El entrenamiento de suelo pélvico como medio para afrontar un prolapso
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El entrenamiento de suelo pélvico como medio para afrontar un prolapso

Como hemos podido comprobar en artículos anteriores, las lesiones de suelo pélvico son una realidad que tienen que afrontar muchas mujeres a lo largo de su vida, afectando a su salud y calidad de vida. Una de estas lesiones son los prolapsos de órganos pélvicos (POP), afección con cierta prevalencia en la vida de la mujer a partir de cierta edad y tras vivir algunos eventos.

A continuación, vamos a analizar dicha lesión y a vislumbrar lo que la literatura científica nos muestra como posibles herramientas para ayudar, desde nuestra posición como entrenadores, a las mujeres que padezcan dicha situación.

El POP es una afección caracterizada por el descendimiento de una o más estructuras pélvicas, entre las cuales se incluyen la vejiga (cistocele), recto del ano (rectocele), ápex vaginal (cúpula vaginal), útero (uterocele) o intestino delgado (enterocele) (Haylen et al., 2016; Khan et al., 2013).

La etiología del POP es multifactorial, identificándose la edad avanzada y el parto vaginal como los factores contribuyentes más significativos (Weintraub et al., 2020).

Las mujeres con POP generalmente experimentan una o más molestias que incluyen sensación de pesadez pélvica, dolor lumbar o disfunción de la micción y/o defecación. Estos síntomas afectan enormemente la calidad de vida e incluso pueden provocar problemas sociales, psicológicos y sexuales (Haylen et al., 2016; Khan et al., 2013; Takaoka et al., 2020).

La prevalencia de POP en la población general oscila entre el 2.9% y el 50%, debido a la falta de una definición estándar, las diferencias en las características demográficas de la población encuestada y los registros imperfectos. Las tasas reportadas de POP en estadio II o superior oscilan entre el 18% y el 56% dentro de los 3 a 6 meses postparto, esperándose una remisión natural. Entre las mujeres de mediana edad y mayores, especialmente aquellas mayores de 50 años, la prevalencia se estima entre el 30% y el 60% (Fleischer & Thiagamoorthy, 2020; Weintraub et al., 2020).

Las líneas terapéuticas actuales para el POP pasan por la intervención quirúrgica o por un enfoque más conservador, entre los que destaca el entrenamiento de los músculos del suelo pélvico (EMSP) y el pesario (Wu et al., 2014).

Cabe destacar que la intervención quirúrgica tiene unos resultados subóptimos, teniendo una recurrencia del POP tras la cirugía que oscila entre el 6% y el 30%. Además, la naturaleza invasiva de la cirugía puede llevar a complicaciones postoperatorias, tales como dolor pélvico, sangrado vaginal persistente y dispareunia (Olsen et al., 1997; Wu et al., 2014).

En contraposición, con una creciente evidencia, el EMSP parece ser una herramienta conservadora eficaz y se recomienda cada vez más como tratamiento de primera línea en las mujeres con POP (Bo et al., 2017; Hoff Brækken et al., 2010; Stüpp et al., 2011).

Diversos estudios han observado la existencia de diferencias morfológicas en las estructuras del suelo pélvico entre las mujeres con POP y aquellas sin afección. Más concretamente se ha visto un aumento del área del hiato elevador (DeLancey et al., 2025), una posición más baja del cuello de la vejiga y la ampolla rectal (Shek & Dietz, 2016) y un menor tamaño del músculo elevador del ano (Chen et al., 2006).

La evidencia emergente parece indicar que el EMSP podría incidir positivamente en estos parámetros morfológicos (Hoff Brækken et al., 2010; Zhao et al., 2024), dado que puede contribuir a elevar la posición de reposo de la vejiga y recto, aumentar la fuerza de la musculatura del suelo pélvico y mejorar la coordinación y resistencia de dicha musculatura (Hoff Brækken et al., 2010; Stüpp et al., 2011), aunque habría que indicar que toda esta evidencia aún es escasa.

Por todo ello, vamos a analizar las últimas revisiones sistemáticas y metaanálisis publicadas hasta la fecha, y así poder acercarnos más a la realidad contrastada sobre el tema que abordamos.

