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Somos parte de la solución, no del problema

Me hubiera gustado dedicar el último artículo de este “annus horribilis” abordando un tema referente a la gestión de clubs, pero lamentablemente, en el momento de escribir estas líneas, muchas comunidades han cerrado los clubs de fitness de nuevo, o prevén hacerlo en varios territorios. 

ENTRESACADO 1: Desde el punto de vista profesional, resulta muy difícil entender la decisión de cierre de centros deportivos por causas de prevención de salud. Nos quedamos atónitos ante tal contradicción y desconcertados. Si la sociedad reconoce los beneficios de la actividad física, ¿Por qué se castiga al deporte y la actividad física, a usuarios y a entidades, con un cierre por motivos de salud?

ENTRESACADO 2: En nuestro sector, hoy bastante maduro, hemos tenido un crecimiento muy rápido y un aprendizaje forzado a ese ritmo. Y es lógico, correr sin conocer el camino conlleva errores. Devaluamos nuestro propio producto entrando en guerras de precios, un error de gestión que podríamos ilustrar con aquello de “el que solo tiene un martillo, piensa que todo son clavos”. 

Una decisión más que cuestionable que ha levantado al sector, abanderado bajo el lema “somos parte de la solución, no del problema”. No podría estar más de acuerdo.

Creo que nadie con un mínimo sentido común duda de la relación entre la Actividad Física y la salud, ni de la larga lista de beneficios en la vida de una persona: la salud física, la salud mental y el necesario equilibrio entre ambas. 

Sin embargo, a pesar de que esa afirmación parece incuestionable, nos encontramos con decisiones gubernamentales que la niegan implícitamente, desentendiéndose de esa correlación actividad física-salud.

Desde el punto de vista profesional, resulta muy difícil entender la decisión de cierre de centros deportivos por causas de prevención de salud. Nos quedamos atónitos ante tal contradicción y desconcertados. Si la sociedad reconoce los beneficios de la actividad física, ¿Por qué se castiga al deporte y la actividad física, a usuarios y a entidades, con un cierre por motivos de salud?

Buscando respuestas al porqué no se reconoce a los clubs de fitness como servicios esenciales, intuyo dónde podríamos haber suspendido. Uno de los principales motivos tiene mucho que ver precisamente con una asignatura: La educación física: El primer paso para generar el hábito de hacer ejercicio, como algo cotidiano en la vida. Asignatura presente en primaria y secundaria, que no tiene el tratamiento que debería en la etapa escolar. Los hábitos, igual que los valores, las creencias e incluso las opiniones se forjan en la infancia. Es en ese momento cuando la actividad física puede devenir en un futuro, indispensable. Y como tal, los gimnasios un servicio esencial. Sí, parte de la solución contra el sedentarismo y sus consecuencias.

Antes de seguir buscando respuestas, creo que debemos ser capaces de hacer autocrítica. Mi sensación es que no se trata de ser o no ser considerados centros de salud, se trata también de parecerlo. Y hemos dados muchos pasos en sentido contrario. Hoy, lamentablemente, los clubes de fitness, no somos un servicio esencial para la sociedad. En primer lugar,  los ratios de penetración alcanzan, en el mejor de los mercados, el 20%. Ocho de cada diez personas nos ven prescindibles. Algo que ya aprendimos en la anterior crisis económica, cuando vimos muchos clientes que, lo primero a lo que renunciaban era a la cuota del gimnasio. 

Es cierto que no siempre nos hemos proclamado y vendido como centros de salud, aunque se entienda que el deporte, o el ejercicio suma salud. Todo ello, con esa falta de educación física de base en edades tempranas que citaba anteriormente sobreviene, no solo ser considerados prescindibles para la mayor parte de la sociedad, sino también parecerlo. 

En nuestro sector, hoy bastante maduro, hemos tenido un crecimiento muy rápido y un aprendizaje forzado a ese ritmo. Y es lógico, correr sin conocer el camino conlleva errores. Devaluamos nuestro propio producto entrando en guerras de precios, un error de gestión que podríamos ilustrar con aquello de “el que solo tiene un martillo, piensa que todo son clavos”. Nadie contempla un ingeniero o un médico sin más capacitación que la propiamente técnica, gerenciando hospitales o fábricas. 

Facilitamos el intrusismo por carencias en las regulaciones de los técnicos deportivos y vacíos legales que permiten “ser monitor o entrenador personal” como el que hace un curso de repostería online. Quizás hayamos sido muy permisivos. Algo que pagamos ahora cuando tenemos que sumar, a los problemas derivados del cierre o restricciones de aforo;  la intrusión de personas sin el conocimiento necesario en actividad física, como otra fuente de competencia directa, tanto en clases virtuales como ejerciendo de supuestos entrenadores personales al aire libre. Dicho coloquialmente, aquí todo el mundo entiende de fitness y de entrenos…

Tampoco hemos sabido mantenernos unidos, un esfuerzo que sí se ha hecho con la llegada de la pandemia y que supone un paso adelante importante. Creo que el sector requiere caras nuevas, directivos y técnicos vocacionales que aporten un aire fresco.

Me parece indispensable que se incluyan las figuras técnicas de los clubes, no solo gerentes o propietarios. Entrenadores, instructores de actividades dirigidas, coordinadores deportivos. Estar en primera fila te da una visión inalcanzable desde el despacho. 

Siguiendo con la reflexión, hemos puesto el eje de nuestros negocios en el producto, no en los resultados ni en los beneficios de la Actividad física. Hemos vendido equipamientos, tecnología, espacios, diseño, precio, incluso caché. También ocio, diversión, socialización. No hay nada de malo en ello, ¡En absoluto! Y tampoco de errático.

Pero, preguntémonos cuántas campañas comerciales han tratado de vender salud. Y, hablando de resultados, lanzo una segunda pregunta: ¿Cuántos de nuestros clientes han alcanzado sus objetivos?  

El esfuerzo de los clubes en tiempo de pandemia ha sido enorme, admirable. No es nada sencillo ese ejercicio de adaptación que se ha llevado a cabo de forma impecable, y a contrarreloj,  además de los continuados cambios organizativos de personal, horarios, reajustes de espacios y oferta, etc. Todo ello con la preocupación lógica en lo personal y en lo laboral. 

Espero que el 2021 sea un año al que todos lleguemos llenos de esperanza, habiendo aprendido lo inimaginable, listos para iniciar una nueva etapa donde la flexibilidad, el compañerismo, y la templanza forjen nuestra conducta. Una nueva etapa para corroborar nuestra vocación para no desviarnos jamás: Mejorar la condición física y mental de las personas. 

Nada más. Y nada menos.  

Mireia Hernández

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