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Ejercicio físico y lactancia materna, juntos mejor

Ejercicio físico y lactancia materna, juntos mejor

El ejercicio físico durante el embarazo se presenta como seguro y beneficioso tanto para la madre como para el feto. Los ya conocidos beneficios del ejercicio físico maternal incluyen un aumento en la tasa de parto a término, medidas de nacimiento normalizadas, riesgo reducido de macrosomía y mejora de las capacidades neuroconductuales y de la salud autonómica cardíaca.

La lactancia materna está considerada como un factor que aporta grandes beneficios tanto al bebé como a la madre. Tal es así, que el papel de la lactancia materna está reconocido en las discusiones sobre los antecedentes nutricionales de la obesidad infantil y posterior. La lactancia materna tiene ventajas nutricionales e inmunológicas bien establecidas. Los niños amamantados tienen una probabilidad de un 13% menor de tener sobrepeso u obesidad en comparación con los niños alimentados con biberón (Ip et al., 2007; Moholdt & Stanford, 2024).

Es por ello que la asociación americana de pediatría recomienda que dicha práctica se lleve a cabo de manera exclusiva durante los 6 primeros meses de vida del infante y hasta los 2 años como alimento complementario, también conocido como los primeros 1000 días (Mameli et al., 2016; Pediatrics, 2012).

Por su parte, el ejercicio físico durante el embarazo se presenta como seguro y beneficioso tanto para la madre como para el feto. Los ya conocidos beneficios del ejercicio físico maternal incluyen un aumento en la tasa de parto a término, medidas de nacimiento normalizadas, riesgo reducido de macrosomía y mejora de las capacidades neuroconductuales y de la salud autonómica cardíaca (Moyer et al., 2016; Syed et al., 2021).

Todo ello nos ha llevado a cuestionarnos si este gran potencial que posee el ejercicio físico durante esta etapa de la vida de la mujer tiene también influencia en la leche materna y si ello tiene repercusión en la descendencia.

En primer lugar, nombrar que ya se sabe que la práctica de ejercicio no influye negativamente en la producción de leche ni en la calidad de la misma, independientemente de la intensidad del mismo, lo que hace su práctica totalmente segura en dicha etapa nutricional del bebé (Be’er et al., 2020; Dewey et al., 1994; Holmen et al., 2023; Syed et al., 2021).

Partiendo de dicha seguridad, la ciencia empieza a vislumbrar algunos indicios de que el ejercicio físico puede mejorar el contenido de la leche materna, incluso la producción de la misma, lo cual hace de dicha combinación un hecho esperanzador como medio parar poder incidir positivamente en la salud de nuestros bebés.

Existen trabajos donde muestran cómo la realización de un entrenamiento concurrente durante todo el embarazo parece mejorar la calidad en la composición de la leche materna tras el parto (Aparicio et al., 2018).

Más concretamente, este grupo de trabajo obtuvo unos resultados prometedores en los que, aquellas mujeres que entrenaron durante el embarazo, mostraron un perfil menos proinflamatorio de la leche materna, especialmente en el calostro (menor concentración de IL-6, IL-8 y TNF-α). También vieron que la leche de aquellas mujeres que entrenaron durante el embarazo tuvieron una mayor concentración de fractalcinas y de IL-10 en la leche materna madura (6 semanas postparto), lo que puede promover un mayor desarrollo neurológico y neuroprotector en los recién nacidos (Aparicio et al., 2018; Moholdt & Stanford, 2024). Incluso se ha observado que, en aquellas mujeres que previamente han pasado la Covid-19, el entrenamiento parece aumentar la expresión de los anticuerpos específicos de dicho virus en la leche materna, aportando una mayor protección ante la posible infección en los lactantes (Juncker et al., 2023).

Estos datos prometedores parecen ponernos en un buen punto de partida, pues sabemos que los nombrados 1000 primeros días es el periodo de tiempo más crítico en el que se pueden desarrollar trastornos fisiopatológicos que pueden conducir a la obesidad en etapas posteriores de la vida (Mameli et al., 2016).

Los datos de cohortes humanas han demostrado que un aumento de peso rápido en los primeros 3 meses de vida está asociado con un mayor porcentaje de grasa corporal y un mayor grado de obesidad central en la infancia (Chomtho et al., 2008) y más tarde en la vida (Leunissen et al., 2009).

