Una sociedad en continua transformación produce muchos efectos colaterales. Uno de ellos es el cambio actual en los modelos de organización. Los avances tecnológicos, acompañados de una metamorfosis en los hábitos de comportamiento de las personas, genera un cambio de paradigma en nuestros negocios.

Necesitamos contar con estructuras organizativas ágiles para adaptarnos a un mercado cada vez más exigente e infiel. Para ello te propongo que fijes tu atención en la estructura y funcionamiento de un equipo deportivo. Un equipo de alto rendimiento se caracteriza por buscar el bien común, por sacrificar las individualidades en beneficio del conjunto. La individualidad, el egoísmo en el terreno de juego, son el peor enemigo en el camino hacia el éxito, ya que tarde o temprano nos pasarán factura.

En ocasiones equivocamos la estrategia al tratar de imponer la creación de un equipo, ya que la participación en él es una decisión personal de cada uno de sus miembros. Si no quiero formar parte de un equipo, la mera presencia física no será suficiente. La diferencia entre un grupo de personas y un equipo es sensiblemente importante. Principalmente la conciencia de pertenencia a ese equipo y la aceptación de las reglas de juego internas.

Por un cúmulo de circunstancias, hoy, el liderazgo tradicional ya no nos sirve, y debe dejar paso al “empowerment”, a la delegación de poder en los trabajadores, transmitiéndoles el sentimiento de que son responsables de su propio trabajo. Durante un partido, cada jugador sabe cuál es su papel dentro del equipo. Lo hará mejor o peor, pero tiene unas funciones a desarrollar, en un determinado espacio (zona del terreno de juego), durante un tiempo concreto. La asignación de esas tareas viene precedida del análisis de sus competencias, de su estado físico y anímico, de su compromiso y de la estrategia marcada por su entrenador.

En un equipo, el líder no puede pretender realizar todo el trabajo. Es más, debe tener claro cuál es su verdadero papel. Y sin duda su función principal será repartir juego.

Repartir juego exige:

  • conocer el talento de nuestros trabajadores, sus competencias y posibilidades;

  • confiar en sus propias capacidades;

  • otorgar una cierta independencia a la hora de tomar decisiones;

  • escuchar al trabajador para conocer su situación, sus circunstancias personales y su receptividad al rol que van a desempeñar;

  • coordinar la aportación de cada uno con las de los demás;

  • asumir que se pueden equivocar.

El fundamento del empoderamiento está en reconocer que los trabajadores directamente relacionados con una tarea son los más indicados para tomar una decisión sobre ella. Y, además, es importante conseguir que nuestros trabajadores “se lo crean” y se impliquen a tope, para que “sientan los colores” de la empresa, para que se sientan protagonistas, se sientan necesarios. Lo cual es imposible si los dirigentes no conocen bien a sus empleados, no han definido bien sus roles, no tienen la confianza necesaria en ellos, en definitiva, si la delegación no es eficiente. Porque el objetivo es conseguir el compromiso sin condiciones y la conciencia que realmente el grupo es un equipo.

El empowerment nos aporta numerosos beneficios, ya que impulsa la autoestima y la confianza en nuestros trabajadores; permite su crecimiento personal y profesional, desarrollando conocimientos y habilidades; consigue que el trabajador aborde los problemas de forma proactiva; en definitiva, convierte el trabajo en un reto, no en una carga. Además, aplicando el empoderamiento los dirigentes disponen de más tiempo para dedicarlo a otras funciones como la planificación estratégica, la atención a los clientes, el análisis de datos, la implantación de nuevos servicios y/o actividades, o la creación de nuevos equipos.

El líder empoderador dirige hablando. La transparencia, el flujo de información, el dejar desde el primer momento las cosas claras, el transmitir y reforzar la confianza, nos van a ayudar a evitar conflictos. Pero, además, el líder empoderador dirige escuchando. Está receptivo a aportaciones, incluso potencia que su equipo se implique y colabore en la construcción de las estrategias y objetivos. Una escucha activa que refuerza los lazos del equipo, elevando su rendimiento.

Aquí te dejo algunas recomendaciones para que puedas crear un verdadero equipazo en tu empresa:

  1. Deja claro desde el principio el rol de cada miembro del grupo.

  2. Renuncia a parte de tu “poder” para delegarlo en tus trabajadores.

  3. Obtén el compromiso por escrito de tus trabajadores. La cesión conlleva la aceptación de responsabilidad por sus acciones.

  4. Reemplaza la jerarquía por los equipos auto dirigidos, permitiendo desarrollar las fortalezas de cada trabajador.

  5. Marca las metas estratégicas, pero permite que sean tus trabajadores los que establezcan sus propias mediciones.

  6. Comparte la información y sé transparente ya que ello genera confianza y potencia el compromiso.

  7. Descarta la dirección por miedo y la imposición de ideas (órdenes), transformándolas en libertad que facilite la iniciativa, el ingenio y la creatividad.

  8. Identifica el talento y optimízalo poniéndolo en valor en el puesto más adecuado de la empresa, para obtener así el máximo rendimiento.

  9. Cuida los pequeños detalles. No olvides que las personas tenemos sentimientos.

  10. Los refuerzos positivos funcionan. Potencia el reconocimiento y la recompensa.

Como nos dice Xesco Espar (entrenador de balonmano): “Si quieres conseguir algo de los demás, sólo lo puedes hacer teniendo en cuenta los beneficios que ellos obtendrán”. No lo dudes, empodera a tus trabajadores, reparte juego, confía en ellos, hazlos protagonistas del “partido” y la victoria os acompañará.

Javier Ramos

Business Developer Manager en Smartup
Director Académico de master en BIG Data Universidad de Deusto
Máster en Tecnologías Big Data ( Universidad de Deusto)
Máster en Empresas Turísticas ( Instituto de Empresa)
Diplomado en Empresas y Actividades Turísticas

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