Una catástrofe como la ocurrida en las riadas de Valencia, ocasiona daños directos debidos a la destrucción de locales, instalaciones, equipamiento y material deportivo, y daños derivados a causa de la suspensión de la actividad, y la disminución, cuando no la pérdida, de usuarios por no poder desplazarse estos hasta los locales y centros deportivos, e incluso por no poder seguir pagando las cuotas de socio. El objeto de este artículo es proponer a los propietarios y gestores de gimnasios y centros deportivos, ubicados zonas con riesgos de riadas, medidas preventivas para evitar o reducir los daños que pudieran ocasionar dichas riadas en caso de producirse.
Con motivo de la DANA o “Gota fría” del 29 de octubre pasado, y los daños causados por la misma en varias Comunidades autónomas españolas, pero con mayor incidencia en la provincia de Valencia dentro de la Comunidad valenciana, están tratando de reparar los daños materiales, ya que la pérdida de vidas humanas desgraciadamente es irreparable y el impacto emocional necesitará llevar su proceso de recuperación.
Dentro de los que han sufrido daños materiales y económicos, en algunos casos muy cuantiosos, se encuentran los gimnasios y centros deportivos ubicados en las zonas afectadas.
Antecedentes históricos:
La tragedia ocurrida el pasado 29 de octubre no es algo nuevo, ya que de ello hay un amplio histórico de episodios de la misma naturaleza en el área levantina y en otras zonas de la geografía española.
Algunos de ellos, han sido los siguientes:
- La riada del 27 de septiembre de 1517 constituye uno de los primeros eventos catastróficos documentados en Valencia por “Gota fría” desde que se tienen registros.
- El 10 de junio de 1796, la provincia de Burgos sufrió un evento climático devastador que afectó gravemente las cosechas de cereales. Este fenómeno, debido probablemente a la formación de una “Gota fría” inusual, que también tuvo repercusiones en otras regiones de España.
- El 15 de octubre de 1879 1879, se produjo la llamada “Riada de Santa Teresa”.
Esta inundación devastadora afectó en la provincia de Murcia a la capital y a otras localidades como Lorca, Librilla y Cieza entre otras, y en la provincia de Alicante a la localidad de Orihuela. Las intensas lluvias provocaron el desbordamiento del río Segura, que adquirió una gran fuerza destructiva a su paso por las áreas habitadas. Dejó un saldo trágico de más de mil muertos y grandes pérdidas materiales, según las crónicas de la época.
- El 11 de septiembre de 1891 se produjo otro desastre natural catastrófico que afectó, sobre todo, el sureste de España. Ese día, lluvias torrenciales causaron una crecida repentina en la rambla de Almería y otros cauces de la región, que no pudieron contener el volumen de agua. La inundación arrasó viviendas, cultivos y puentes. La fuerza de las aguas fue tal que varias calles y edificios quedaron destruidos o muy dañados, y se reportaron numerosas pérdidas humanas y materiales.
Localidades como Adra, Gádor y Benahadux sufrieron inundaciones severas, con extensas áreas agrícolas devastadas y una gran pérdida de cultivos.
- El 14 de octubre de 1957, Valencia vivió una de las inundaciones más devastadoras de su historia, que en realidad fueron dos: una en la noche del 13 al 14 de octubre y otra aún mayor en la tarde del 14.
Durante ese periodo de tiempo, una intensa gota fría causó el desbordamiento del río Turia. En menos de 24 horas, la ciudad quedó completamente anegada y, en los barrios más cercanos al río, el nivel del agua llegó a alcanzar los cinco metros. Este desastre provocó la muerte de, al menos, 81 personas y causó la destrucción de viviendas e infraestructuras.
La magnitud de la catástrofe en Valencia desencadenó medidas importantes para prevenir futuras inundaciones de esta naturaleza. Como respuesta, se desarrolló el “Plan Sur”, un proyecto de ingeniería civil que desvió el cauce del río Turia hacia el sur de la ciudad.
- El 20 de octubre de 1982 se produjo un nuevo episodio de lluvias torrenciales en la vertiente mediterránea que provocó la rotura de la presa de Tous, lo que dio lugar a la crecida del rio Júcar hasta alcanzar una punta de 16000 m³/s. Además, se detectó el primer Complejo Convectivo de Mesoescala (CCM) en Europa a partir del satélite Meteosat. Después de la Pantanada se popularizó el término de «gota fría».