Ante dicha evidencia, existen algunos trabajos que nos indican que tras la realización de entrenamiento aeróbico (1 hora), principalmente en los de alta intensidad, se produce un aumento en la concentración de adiponectina en la leche materna. Concentraciones altas de adiponectina se asocian con una disminución del peso del bebé y de la circunferencia abdominal en el primer año de vida. Ello nos sugiere, aunque se necesita de más estudios para confirmarlo, que el ejercicio físico puede ayudar a la leche materna en la concentración de dicha adipocitocina y con ello influir positivamente en el desarrollo del lactante (Holmen et al., 2023; Moholdt et al., 2023).

Otra lipoxina, el ácido 12,13-dihidroxi-9Z-octadecenoico (12,13-diHOME), regula la absorción de combustible y la termogénesis del tejido adiposo pardo. Esta lipocina se descubrió recientemente en la leche humana y su abundancia está inversamente correlacionada con la adiposidad infantil. 12,13-diHOME aumenta la absorción de ácidos grasos en el músculo esquelético y sus concentraciones plasmáticas aumentan de forma aguda después del ejercicio de resistencia aeróbica, aunque dicho aumento solo parece darse de manera transitoria, por lo que no se puede asegurar si tal efecto desempeña un papel determinante en la limitación del rápido aumento de peso temprano en los recién nacidos (Moholdt & Stanford, 2024).

Otro de los beneficios que parece aportar el entrenamiento aeróbico a la leche materna es un aumento de 3´sialilactosa (3SL). En un trabajo que se realizó con ratones se observó que el entrenamiento aeróbico aumenta en la leche de ratón la concentración de 3′sialilactosa (3′SL), un oligosacárido crucial para asegurar la salud metabólica (menor peso corporal y masa grasa y mayor tolerancia a la glucosa) en los lactantes. El mismo estudio también mostró que los niveles de este oligosacárido en la leche materna humana 2 meses después del parto tenían una correlación débil pero significativa con el número medio de pasos dados por día durante el embarazo (Harris et al., 2020). Todo ello también muestra indicios de gran importancia y, si se confirman en humanos, se convertirá en un hecho relevante.

Hemos de decir que algunos trabajos indican que la influencia del ejercicio físico sobre el contenido de la leche materna parece venir determinado sobre la flexibilidad metabólica y la composición corporal de la madre, siendo de peor calidad la leche de aquellas mujeres que tienen un IMC más elevado y son metabólicamente menos flexibles (Maples et al., 2020).

Por último, indicar que sí parece que existe cierta evidencia a tener en cuenta sobre la influencia de la práctica de relajación (trabajo respiratorio, mindfulness, relajación con música, relajación dirigida, entre otros) en la leche materna. Más concretamente existe certeza moderada en la relación entre las prácticas de relajación con una respuesta de relajación fisiológica en la madre lactante, un aumento en la cantidad de leche materna y un aumento adecuado de peso del lactante (en el contexto de la lactancia materna) (Levene et al., 2024).

Todos los datos expuestos, aunque necesitados de una mayor evidencia y de datos más concluyentes, nos ponen ante indicios muy prometedores que nos sugieren que el ejercicio físico bien programado, principalmente el entrenamiento aeróbico de moderada-alta intensidad, puede influir sobre las características de la leche materna, influyendo indirectamente en la salud del lactante a corto plazo y predisponiéndole en cierta medida a una buena salud metabólica para etapas posteriores de su vida.

Seguiremos estando atentos a las novedades de la ciencia, hasta entonces… ¡a moverse!

BIBLIOGRAFÍA

Aparicio, V. A., Ocón, O., Diaz-Castro, J., Acosta-Manzano, P., Coll-Risco, I., Borges-Cósic, M., Romero-Gallardo, L., Moreno-Fernández, J., & Ochoa-Herrera, J. J. (2018). Influence of a Concurrent Exercise Training Program During Pregnancy on Colostrum and Mature Human Milk Inflammatory Markers: Findings From the GESTAFIT Project. Journal of Human Lactation, 34(4), 789–798.

Be’er, M., Mandel, D., Yelak, A., Gal, D. L., Mangel, L., & Lubetzky, R. (2020). The Effect of Physical Activity on Human Milk Macronutrient Content and Its  Volume. Breastfeeding Medicine : The Official Journal of the Academy of Breastfeeding  Medicine, 15(6), 357–361.

