Espero que cuando leamos este artículo en esta prestigiosa revista, los gimnasios, centros fitness y clubes deportivos estén en plena actividad, cumpliendo con sus objetivos y prestando servicios a miles de clientes. Cuando lo escribí, los empresarios de muchas de estas instalaciones se vieron obligados a cerrarlas o en el mejor de los casos a reducir sensiblemente su actividad al limitarse horarios y/o aforos, debido a las medidas adoptadas por las diferentes administraciones autonómicas como consecuencia de la COVID-19.
ENTRESACADO: La Constitución Española incluyó entre los principios rectores de la política social y económica, que: «Los poderes públicos fomentarán la educación sanitaria, la educación física y el deporte» (artículo 43.3). Por lo tanto, el deporte ha sido reconocido como actividad esencial vinculada a la educación sanitaria y la educación física. Educación, salud y deporte van de la mano.
Así que este artículo, aunque parezca extemporáneo, creo que no lo es, en primer lugar, porque pretende reflexionar sobre la naturaleza de la práctica de actividad física y el deporte, y, en segundo lugar, porque no sabemos si estas situaciones se repetirán en un futuro.
¿Qué somos? ¿Qué hacemos? ¿Qué aportamos a la sociedad? Quizá uno de los problemas del sector ha sido incluir bajo el mismo paraguas, diferentes formas de practicar actividad física, de hacer ejercicio o deporte. Esto confunde a todos los stakeholders implicados, pero sobre todo distorsiona el verdadero valor que implica practicar deporte.
En mi opinión poco ayuda la definición de deporte que encontramos en la Carta Europea del Deporte (Consejo de Europa. Séptima Conferencia de Ministros Europeos responsables del deporte, mayo 1992), al entender que es “todo tipo de actividades físicas que, mediante una participación, organizada o de otro tipo, tengan por finalidad la expresión o la mejora de la condición física y psíquica, el desarrollo de las relaciones sociales o el logro de resultados en competiciones de todos los niveles.”
Una conceptualización tan amplia da cabida a diferentes manifestaciones: deporte para todos, deporte ocio, deporte rendimiento o deporte espectáculo. Que a buen seguro cumplen distintos objetivos: salud, ocio, educación, competición, etc. Así, por ejemplo, pretender que el deporte de alto rendimiento o deporte profesional es salud, es forzar mucho la relación.
Pero la Carta Europea del Deporte nos muestra pistas muy interesantes, que en la situación actual toman mucha más relevancia. Nos habla de la necesidad de promover la práctica del deporte en el conjunto de la población, con fines de ocio, de salud o de mejora de los rendimientos, poniendo a su disposición instalaciones adecuadas, programas diversificados y monitores, directivos o “animadores” cualificados. Y para ello debe coordinarse con los otros campos en que recaen decisiones de política general y de planificación: educación, salud, servicios sociales, ordenación urbana, conservación de la naturaleza, artes y otras actividades de ocio, de modo que el deporte forme parte integrante del desarrollo sociocultural.
El sector viene reclamando la inclusión del deporte en la lista de actividades esenciales. Pero no es necesario, simplemente hay que recordarle a la Administración del Estado, que sea coherente con sus propias decisiones, porque ella misma ya lo ha calificado así. El Ministerio de Cultura y Deporte en su Resolución de 4 de mayo de 2020, de la Presidencia del Consejo Superior de Deportes, por la que se aprueba y publica el Protocolo básico de actuación para la vuelta a los entrenamientos y el reinicio de las competiciones federadas y profesionales (BOE 6 de mayo de 2020), establece como principio básico que el deporte federado, profesional y de alto nivel, por la particularidad del ciclo vital de los deportistas y por las consecuencias que ya ha tenido la primera parte de la pandemia sobre sus calendarios, es una actividad esencial. Además, se considera que la futura vuelta de las competiciones deportivas, tras el largo periodo de confinamiento de la ciudadanía española, contribuirá a mejorar el ánimo y el bienestar psicológico de la población.
La Constitución Española incluyó entre los principios rectores de la política social y económica, que: «Los poderes públicos fomentarán la educación sanitaria, la educación física y el deporte» (artículo 43.3). Por lo tanto, el deporte ha sido reconocido como actividad esencial vinculada a la educación sanitaria y la educación física. Educación, salud y deporte van de la mano.
Más allá del impacto económico y en el empleo que el cierre de las instalaciones y la paralización de las actividades deportivas conlleva, los datos demuestran que el deporte es garante de la salud. Que inactividad física y enfermedad crónica están directamente relacionadas. Que la práctica de ejercicio físico mejora la evolución de muchas enfermedades. Que sedentarismo e inactividad física son responsables de cerca del 15% de las muertes al año en España. Que la actividad física influye en la disminución de los efectos de la enfermedad infecciosa adquirida y que produce ahorro en gasto sanitario. Y por si no fuera suficiente, el informe del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES) muestra que los casos de COVID-19 acumulados en España en actividades deportivas representan el 0,48% sobre el total (626 de 130.673 casos). Siendo en los gimnasios el porcentaje incluso inferior (Actualización nº 250 de 13.11.2020).
¿Alguien da más? Pues sí. Todavía podemos añadir algo interesante. El Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España fue el departamento ministerial con competencias en educación, cultura y deporte entre el 21 de diciembre de 2011 y el 1 de junio de 2018. Efectivamente durante 7 años, educación, cultura y deporte compartían “sillón” ministerial. Se entendía que estos 3 grandes sectores tenías aspectos en común. El deporte ha sido tratado como una manifestación cultural, y hemos hablado de la cultura del deporte. Pero lo que es más importante, en mi opinión, el deporte es un espacio de formación, las instalaciones deportivas son similares a aulas de educación porque en ellas formamos y nos forman. No aprendemos matemáticas o medio natural, se trabajan otra serie de competencias, igual de válidas o más para el desarrollo personal y profesional. Esfuerzo, disciplina, trabajo en equipo, gestión del conflicto, son algunas de las asignaturas que se imparten en estas aulas deportivas.
Si compartimos la anterior reflexión, lo recomendable no es prohibir, no es cerrar, no es impedir desarrollar este derecho, que realmente es “parte de la solución”. Más control y menos prohibición. Seamos capaces de encontrar un espacio de mediación y de diálogo donde alcanzar soluciones amigables. Lejos de solucionar un grave problema estamos generando otros.
Reitero, deporte, salud y educación deben ir de la mano. Cualquier decisión debe ser muy meditada para que no se vuelva en contra. Los equilibrios son muy delicados, no es fácil calibrarlos y hoy la ruptura es importante. Esperemos no llegar a la situación descrita por Eduardo Galeano: “El mundo es una gran paradoja que gira en el universo. A este paso, de aquí a poco los propietarios del planeta prohibirán el hambre y la sed, para que no falten el pan ni el agua.”
Vicente Javaloyes Sanchis
Profesor titular INEFC
GISEAFE – Grupo de Investigación Social y Educativa de la Actividad Física y el Deporte