- El 4 de noviembre de 1987, la localidad de Orihuela en la provincia de Alicante, volvió a sufrir unas inundaciones históricas.
- El 14 de septiembre de 2019 se produjo el desastre natural con mayor coste económico en la historia reciente de España, con 1.319 millones de euros. La provincia de Alicante, el sur de Valencia y la Región de Murcia fueron las zonas más golpeadas por este episodio de lluvias torrenciales, que nuevamente en puntos de Orihuela dejó más de 500 l/m² en muy pocas horas Fue aquí cuando el concepto de DANA se hizo muy conocido, ya que hasta entonces solo se usaba en ámbitos técnicos y académicos.
La evidencia de los hechos.
Estos episodios ponen de manifiesto que en el cuadrante sureste de la península ibérica. en los meses de septiembre, octubre y noviembre, se producen episodios devastadores de “Gota fría” o de DANA, que pueden volverse a producirse, y que en prevención de posibles daños, se hace necesario adoptar una serie de medidas.
Otra cuestión es, si estos fenómenos se producen:
- Dentro de los ciclos ya conocidos cómo “El Niño” que según el geógrafo y geólogo Arthur Newell Strahler (1918-2002) tienen lugar según periodos entre tres y ocho años, e impacta en el clima mundial generando temperaturas extremas o cambios en los patrones de precipitación, que conllevan tanto largas sequías en algunas regiones como lluvias intensas que pueden terminar en inundaciones en otras, o…
- Por otras causas no naturales.
Sea por los motivos que sean, los cierto es que las lluvias torrenciales se producen, se pueden volver a producir, y hay que estar preparados para evitar, en lo posible, los daños que las riadas ocasionan.
Por todo ello, tal vez, no deberíamos entrar en el debate de si las lluvias son debidas a una u otra causa, para que no nos ocurra cómo en la fábula de Tomás de Iriarte (1750-1791) sobre los dos conejos que permanecían discutiendo si dos perros que trataban de darles caza eran galgos o podencos, hasta que en medio del debate los perseguidores lograron alcanzarlos con el final que es de suponer.
Aplicando la enseñanza de la fábula al caso que nos ocupa, no parece procedente estar discutiendo el origen de las lluvias torrenciales, cuándo una vez constatado que se producen, lo que hay que hacer sin demora, es prepararse para cuando vuelvan a producirse, y eso, recordemos, lo venimos conociendo desde el año 1517.
A los efectos de actuaciones con motivo de la riada e inundaciones del pasado 29 de octubre, principalmente en la provincia e Valencia, se han realizado y se vienen realizando diversas acciones y trabajos de reconstrucción tendentes a tratar de paliar los daños producidos.
Dentro de dichas actuaciones, hay que destacar la respuesta de la población civil, que desde el primer momento han dado y siguen dando testimonio de solidaridad y generosidad en el esfuerzo compartido.
Pero todas las acciones posteriores al suceso, y por lo tanto reactivas, con ser muy valoradas, no pueden ocultar la necesidad de otras acciones que sean preventivas a corto, medio y largo plazo para poder hacer frente a futuras inundaciones.
Las Administraciones públicas deberán hacer lo que les corresponda en cumplimiento de la legislación vigente y de acuerdo con la normativa de aplicación, y si ambas no fueran suficientes o pertinentes deberán sustituirlas, complementarlas o simplemente actualizarlas, pero mientras, la sociedad civil, también necesita adoptar acciones y medidas preventivas en la medida de sus posibilidades.
Lo primero es optimizar los recursos disponibles, utilizándolos de la manera mas racional posible.
Reconstruir lo destruido parcial o totalmente, va a requerir un gran esfuerzo de todo tipo, comenzando por el económico. Pero si la riada ha puesto de manifiesto algo que tal vez se conocía, pero que ahora se ha hecho aún mas patente, han sido la constatación de las zonas inundables, en las que no parece que, siempre que sea posible, no convenga reconstruir lo perdido en los mismos emplazamientos.