Recientemente, ShahAli y colaboradores (2025) han publicado una revisión sistemática y metaanálisis donde evaluaron los efectos del EMSP sobre la morfometría de los músculos del suelo pélvico en mujeres diagnosticadas con POP.

Los resultados que obtuvieron son muy prometedores, indicando que el EMSP podría mejorar los parámetros morfométricos de los músculos del suelo pélvico, la fuerza muscular y el estadío del POP, concretamente en mujeres con POP en estadío I-III (ShahAli et al., 2025).

Los datos obtenidos apoyan la eficacia del EMSP en la reducción del área del hiato elevador tanto en reposo como durante la maniobra de Valsalva, así como una mejora en la posición del cuello de la vejiga, todo ello debido a adaptaciones morfológicas medibles. Esto parece darse por la hipertrofia de la musculatura del suelo pélvico o la remodelación arquitectónica en respuesta al EMSP, particularmente en población postparto (ShahAli et al., 2025). Estos datos coinciden con los obtenidos en una revisión previa (Bø, 2024), lo que le aporta una relevancia clínica en la rehabilitación del POP.

A todo ello habría que añadir que la heterogeneidad en los protocolos de EMSP, en los métodos de estudio de imagen y en la intensidad de la supervisión debilita la consistencia de los datos obtenidos. Por lo que se necesita de más trabajos de calidad, con intervenciones estandarizadas y con seguimiento a largo plazo para confirmar estos hallazgos y especificar parámetros de entrenamientos óptimos (ShahAli et al., 2025).

A pesar de esto último, los hallazgos respaldan el valor potencial del EMSP supervisado como la opción de manejo conservador de primera línea para el POP, mejorando la fuerza de la musculatura del suelo pélvico, lo que puede contribuir a mejorar el estadío de la lesión (ShahAli et al., 2025).

Un trabajo previo realizado por Brown y colaboradores (2025) también apoya los datos expuestos en mujeres jóvenes, indicando que parece darse una mejora más significativa en la lesión cuando se utilizaban, en combinación con el EMSP, métodos como la biorretroalimentación y la estimulación eléctrica (Brown et al., 2025).

Todos estos datos hacen que, a pesar de tener cierta cautela por las limitaciones presentes en los estudios, optemos, desde nuestra función como entrenadores, por el uso del EMSP supervisado para ayudar a las mujeres diagnosticadas con POP a mejora su salud y calidad de vida.

Como siempre indicamos, debemos estar atentos a la ciencia, pues es el medio que tenemos para llegar a ser lo más profesional y serios posibles en nuestro hacer como profesionales del ejercicio físico.

Por lo tanto, seguiremos estando atentos para traeros las actualizaciones más recientes y podamos estar a la vanguardia en las Ciencias del Ejercicio Físico enfocado a la mejora de la salud en la mujer.

REFERENCIAS

Bø, K. (2024). Mechanisms for pelvic floor muscle training: Morphological changes and  associations between changes in pelvic floor muscle variables and symptoms of female stress urinary incontinence and pelvic organ prolapse-A narrative review. Neurourology and Urodynamics, 43(8), 1977–1996.

Bo, K., Frawley, H. C., Haylen, B. T., Abramov, Y., Almeida, F. G., Berghmans, B., Bortolini, M., Dumoulin, C., Gomes, M., McClurg, D., Meijlink, J., Shelly, E., Trabuco, E., Walker, C., & Wells, A. (2017). An International Urogynecological Association (IUGA)/International Continence  Society (ICS) joint report on the terminology for the conservative and nonpharmacological management of female pelvic floor dysfunction. International Urogynecology Journal, 28(2), 191–213.

Brown, C. A., Toong, P. J., Kearney, R., Hagen, S., & McPeake, J. (2025). Systematic Review of Evidence for Conservative Management of Pelvic Organ  Prolapse in Younger Women. International Urogynecology Journal, 36(3), 477–490.

Chen, L., Hsu, Y., Ashton-Miller, J. A., & DeLancey, J. O. L. (2006). Measurement of the pubic portion of the levator ani muscle in women with  unilateral defects in 3-D models from MR images. International Journal of Gynaecology and Obstetrics: The Official Organ of the  International Federation of Gynaecology and Obstetrics, 92(3), 234–241.

