La Health & Fitness Association (HFA), junto a ukactive, AUSactive, Exercise New Zealand y el Fitness Industry Council of Canada, ha reclamado la integración del ejercicio físico estructurado en los programas de tratamiento de la obesidad basados en medicamentos GLP-1. Las organizaciones consideran que el ejercicio debe formar parte de los protocolos de atención para mejorar los resultados a largo plazo y reforzar los beneficios asociados a estos tratamientos. La iniciativa se apoya en un nuevo informe internacional elaborado por FTI Consulting y publicado el 14 de junio de 2026.
La petición se fundamenta en el informe “From Weight Loss to Lasting Value: Structured Exercise and the Economics of GLP-1 Therapy”, que estima que la combinación de programas estructurados de ejercicio con tratamientos GLP-1 podría generar un valor económico y social de 120.000 millones de dólares en Estados Unidos durante la próxima década y de 393.000 millones de dólares en un horizonte de treinta años. En Reino Unido, el estudio calcula un impacto potencial de 2.700 millones de libras a diez años y de 13.000 millones de libras a treinta años. El análisis también incluye estimaciones para Canadá, Australia y Nueva Zelanda.
Los medicamentos GLP-1 se han convertido en uno de los fenómenos más relevantes de la industria de la salud durante los últimos años. Fármacos como Ozempic, Wegovy y Mounjaro están transformando el tratamiento de la obesidad en numerosos países y han abierto un intenso debate sobre cómo garantizar que la pérdida de peso vaya acompañada de mejoras sostenibles en la salud y en la calidad de vida de los pacientes.
La iniciativa presentada por la Health & Fitness Association reúne a algunas de las principales organizaciones representativas del fitness en Estado Unidos, Reino Unido, Canadá, Autralia y Nueva Zelanda. Estas entidades consideran que el crecimiento de los tratamientos farmacológicos contra la obesidad debe ir acompañado de una mayor integración del ejercicio físico dentro de los modelos de atención sanitaria.
El informe elaborado por FTI Consulting analiza el impacto potencial de combinar estos tratamientos farmacológicos con programas estructurados de ejercicio físico en Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Según las estimaciones recogidas en el informe, este enfoque permitiría mejorar los resultados obtenidos por los pacientes, reducir costes sanitarios futuros y generar beneficios económicos y sociales a largo plazo.
Greta Wagner, presidenta y consejera delegada interina de la Health & Fitness Association y presidenta de la HFA Foundation, señaló que los medicamentos GLP-1 están transformando rápidamente el tratamiento de la obesidad, pero recordó que la pérdida de peso por sí sola no es la única medida del éxito. Según explicó, el bienestar duradero requiere fuerza, funcionalidad y hábitos de vida saludables sostenibles. Wagner añadió que la investigación confirma que el ejercicio, especialmente el entrenamiento de fuerza, ayuda a los pacientes a mantener los beneficios de los tratamientos con GLP-1 a lo largo del tiempo y defendió que el ejercicio debe ocupar un lugar central dentro de estos programas de atención.
El informe también sostiene que la combinación de tratamiento farmacológico y ejercicio supervisado puede favorecer una mejor adherencia a largo plazo y contribuir al mantenimiento de los resultados obtenidos tras la pérdida de peso. Según sus autores, este enfoque puede ayudar a consolidar hábitos saludables y maximizar el valor generado por estas nuevas terapias.
Desde el punto de vista económico, las organizaciones participantes consideran que la incorporación del ejercicio a los programas de atención asociados a los GLP-1 podría generar importantes beneficios para pacientes, sistemas sanitarios, empleadores y sociedad en general. Esta es la base sobre la que se sustentan las proyecciones económicas incluidas en el informe para los cinco países analizados.
Las asociaciones firmantes han aprovechado la publicación del estudio para reclamar varias medidas concretas. Entre ellas, el reconocimiento del ejercicio físico estructurado, incluido el entrenamiento de fuerza, como parte esencial de los tratamientos contra la obesidad; la incorporación de apoyo al ejercicio dentro de los modelos asistenciales asociados a los GLP-1; la creación de mecanismos de derivación entre profesionales sanitarios y profesionales cualificados del ejercicio; el apoyo al acceso de los pacientes a profesionales e instalaciones deportivas; y una evaluación más amplia de los resultados obtenidos, más allá de la simple pérdida de peso.
Las organizaciones también defienden que el éxito de estos tratamientos no debe medirse únicamente por los kilos perdidos. En su opinión, los sistemas de evaluación deberían incorporar indicadores relacionados con la salud a largo plazo y el valor económico generado por las intervenciones.
Este llamamiento se suma a una reciente declaración conjunta firmada por las organizaciones participantes, la World Obesity Federation y la World Federation of the Sporting Goods Industry, en la que se subrayaba la necesidad de garantizar que la actividad física y la nutrición ocupen un papel central en los sistemas que respaldan la implantación global de los medicamentos para la obesidad. La publicación del informe coincide con un creciente interés internacional por el papel que puede desempeñar el ejercicio físico en los tratamientos para la pérdida de peso. Para las organizaciones impulsoras del estudio, la evidencia disponible apunta hacia una mayor integración entre tratamientos farmacológicos, actividad física y hábitos saludables, con el objetivo de maximizar los beneficios a largo plazo para los pacientes y los sistemas sanitarios.



