Nueva investigación pone en jaque las recomendaciones de ejercicio de la OMS
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Nueva investigación pone en jaque las recomendaciones de ejercicio de la OMS

Un nuevo estudio está reabriendo el debate sobre la validez de las actuales recomendaciones de ejercicio de la Organización Mundial de la Salud (OMS). La investigación, liderada por la University of Sydney y la University of East Anglia, analizó datos objetivos de actividad física de más de 73.000 adultos mediante dispositivos wearables y concluye que el ejercicio vigoroso puede ser entre cuatro y nueve veces más eficaz que el ejercicio moderado en la reducción del riesgo de mortalidad y enfermedades cardiometabólicas. Estos resultados cuestionan las equivalencias tradicionales entre intensidad y volumen que sustentan las guías globales de actividad física.

El estudio, publicado en Nature Communications, y titulado Wearable device-based health equivalence of different physical activity intensities against mortality, cardiometabolic disease and cancer, se basa en una de las mayores cohortes analizadas hasta la fecha con medición objetiva de la actividad física. A diferencia de gran parte de la evidencia previa —fundamentada en cuestionarios y autodeclaraciones— los investigadores utilizaron acelerómetros para registrar de forma precisa la intensidad, duración y frecuencia del movimiento real de los participantes.

Los resultados muestran que pequeños volúmenes de ejercicio vigoroso, como correr, entrenamientos de alta intensidad o actividades que elevan significativamente la frecuencia cardiaca, se asocian con reducciones mucho más pronunciadas del riesgo de enfermedad cardiovascular y mortalidad total que periodos más largos de actividad moderada, como caminar. En términos prácticos, un solo minuto de ejercicio vigoroso podría equivaler a entre cuatro y nueve minutos de ejercicio moderado, y a decenas de minutos de actividad ligera, en cuanto a beneficios para la salud.

Este hallazgo pone en entredicho uno de los supuestos clave de las recomendaciones actuales de la OMS, que establecen una equivalencia relativamente simple entre intensidades: 150–300 minutos semanales de actividad moderada o 75–150 minutos de actividad vigorosa. Según los autores, esta relación podría infravalorar de forma sistemática el impacto real de la intensidad, especialmente en la prevención de enfermedades cardiometabólicas.

La investigación no cuestiona que caminar u otras actividades moderadas sean saludables, sino que subraya que no todos los estímulos generan el mismo efecto fisiológico. De hecho, los beneficios más marcados se observaron en personas que incorporaban picos regulares de actividad intensa, incluso cuando el volumen total de ejercicio semanal no era especialmente elevado. Esto refuerza la idea de que la intensidad actúa como un multiplicador de beneficios, siempre que se adapte al nivel y condición de cada individuo.

Para el sector fitness y los profesionales del ejercicio, las implicaciones son relevantes. Las guías de la OMS influyen en políticas públicas, programas de prescripción de ejercicio, mensajes de salud poblacional y en la forma en que los centros deportivos diseñan sus ofertas.

Si futuras revisiones confirman estos resultados, podría producirse un cambio de enfoque hacia modelos que prioricen sesiones más cortas pero mejor estructuradas, con mayor protagonismo del trabajo vigoroso y una progresión bien planificada.

Los autores insisten en que estos hallazgos no deben interpretarse como una llamada al entrenamiento extremo indiscriminado. El ejercicio vigoroso no es adecuado para todas las personas ni en cualquier contexto, y el riesgo de lesión o eventos adversos debe gestionarse con criterio profesional. Sin embargo, el estudio sí plantea la necesidad de revisar mensajes simplificados del tipo “todo movimiento cuenta por igual” y avanzar hacia recomendaciones más precisas y basadas en evidencia objetiva.

Por el momento, la OMS no ha anunciado cambios en sus guías oficiales. No obstante, este trabajo se suma a un creciente cuerpo de evidencia que sugiere que la intensidad del ejercicio ha sido históricamente subestimada en las recomendaciones globales. En un contexto de falta de tiempo, baja adherencia y creciente prevalencia de enfermedades crónicas, el debate está servido: no se trata solo de moverse más, sino de entender mejor cómo y con qué intensidad hacerlo.

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