DeLancey, J. O. L., Mastrovito, S., Masteling, M., Hong, C. X., Ashton-Miller, J. A., & Chen, L. (2025). Hiatus and pelvic floor failure patterns in pelvic organ prolapse: a 3D MRI study  of structural interactions using a level III conceptual model. American Journal of Obstetrics and Gynecology, 233(1), 47.e1-47.e12.

Fleischer, K., & Thiagamoorthy, G. (2020). Pelvic organ prolapse management. Post Reproductive Health, 26(2), 79–85.

Haylen, B. T., Maher, C. F., Barber, M. D., Camargo, S., Dandolu, V., Digesu, A., Goldman, H. B., Huser, M., Milani, A. L., Moran, P. A., Schaer, G. N., & Withagen, M. I. J. (2016). An International Urogynecological Association (IUGA) / International Continence  Society (ICS) joint report on the terminology for female pelvic organ prolapse (POP). International Urogynecology Journal, 27(2), 165–194.

Hoff Brækken, I., Majida, M., Engh, M. E., & Bø, K. (2010). Morphological changes after pelvic floor muscle training measured by  3-dimensional ultrasonography: a randomized controlled trial. Obstetrics and Gynecology, 115(2 Pt 1), 317–324.

Khan, Z. A., Whittal, C., Mansol, S., Osborne, L. A., Reed, P., & Emery, S. (2013). Effect of depression and anxiety on the success of pelvic floor muscle training  for pelvic floor dysfunction. Journal of Obstetrics and Gynaecology : The Journal of the Institute of  Obstetrics and Gynaecology, 33(7), 710–714.

Olsen, A. L., Smith, V. J., Bergstrom, J. O., Colling, J. C., & Clark, A. L. (1997). Epidemiology of surgically managed pelvic organ prolapse and urinary  incontinence. Obstetrics and Gynecology, 89(4), 501–506.

ShahAli, S., Bø, K., Hejazi, A., Hashemi, H., & Kharaji, G. (2025). Effect of pelvic floor muscle training on pelvic floor muscle morphometry in  subjects with pelvic organ prolapse: a systematic review and meta-analysis. BMC Women’s Health, 25(1), 542.

Shek, K. L., & Dietz, H. P. (2016). Assessment of pelvic organ prolapse: a review. In Ultrasound in obstetrics & gynecology : the official journal of the International  Society of Ultrasound in Obstetrics and Gynecology (Vol. 48, Issue 6, pp. 681–692).

Stüpp, L., Resende, A. P. M., Oliveira, E., Castro, R. A., Girão, M. J. B. C., & Sartori, M. G. F. (2011). Pelvic floor muscle training for treatment of pelvic organ prolapse: an  assessor-blinded randomized controlled trial. International Urogynecology Journal, 22(10), 1233–1239.

Takaoka, S., Kobayashi, Y., & Taniguchi, T. (2020). Effect of pelvic floor muscle training program in reducing postpartum levator  hiatus area in Japanese women: A prospective cohort study using three-dimensional ultrasonography. Japan Journal of Nursing Science : JJNS, 17(4), e12346.

Weintraub, A. Y., Glinter, H., & Marcus-Braun, N. (2020). Narrative review of the epidemiology, diagnosis and pathophysiology of pelvic  organ prolapse. International Braz j Urol : Official Journal of the Brazilian Society of Urology, 46(1), 5–14.

Wu, J. M., Matthews, C. A., Conover, M. M., Pate, V., & Jonsson Funk, M. (2014). Lifetime risk of stress urinary incontinence or pelvic organ prolapse surgery. Obstetrics and Gynecology, 123(6), 1201–1206.

Zhao, H., Liu, X.-N., & Liu, L.-N. (2024). Effect of structured pelvic floor muscle training on pelvic floor muscle  contraction and treatment of pelvic organ prolapse in postpartum women: ultrasound and clinical evaluations. Archives of Gynecology and Obstetrics, 309(5), 2177–2182.

Francisco José Rodríguez López
Graduado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte

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