La popularización de herramientas de Inteligencia Artificial especialmente a nivel generativo, ya está más que integrado no sólo en Instalaciones Deportivas, sino en la sociedad en general y prácticamente cualquier sector. De hecho, el uso (y abuso) de las mismas herramientas (véase Chat GPT, Gemini, Grook, etc) comienza a generar cierta animadversión por una parte de la población especialmente por dos motivos: la falta de recurrir al valor humano (sensación de quitarle el trabajo a alguien como un diseñador) y la devalución por repetición de publicaciones, cartelería o, incluso, atención al público.
Hoy vamos a hacer un repaso a los aspectos que más pueden ir en nuestra contra y, por supuesto, como paliar o afrontar esto.
1. Cuando todo el mundo conoce el atajo, ya no es un atajo.
La IA prometió democratizar el marketing para los pequeños centros y entrenadores (diseños rápidos, textos en segundos). Sin embargo, recurrir constantemente a aplicaciones en sus versiones gratuitas con prompts (órdenes), especialmente en elementos como la cartelería o la guionización de contenido en Redes Sociales ya se reconoce con cierta facilidad.
Paradójicamente, este hecho se da en instalaciones donde damos la conexión humana como elemento de diferenciación y justificación frente a las grandes cadenas o microgimnasios.
- Imágenes generadas por IA o plantillas masivas donde los modelos tienen pieles de plástico perfectas, seis dedos o miradas vacías que parece que estamos viendo un discurso de un reptiliano.
- Cuando un centro de barrio en una pequeña provincia usa una imagen de IA que parece un gimnasio futurista de Nueva York, rompe la confianza de su cliente local.
- Diseños que no siguen una línea en cuanto a colores corporativos, estilo, fuente de letra, imágenes, etc.
- Si todos los centros del barrio usan el mismo estilo visual genérico, el usuario pasa de largo en redes sociales. La perfección digital aburre; lo real resalta.
Precisamente, uno de los conceptos que se está empezando a tratar es el del “Internet Muerto”, como gran parte de los contenidos no dejan de ser duplicados parciales o totales de contenido que ya existe, en ocasiones incluso copiado toma por toma o palabra por palabra.
Dicho de paso, si eres cliente (no sólo de un gimnasio) de un servicio y encuentras que lo que postea es una repetición de cosas que ya has visto por otro lado… igual decides acabar yendo al otro lado.
Cuando tu entrenador habla como un robot
2026: Entrenadores publicando a diario que «no hay que seguir el camino fácil»… con un cartel del Chat GPT.
Convendría tener clara una cosa: tu cliente seguramente te conoce de sobre porque no eres un responsable de RRSS que está metido en una oficina de una agencia de publicidad subcontratada por una cadena. Eres tú el mismo que publica por Instagram y que atiende e incluso entrena a tu cliente. Y este sabe cómo hablas y, sober todo, cómo no lo haces.
Por supuesto que es conveniente redactar textos o mensajes de forma estratégica incluso de cara a algoritmos o buscadores (si eres un entrenador de Toledo, tu contenido debe recordar que estás en Toledo, porque ayudará a los motores de búsqueda a reconocer ese contenido y compartirlo más entre gente de tu zona), pero eso no hace que un contenido 100% automatizado, y menos por personas que no sean especialistas en ello, sirva para poco más que tener unas redes sociales rellenadas de publicaciones… Y ya.
Ejemplos habituales:
- Exceso de adjetivos grandilocuentes («¡Desata tu potencial supremo!», «Transformación holística»),
- Emojis idénticos.
- Estructuras predecibles.
Vendes personalización en el entrenamiento, pero tu comunicación está despersonalizada. El cliente nota cuándo le escribe su entrenador y cuándo le escribe una máquina.
4. El cliente del 2026 busca la imperfección humana
- La cercanía, el sudor real, el “desorden” del día a día y la autenticidad tienen hoy más valor comercial que nunca. Y no, no estamos diciendo que te pongas a escribir con faltas de ortografía o a no tener una estructura en el guión de un vídeo.
Si encima, esa “imperfección” no viene dada por la personalidad propia del centro o entrenador, sino por los errores comunes en el diseño (ciertas faltas de ortografía, una persona con dos piernas izquierdas, etc), todavía peor. Y no son pocas las veces que he visto contenido que ni siquiera ha estado contrastado.
- El coste oculto del abuso de la IA: La pérdida de la comunidad. Las personas se apuntan a pequeños centros por el concepto de comunidad y el factor humano, no por algoritmos que, si nosotros hemos encontrado gratis, debemos intuir que los posibles clientes también lo van a hacer.
5. Conclusión y Solución: La IA como asistente, no como creador.
Podemos hacer un ejercicio fácil y comprensible: date un paseo (virtual o físico) por los anuncios, cartelería, etc. de cartas de bar o de restaurante, de eventos o incluso de fiestas patronales de este verano. ¿Qué sensación te da ver un cartel claramente creado por Chat GPT? Pues, al final, no somos tan diferentes a ellos cuando presentamos nuestros productos.
- El punto de equilibrio: No se trata de prohibir la IA, sino de usarla con criterio (para lluvia de ideas, corrección de textos o estructurar datos).
Puedes pedirle a una inteligencia generativa un listado de elementos relacionados con un tema que quieras tratar o incluso ideas de estructuras de contenido. O, como mínimo, retocar un tanto lo que le hayas pedido a la misma.
- La receta para el pequeño centro: 80% humano (fotos reales de tus clientes sonriendo, vídeos tuyos explicando con tus propias palabras) y 20% tecnología de apoyo.
Estamos en un momento en el que lo que un martes de disruptivo, el jueves es tendencia y el fin de semana ya es hartazgo. Establecer unos elementos personales propios y, digamos, autóctonos, obviamente no es fácil y exige un tiempo y esfuerzo añadido que precisamente en las pequeñas instalaciones no sobra, pero que es el único camino para obtener resultados.
Santiago Liébana Rado
MasterTrainer Fitness G.
SectorFitness European Academy
Director Técnico HealthStudioEuropean Academy



