Salvador Cereceda: “Si el usuario entiende por qué entrena, es más fácil generar adherencia” 
Gimnasios

Salvador Cereceda: “Si el usuario entiende por qué entrena, es más fácil generar adherencia” 

El CEM Joan Miró lleva una década trabajando en una forma diferente de entender el entrenamiento. El objetivo no pasa únicamente por renovar el equipamiento, sino por facilitar que perfiles muy distintos incorporen el trabajo de fuerza y comprendan mejor qué hacen y por qué. El responsable del CEM Joan Miró y MiróLab explica la evolución hacia un modelo de entrenamiento más tecnológico, medible y adaptado a diferentes etapas vitales. 

De esta reflexión nació MiróLab, un espacio integrado en el CEM Joan Miró que trabaja alrededor de la actividad física, la salud y la longevidad e incorpora soluciones de TecnoSport como Keiser, Voltra y Eliga. Salvador Cereceda, responsable del CEM Joan Miró y MiróLab, explica cómo ha evolucionado este modelo y qué posibilidades abre la tecnología aplicada al entrenamiento. 

En los últimos años, muchos centros han renovado sus salas de fitness, pero no siempre han cambiado su forma de entender el entrenamiento. En su caso, ¿qué les llevó a replantear no solo el equipamiento, sino también el modelo? 
Hace ya diez años que empezamos a pensar que las cosas podían hacerse de otra manera. Barcelona es una ciudad que innova y empuja a hacerlo, con una elevada densidad de población y muchos centros deportivos. 
No se trataba simplemente de diferenciarnos, sino de ofrecer algo que tuviera sentido más allá de lo que se había hecho siempre. Como instalación concesionada y de servicio público, teníamos que pensar qué podíamos ofrecer a la población que no estuviera recibiendo ya. 
Queríamos llegar también a personas que no utilizaban el gimnasio, aunque sí hacían piscina o actividades dirigidas. La manera era ponérselo fácil, conseguir que el entrenamiento fuera inteligente y que entendieran por qué hacían las cosas. 

¿Por qué considera que las máquinas tradicionales de placas ya no responden del todo a las necesidades actuales de determinados perfiles de usuario? 
Las máquinas de placas están cada vez mejor diseñadas ergonómicamente, pero dan servicio sobre todo a un público que sabe qué quiere hacer y qué resultado busca.  Para otro usuario, que no tiene experiencia y no sabe cómo entrenar, pueden resultar más complejas y quedarse cortas en algunas variables que hoy podemos trabajar. Las máquinas electrónicas y los sistemas neumáticos ofrecen modos de entrenamiento que no podemos reproducir con placas. Estas permiten entrenar de una determinada manera y para un perfil concreto, pero no son tan globales. 

Cuando se habla de fuerza, salud y longevidad, ¿qué variables deberían empezar a mirar más los gimnasios? 
El entrenamiento debería adaptarse al momento vital de cada persona. Es como una hucha: disfrutar ahora, pero guardar también una parte para el siguiente paso. Tiene que acompañarnos durante todas las etapas de nuestra vida. 
Hay centros especializados en determinados perfiles. Un smart price puede tener un público más joven y una boutique realizar un trabajo más específico. En nuestro caso trabajamos desde gente joven hasta personas mayores. 

Además de la carga, ¿por qué es importante que un centro pueda medir aspectos como la velocidad, la potencia o el control del movimiento? 
Lo que no mides, no sabes qué es. La persona tiene que entender lo que hace y, para eso, el entrenamiento tiene que ser inteligente. Con estas máquinas podemos medir y comprobar la mejora, lo que facilita que alguien con menos experiencia entienda por qué hace algo y a qué intensidad. 
Por ejemplo, con las máquinas de aire de Keiser podemos trabajar con una mayor intención de velocidad y pedir que el movimiento se realice lo más rápido posible dentro de las posibilidades de la persona. Con una máquina electrónica también podemos aplicar diferentes estímulos musculares. Cuando el usuario entiende cómo trabaja y qué quiere conseguir, es más fácil generar adherencia. 

MiróLab nace dentro del CEM Joan Miró como un proyecto orientado a salud funcional, longevidad y entrenamiento personalizado. ¿Cómo se traduce esta visión en la forma de trabajar con los usuarios? 
La adherencia tiene que venir de que las propias personas adopten un hábito. Si no entiendo por qué hago las cosas, difícilmente lo adoptarémos. Los datos ayudan a hacerlo comprensible. Hablar de 500 calorías o de tres series de diez repeticiones con 50 kilos puede resultar abstracto. Cuando lo trasladamos a una edad biológica o vemos una mejora en una gráfica, pasa a ser un concepto más fácil de entender. 