A tal efecto, Annelies Broekman, investigadora del grupo de agua y cambio global del CREAF, en Barcelona, ha manifestado:
«Reconstruir las localidades afectadas como estaban antes es lo peor que podemos hacer», afirma. «Es tirar el dinero y seguir exponiendo a las personas a un peligro que es mayor de lo que imaginaban».
En este artículo, no vamos a ser tan categóricos, pero parece bastante sensato que una situación que ha puesto de manifiesto una vulnerabilidad que ha dado lugar a unos daños muy importantes, se debiera tratar de no repetirla.
Medidas preventivas para gimnasios y centros deportivos.
Por ello, en el caso de los titulares y gestores de gimnasios y centros deportivos ubicados en zonas expuestas a riadas por episodios de lluvias torrenciales, proponemos desde estas páginas lo siguiente:
Lo primero conocer si sus locales y centros deportivos se encuentran o no en zonas inundables.
- Si no se encuentran en esas zonas, evidentemente tratar de reconstruir lo destruido.
- Si se encuentran en zonas inundables, tratar en trasladarse “si es posible” a unas zonas que no lo sean.
- Si no es posible el traslado, y siempre refiriéndonos a zonas inundables: *
* Conviene tener en cuenta que los mapas de zonas inundables debieran estar actualizados, ya que se pueden haber realizado obras públicas en la zona, como por ejemplo carreteras, que hayan modificado las condiciones de inundación.
Las actuaciones siguientes:
- Comprobar el estado de la cimentación de las construcciones y edificaciones, que puedan verse afectadas por una inundación.
- Antes de gestionar mediante una concesión administrativa una instalación o centro deportivo municipal, requerir de la Administración competente, la información de si se encuentra en una zona inundable.
- Solicitar la información de no estar en una zona inundable, antes de comprar o alquilar uno o varios locales, espacios o recintos para montar un gimnasio o centro deportivo.
- Evitar instalaciones deportivas cómo gimnasios, en locales ubicados bajo rasante como sótanos o semisótanos.
- Comprobar el drenaje de los terrenos deportivos al aire libre.
- Adquirir barreras contra inundaciones para los locales en que puedan ser de utilidad.
- Tratar de que los locales dispongan de dos alturas, para guarecerse en la planta superior en caso de inundación.
- En el caso de locales con dos alturas sobre rasante, tener en cuenta la accesibilidad para personas con movilidad reducida (rampas accesibles).
- Tener en cuenta a efectos de Plan de emergencia, que a diferencia de la hipótesis de incendio en la que deba procederse a la evacuación, en el caso de inundación, habrá casos en que sea necesario el confinamiento o refugio dentro de los locales, siempre y cuando sea posible hacerlo por encima de los tres metros, teniendo en cuenta la altura alcanzada por la riada en algunas localidades.
Recordemos que ha habido casos de localidades inundadas en las que no llovió, pero la riada fue debida a una avalancha súbita de agua y lodo procedente de otras zonas mas elevadas en las que si llovió torrencialmente.
- Evitar en lo posible, aparcamientos de vehículos en zonas bajas del terreno o en garajes ubicados en sótanos.
El IKEA Alfafar se salvo de la tragedia gracias a su diseño, y permitió que se refugiaran en su interior 700 personas.
- Disponer de un sistema de aviso de alarma óptico-acústico dentro de los locales del gimnasio o centro deportivo. (El avisador óptico es para las personas con deficiencia auditiva).
- En locales o centros deportivos de grandes dimensiones, disponer junto a los avisadores óptico-acústicos, de un sistema de megafonía apto para emitir mensajes.
- Disponer de un manual con indicaciones básicas sobre “que hacer” y “que no hacer” en caso de inundación para usuarios y empleados.
- Realizar simulacros anuales de emergencia por inundación, además de los simulacros de emergencia por incendio.
Conclusiones.
Esperemos aprender de lo ocurrido, y además de ser reactivos, ser también preventivos para poder hacer frente a posibles situaciones futuras, y hacer llegar a los usuarios y empleados de gimnasios y centros deportivos, la tranquilidad de que están en espacios protegidos respecto a posibles contingencias por inundación.
Por José Luis Gómez Calvo
Analista de riesgos.
Experto en seguridad de instalaciones y actividades deportivas



