Estados Unidos da un paso decisivo para integrar el ejercicio físico en el tratamiento del cáncer
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Estados Unidos da un paso decisivo para integrar el ejercicio físico en el tratamiento del cáncer

La Comisión del Cáncer del American College of Surgeons ha aprobado una nueva norma que obligará a los programas oncológicos acreditados en Estados Unidos a evaluar las necesidades de ejercicio de sus pacientes y establecer procedimientos de derivación a servicios adecuados. La medida, prevista para el 1 de enero de 2028, afectará a cerca de 1.400 hospitales y centros que atienden aproximadamente al 70 % de los pacientes con cáncer del país. La decisión abre un nuevo espacio de colaboración entre el sistema sanitario, los profesionales del ejercicio y los programas comunitarios, incluidos aquellos que pueden desarrollarse en instalaciones deportivas con personal cualificado. 

El ejercicio entra en los estándares de atención oncológica 
El American College of Sports Medicine (ACSM) comunicó el 16 de octubre de 2026 la aprobación definitiva del estándar 4.9, denominado Exercise Oncology Services, por parte de la Comisión del Cáncer (CoC) del American College of Surgeons. La votación se produjo el 26 de septiembre de 2026 y la entrada en vigor está prevista para el 1 de enero de 2028. 
La nueva exigencia se dirige a los programas oncológicos acreditados por la CoC, no a todos los hospitales estadounidenses. Según la organización, estos centros representan una parte muy significativa de la atención al cáncer en el país. La norma convierte la valoración de las necesidades de ejercicio y la derivación correspondiente en elementos que deberán integrarse en la atención durante el primer ciclo de tratamiento. 

Qué tendrán que hacer los centros acreditados 
Cada programa deberá disponer de un protocolo escrito que establezca cómo se evalúa a los pacientes y a qué servicios se les puede derivar. La elección dependerá de la situación clínica y de las necesidades individuales. Las opciones contempladas incluyen rehabilitación oncológica, programas especializados de ejercicio oncológico y recursos comunitarios de actividad física. 
La evaluación podrá realizarse por diferentes integrantes del equipo asistencial, mientras que determinadas derivaciones clínicas estarán sujetas a las competencias de los profesionales sanitarios autorizados. El procedimiento deberá ser verificable dentro de los procesos de acreditación de la CoC. Esto no implica que todos los pacientes deban acudir a un gimnasio ni que cualquier instalación deportiva pueda asumir la atención sin una preparación adecuada. 

Una oportunidad para gimnasios y profesionales especializados 
Para la industria del fitness, la medida es relevante porque reconoce el papel de programas de ejercicio estructurados fuera del entorno hospitalario, siempre que resulten apropiados para cada paciente. Los gimnasios con profesionales formados en ejercicio oncológico podrían convertirse en colaboradores de los servicios sanitarios mediante circuitos de derivación, seguimiento y coordinación. 
La adaptación de la oferta exige considerar aspectos como la formación específica, las contraindicaciones, la intensidad de las sesiones, la comunicación con los equipos clínicos y la seguridad de las personas durante y después del tratamiento. No se trata de incorporar sin más a pacientes oncológicos a actividades convencionales, sino de diseñar servicios adecuados a sus circunstancias.
El ACSM señala que podría aumentar la demanda de profesionales capacitados, incluidos especialistas en ejercicio oncológico y fisiólogos del ejercicio clínico. Su iniciativa Moving Through Cancer dispone de un directorio de programas al que los centros sanitarios podrán acudir para identificar recursos disponibles. 

El respaldo científico y la continuidad asistencial 
La decisión se apoya en una trayectoria creciente de investigación sobre los beneficios del ejercicio en personas con cáncer. La evidencia disponible muestra que la actividad física correctamente prescrita puede contribuir a controlar determinados efectos secundarios, mejorar la capacidad funcional, recuperar fuerza y resistencia y favorecer la calidad de vida. En algunos contextos clínicos también se han observado beneficios relacionados con la evolución de la enfermedad. 
El cambio regulatorio es significativo porque pasa de recomendar la actividad física de forma general a exigir que los programas acreditados establezcan un mecanismo para evaluar y orientar a sus pacientes. Así, el ejercicio puede integrarse de manera más sistemática en la continuidad asistencial y no depender exclusivamente de la iniciativa individual de un profesional o de la información que encuentre cada paciente. 

El debate sobre quién financia el ejercicio 
La integración del ejercicio en los itinerarios de atención también plantea cuestiones económicas. Entre ellas figura quién debe asumir el coste de los programas especializados y qué papel pueden desempeñar las aseguradoras, los hospitales y los propios usuarios. El debate sobre la financiación de cuotas o sesiones de ejercicio resulta especialmente pertinente cuando existen indicaciones clínicas y profesionales cualificados. 
Sin embargo, el estándar 4.9 no establece que las aseguradoras estén obligadas a pagar cuotas de gimnasios. Su alcance se centra en la evaluación y derivación a servicios apropiados. Cualquier futura cobertura económica dependerá de decisiones y acuerdos independientes de esta norma. 

Perspectivas para el sector del fitness 
La implantación prevista para 2028 ofrece tiempo para que los centros acreditados organicen sus procedimientos y para que los proveedores de ejercicio desarrollen capacidades específicas. La existencia de programas comunitarios puede facilitar modelos de colaboración entre hospitales, entidades deportivas y especialistas, especialmente allí donde no sea posible ofrecer todos los servicios dentro de las instalaciones sanitarias. 
Para los operadores españoles, la noticia no supone un cambio normativo inmediato, pero sí constituye una referencia internacional de cómo el ejercicio puede incorporarse formalmente a los sistemas de atención. La profesionalización, la formación acreditada y la colaboración con el ámbito sanitario serán factores esenciales para trasladar oportunidades semejantes a otros mercados. 

Conclusión 
La aprobación del nuevo estándar estadounidense refuerza el reconocimiento del ejercicio como parte del acompañamiento a las personas con cáncer. Su aplicación permitirá observar cómo se articulan las derivaciones y qué papel desempeñan los profesionales y las instalaciones deportivas, una experiencia que podría aportar aprendizajes relevantes para el futuro del fitness y la salud en España. 

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