En MiróLab se trabaja con perfiles muy diversos. ¿Qué aporta un sistema más controlado frente a una sala de fuerza tradicional? 
Nuestro concepto es la escalabilidad; es decir, disponer de mucha información de la persona con el menor esfuerzo posible para recogerla. Una misma máquina puede utilizarla una persona de 25 años que busca rendimiento y otra de 80 que quiere mantenerse vital y levantarse rápidamente de una silla. Buscamos una combinación que permita sacar el máximo rendimiento en cada caso. Con máquinas neumáticas y electrónicas tenemos más posibilidades; con las placas encontramos más limitaciones. 

El proyecto incorpora tecnología de TecnoSport como Keiser, Voltra y Eliga. ¿Qué os permiten hacer estas soluciones? 
El trabajo de potencia nos permite trabajar la fibra rápida. No es lo mismo coger un vaso que levantar algo cuando no sabes cuánto va a pesar. Si pesa más de lo esperado, el cerebro tiene que identificar qué necesita para realizar esa acción. La fibra rápida es también la que perdemos más rápidamente. Si conseguimos hacerla intervenir, podemos ayudar a conservarla y mejorarla. 
Las máquinas neumáticas nos permiten trabajar muy bien la potencia. Con sistemas electrónicos como Voltra o Eliga podemos aplicar además diferentes estímulos, como el trabajo de fuerza negativa o las fases concéntrica y excéntrica, y optimizar el entrenamiento para buscar mejores resultados en menos tiempo. 

¿Qué cambia en la labor del técnico con este tipo de tecnología? 
Antes el técnico observaba al usuario, preparaba una rutina y decidía con qué carga debía trabajar. Ahora tenemos máquinas que pueden hacer un RM de una manera muy rápida y sencilla. Eso permite estar más pendiente de que la persona entienda cómo debe hacer el ejercicio y cómo tiene que sentirlo. La interacción con el usuario pasa a ser de mucha más calidad y, a medida que entiende más, también hace preguntas más complejas. En MiróLab estamos aprendiendo sobre entrenamiento y fisiología, pero también sobre cuestiones como el sueño o la nutrición. 

Desde la perspectiva del usuario, ¿qué aporta un entrenamiento más personalizado y basado en datos? 
Cuando hacemos pruebas de valoración comprobamos si han mejorado, pero también les preguntamos cómo se sienten. No podemos quedarnos únicamente con el dato. Un wearable puede decirte que has dormido mal y tú encontrarte perfectamente, o al revés. Tenemos que escuchar la percepción de la persona y disponer al mismo tiempo de datos para contrastarla. No siempre cómo me veo coincide con cómo estoy, pero a largo plazo puede existir una relación. Esa autopercepción ayuda a crear adherencia. 

¿Qué valor ha aportado TecnoSport en la definición del proyecto, más allá del suministro de equipamiento? 
Para nosotros TecnoSport no es un proveedor, es un partner. Lo primero que hace es escuchar y entender qué quieres y qué puedes necesitar. No se trata únicamente de su portfolio. Pueden ayudarte a detectar necesidades o a pensar cómo integrar diferentes productos. Con la misma cocina, dependiendo del cocinero y los ingredientes, pueden hacerse cosas muy diferentes. 
La herramienta es solo una parte. Lo importante es utilizarla para aquello que quieres conseguir. Un Ferrari es magnífico, pero para hacer el Dakar no sería la herramienta adecuada. 

¿Apostar por un espacio como MiróLab es una inversión tecnológica, en servicio o en posicionamiento? 
Es un espacio de investigación. Como instalación de la red pública de Barcelona tenemos que pensar en la salud de todos los ciudadanos. Queríamos crear un espacio de relación con otros CEM, universidades, startups y empresas para evolucionar el concepto de actividad física y salud, y que aquello que aprendiéramos pudiera ser escalable y aplicable a otros centros. MiróLab sería el departamento de I+D dentro del CEM Joan Miró, abierto a la ciudad y en colaboración con el Ayuntamiento de Barcelona. 

¿Puede MiróLab convertirse (o se ha convertido ya) en una referencia para otros centros deportivos? 
La gente lo conoce, viene, mira y pregunta. Puede ser un espacio de inspiración, aunque después cada centro tenga que encontrar su propio camino. También sirve para aterrizar ideas. Salud y longevidad son conceptos de los que se habla mucho y aquí intentamos trasladarlos a cosas concretas. Si MiróLab sirve para inspirar a otros proyectos, bienvenido sea. 

Salvador Cereceda: “Si el usuario entiende por qué entrena, es más fácil generar adherencia” 
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