Ergofobia y Actividad Física
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Ergofobia y Actividad Física

El político y juez estadounidense William Hazlett Upson (1823-1910) definió la ergofobia como «el arte de la pereza» y «el miedo morboso u odio al trabajo,» en un artículo publicado en el Saturday Evening Post en el año 1933. En realidad, Upson estaba hablando de una especie de “abulia” caracterizada por pasividad, desinterés, y una falta de voluntad generalizada hacia todo aquello que implique trabajo o esfuerzo.

La palabra griega «fobos» proviene de la mitología griega. Fobos se traduce como miedo, terror, pánico, o huida por miedo. Un trastorno fóbico representa la existencia de un temor desproporcionado hacia un determinado objeto o situación que en realidad representa muy poca o ninguna amenaza. 

Por otro lado, la palabra «ergo» proviene del griego “ergon,” que significa trabajo. Juntando las palabras “ergo” y “fobia” obtenemos el término psiquiátrico “ergofobia,” objeto de este artículo. 

La ergofobia se describe como una aversión y un miedo extremo y debilitante asociado al trabajo profesional. Por lo tanto, las características de la ergofobia suelen ser compatibles con la fobia social o la ansiedad de rendimiento, específicamente la ansiedad irracional sobre el trabajo, el esfuerzo, y el entorno laboral. 

El psicólogo estadounidense Herbert Freudenberger (1927-1999) posteriormente utilizó el termino ergofobia para describir un fenómeno del agotamiento físico y emocional con actitudes negativas asociadas. Todas ellas surgidas de interacciones intensas al tener que trabajar con otras personas en condiciones repetitivas de alta exigencia, estrés, y aburrimiento.

En esencia, la ergofobia presenta síntomas físicos y psicológicos asociados con la ansiedad, el miedo, y la evitación del entorno laboral. Además, quienes la padecen exhiben incompetencia y rendimiento inferior al esperado. Estas personas incumplen los requisitos laborales, les cuesta conservar el empleo, evitan asumir responsabilidades, y se desconectan de sus labores a modo de un “silent quitter” – o sea una persona que, aunque siga asistiendo al trabajo, se desconecta y renuncia de forma emocional y silenciosa a sus obligaciones.

Los síntomas de la ergofobia incluyen ansiedad, taquicardia, sequedad bucal, dilatación pupilar, sudoración excesiva, malestar general, y ataques de pánico. Estos individuos suelen sentirse estresados ​​por exigencias laborales, tareas cotidianas, evaluaciones y controles de calidad, y presentaciones orales. Todos estos factores se han acentuado durante el Covid-19 (2020 a 2023), y muy especialmente en los meses y años posteriores.

Los diversos sistemas de evaluación y constantes controles de calidad son herramientas importantes en organizaciones que intentan mejorar el compromiso y la productividad de los empleados. Dichos sistemas crean presión y pueden, incluso, exacerbar el agotamiento emocional de los empleados y, eventualmente crear un estado de ergofobia.

El miedo y/o la aversión al trabajo es un concepto amplio y su empleo suele ser susceptible a errores. En ocasiones, uno piensa que tiene ergofobia cuando simplemente está lidiando con el estrés laboral o bien padece un trastorno de ansiedad generalizada o de ansiedad social.

La ergofobia es controlable mediante medicación, psicoterapia, y la actividad física bien programada e implementada. La actividad física regular y de moderada intensidad contribuye a reducir la ansiedad y mejorar el estado de ánimo, contribuyendo indirectamente al control de la ergofobia. Recordemos que, por definición, el individuo ergofobico tiende a la inmovilidad y no desea realizar ningún tipo de trabajo, incluso una actividad física regular.

Al incorporar el combo de ejercicio físico regular con un eficaz entrenador personal, la persona ergofobica es motivada para controlar el miedo y la aversión al trabajo, así como los estados de ansiedad, estrés, ira contenida, obsesiones, y depresión asociados. Es fundamental desarrollar una relación positiva con el trabajo, la actividad física, con uno mismo, y la vida en general.

A continuación, y en apretada síntesis, se enumeran las formas en que la actividad física actúa como factor terapéutico en la ergofobia: 1.- reduce la ansiedad y el estrés (liberando endorfinas que reducen la ansiedad y mejoran el estado de ánimo); 2.- distrae de las preocupaciones obsesivas (proporcionando una distracción saludable de las rumiaciones y la ansiedad relacionadas con las exigencias laborales); 3.- mejora la calidad y cantidad del sueño (proporcionando un mejor sueño con el fin de lograr un bienestar general y controlar la ansiedad); 4.- crea un estilo de vida más activa y saludable (en combinación con una dieta saludable que facilita el control de la ansiedad); 5.- el entrenador como psicoterapeuta (conectando y conversando con el entrenador como si fuese un terapeuta ayuda a expresar las emociones negativas y frustraciones laborales, así como lograrar una mejor adaptación a la vida); 6.- ayuda a cultivar amistades en el gimnasio (interactuando con otras personas influye positivamente sobre la ansiedad, el estrés, la depresión, las obsesiones, y la autoestima); 7.- si la ergofobia continua disminuyendo la motivación y la calidad de vida del sujeto, es recomendable ponerse en manos de un buen y experimentado especialista en salud mental que comprenda a fondo lo que son la ansiedad, la depresión, el estrés, las obsesiones, la desconexión silenciosa, la abulia, y los beneficios de la actividad física regular.

Guillermo A. Laich de Koller
Doctor en Medicina y Cirugía

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