Chomtho, S., Wells, J. C., Williams, J. E., Davies, P. S., Lucas, A., & Fewtrell, M. S. (2008). Infant growth and later body composition: evidence from the 4-component model. The American Journal of Clinical Nutrition, 87(6), 1776–1784.

Dewey, K. G., Lovelady, C. A., Nommsen-Rivers, L. A., McCrory, M. A., & Lönnerdal, B. (1994). A randomized study of the effects of aerobic exercise by lactating women on  breast-milk volume and composition. The New England Journal of Medicine, 330(7), 449–453.

Harris, J. E., Pinckard, K. M., Wright, K. R., Baer, L. A., Arts, P. J., Abay, E., Shettigar, V. K., Lehnig, A. C., Robertson, B., Madaris, K., Canova, T. J., Sims, C., Goodyear, L. J., Andres, A., Ziolo, M. T., Bode, L., & Stanford, K. I. (2020). Exercise-induced 3’-sialyllactose in breast milk is a critical mediator to  improve metabolic health and cardiac function in mouse offspring. Nature Metabolism, 2(8), 678–687.

Holmen, M., Giskeødegård, G. F., & Moholdt, T. (2023). High-intensity exercise increases breast milk adiponectin concentrations: a  randomised cross-over study. Frontiers in Nutrition, 10, 1275508.

Ip, S., Chung, M., Raman, G., Chew, P., Magula, N., DeVine, D., Trikalinos, T., & Lau, J. (2007). Breastfeeding and maternal and infant health outcomes in developed countries. Evidence Report/Technology Assessment, 153, 1–186.

Juncker, H. G., van Doesburg, M., de Groot, C. J. M., Pajkrt, D., Korosi, A., van Gils, M. J., van Goudoever, J. B., & van Keulen, B. J. (2023). Physical activity in lactating women influences SARS-CoV-2-specific antibodies in  human milk. Heliyon, 9(8), e19218.

Leunissen, R. W. J., Kerkhof, G. F., Stijnen, T., & Hokken-Koelega, A. (2009). Timing and tempo of first-year rapid growth in relation to cardiovascular and  metabolic risk profile in early adulthood. JAMA, 301(21), 2234–2242.

Levene, I., Mohd Shukri, N. H., O’Brien, F., Quigley, M. A., & Fewtrell, M. (2024). Relaxation Therapy and Human Milk Feeding Outcomes: A Systematic Review and  Meta-Analysis. JAMA Pediatrics, 178(6), 567–576.

Mameli, C., Mazzantini, S., & Zuccotti, G. V. (2016). Nutrition in the First 1000 Days: The Origin of Childhood Obesity. International Journal of Environmental Research and Public Health, 13(9).

Maples, J. M., McCarley, C., Blankenship, M. M., Yoho, K., Johnson, K. P., Fortner, K. B., & Tinius, R. A. (2020). Metabolic Flexibility and Weight Status May Contribute to Inter-Individual  Changes in Breastmilk Lipid Content in Response to an Acute Bout of Exercise: Preliminary Findings from a Pilot Study. International Journal of Exercise Science, 13(2), 1756–1769.

Moholdt, T., Ashby, E. R., Tømmerdal, K. H., Lemoine, M. C. C., Holm, R. L., Sætrom, P., Iversen, A.-C., Ravi, A., Simpson, M. R., & Giskeødegård, G. F. (2023). Randomised controlled trial of exercise training during lactation on breast milk  composition in breastfeeding people with overweight/obesity: a study protocol for the MILKSHAKE trial. BMJ Open Sport & Exercise Medicine, 9(4), e001751.

Moholdt, T., & Stanford, K. I. (2024). Exercised breastmilk: a kick-start to prevent childhood obesity? Trends in Endocrinology and Metabolism: TEM, 35(1), 23–30.

Moyer, C., Reoyo, O. R., & May, L. (2016). The Influence of Prenatal Exercise on Offspring Health: A Review. Clinical Medicine Insights. Women’s Health, 9, 37–42.

Pediatrics, A. A. of. (2012). Breastfeeding and the use of human milk. Section on breastfeeding. Pediatrics, 129(3), e827–e841.

Syed, H., Slayman, T., & DuChene Thoma, K. (2021). ACOG Committee Opinion No. 804: Physical Activity and Exercise During Pregnancy  and the Postpartum Period. Obstetrics and Gynecology, 137(2), 375–376.

Francisco José Rodríguez López

Director en Investigación en la Mujer, Ciencias del Entrenamiento y la Salud

(IMUCES)

Graduado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte

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