas pertenecen a generaciones anteriores. Los bajos salarios y la falta de estabilidad hacen poco atractivo este camino para los jóvenes profesionales. La enseñanza sigue en manos de la vieja escuela: personas con experiencia, gran vocación y otros trabajos que les permiten sobrevivir, impartiendo clases más por pasión que por rentabilidad. Esta falta de relevo generacional crea una desconexión entre instructores y jóvenes participantes, quienes no se ven reflejados ni representados. La ausencia de nuevos profesionales formados y comprometidos limita tanto la calidad como la capacidad de adaptación de las clases a las nuevas demandas del público joven.

En resumen, no es que los jóvenes no quieran Actividades Dirigidas. Es que las que encuentran ya no se parecen en nada a lo que están buscando.

¿Y ahora qué? Propuestas para recuperar el pulso

Si queremos que la gente joven vuelva a interesarse por las AADD, no se trata solo de cambiar la clase, sino de reformular la experiencia completa.

No todo está perdido. De hecho, estamos ante una oportunidad de reinvención. Aquí algunas claves para volver a conectar

 1. Mayor necesidad de autonomía

La Generación Z y los millennials valoran mucho la libertad y personalización. Las AADD, al tener horarios, estructuras y coreografías fijas, se perciben como rígidas. En la sala fitness, pueden:

               •             Elegir cuándo entrenar.

               •             Seleccionar ejercicios a su gusto.

               •             Ir a su ritmo sin que nadie los marque.

2. Influencia de las redes sociales

Instagram, TikTok o YouTube han cambiado la forma en que se percibe el fitness:

               •             Muchos jóvenes siguen rutinas de influencers y las replican.

               •             Entrenar en la sala les permite grabarse o hacerse fotos.

               •             Hay una cultura de mostrar progreso físico individual, no colectivo.

 3. Espacio de socialización libre

Para muchos, la sala fitness es más un espacio social y de ocio activo que un entorno de entrenamiento intenso. Allí:

               •             Se conversa entre ejercicios.

               •             Se liga.

               •             Se desconecta del estrés (más que entrenar, se “está” en el gym).

 4. Experiencia más personalizada y sensorial

En la sala:

               •             Escuchan su propia música.

               •             Controlan el volumen, los estímulos, los descansos.

               •             Evitan el “ruido” de las clases grupales si buscan concentración.

 5. Falta de conexión con el formato tradicional de AADD

Muchas AADD no están actualizadas ni adaptadas al lenguaje, ritmo o intereses de los más jóvenes:

               •             Algunos las ven como “de mayores”.

               •             No se identifican con el estilo de música o el enfoque técnico.

               •             Prefieren movimientos funcionales, entrenos de fuerza, calistenia o formatos visualmente atractivos (aunque no sean más efectivos).

1. Rediseñar el formato de las clases:

               •             Microclases de 20-30 min, más dinámicas y adaptadas a la capacidad de atención actual.

               •             Entrenos modulares donde puedan entrar y salir por bloques (calentamiento + parte principal + finisher).

               •             Introducir formatos “open” (tipo open box en CrossFit) con guía del coach, pero sin rigidez horaria.

2. Actualizar el lenguaje y el estilo

               •             Música actual, ambientes inmersivos, estética visual cuidada.

               •             Cambiar nombres clásicos como “GAP”, “tonificación” o “step” por términos más modernos o anglicismos entendibles: “Booty Lab”, “Core360”, “Sweat&Move”.

               •             Eliminar el tono “de monitora años 2000” y apostar por un coach con rol más cercano, tipo community builder.

3. Gamificación y retos

               •             Programas por equipos, rankings internos o retos mensuales.

               •             Integración con apps o plataformas donde puedan ver sus progresos y compartirlos.

               •             Clases con sistemas de puntuación o feedback instantáneo (con wearables o simplemente dinámicas participativas).

4. Marketing adaptado: “hazlo por la experiencia, no por el físico”

               •             Deja de vender transformación corporal o quema de grasa. Vende experiencias, comunidad, momentos.

               •             Crea contenido de redes donde se vea que las clases son un evento, no una obligación.

Ejemplo: una “Glow Party HIIT”, una “Sunset Mobility Session” o un “Beats & Booty” con luces y DJ local.

5. Formar instructores como community managers

               •             Un instructor joven que también es creador de contenido, conecta en redes y está en sintonía con los códigos de su generación vale más que el mejor técnico puro.

               •             Que el instructor sea una cara reconocible, alguien cool, cercano, que crea comunidad dentro y fuera de clase.

6. Integrar las AADD con la cultura de la sala

               •             Ofrece clases “híbridas” que empiecen en la sala fitness y acaben en el estudio, o viceversa.

               •             Clases tipo “Barbell Basics” o “Leg Day Boost” pensadas para los que ya están entrenando por libre, y solo buscan mejorar técnica, fuerza o enfocarse en un músculo específico.

BONUS: Habla su idioma

Haz encuestas en Instagram, crea memes de tu centro, lanza stories con “elige la clase de la semana”. Cuanto más participativos se sientan en la creación del producto, más engagement real tendrás.

Conclusión: adaptarse o desaparecer

La gran fuga de las AADD no es irreversible. Pero sí es una llamada de atención. No se trata solo de cambiar la coreografía, sino de repensar por completo qué papel juegan estas actividades en la experiencia global del usuario.

¿Están los centros dispuestos a hacer ese esfuerzo? ¿Y los instructores a evolucionar? Porque si no lo hacen, la nueva generación seguirá buscando (y encontrando) lo que necesita… fuera del gimnasio.

Azahara Fuentes

La gran fuga: lo que las Actividades dirigidas ya no ofrecen a la nueva generación
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