El impredecible zarandeo al que nos estamos viendo sometidos a causa del virus COVID-19, ha provocado una desorientación global, en la que sin duda hemos de incluir al sector de la actividad física y el deporte, y evidentemente a la regulación del mismo.
Si el psicólogo Dan Ariely, en su libro “las trampas del deseo” nos aconsejaba “hacernos conscientes de nuestras vulnerabilidades”, al comprensible aturdimiento sobrevenido, debe acompañarle una urgente reflexión acerca de nuestra labor social y las posibles carencias actuales relativas al modo en el que la implementamos.
En este sentido, protegiendo nuestra razón de ser, es decir, nuestro “qué”, sintetizado en la optimización del bienestar a través del ejercicio físico, debemos replantear el “cómo” llegar al público con el que trabajamos en las mejores condiciones posibles.
Inmersos desde hace tiempo en una revolución tecnológica que deslocaliza diversos servicios, somos muchos aún los que desarrollamos nuestros entrenamientos mirando a los ojos de los usuarios y clientes, aprovechando una cercanía física que nos permite evaluar a cada persona, proponer los estímulos adecuados y observar in situ su evolución, para adaptar oportunamente cada tarea. Sin embargo, las reglas del juego han cambiado, amenazando o al menos condicionando determinados hábitos y ámbitos laborales, al ser desafiados con el levantamiento repentino de un obstáculo que nos aleja de nuestros entornos de trabajo, retándonos a buscar otros caminos.
El Código Deontológico de COPLEF Madrid, expone en su artículo 43, que «todo usuario tiene derecho a la presencia física del profesional, excepto en actividades profesionales que prevea la legislación vigente, o se efectúe sólo parcial y accesoriamente por medios digitales».
Ciñéndonos al confinamiento decretado por la autoridad competente a nivel estatal, y por supuesto, respetando el principio de jerarquía normativa, podemos recordar algunos aspectos presentes en la Ley 6/2016, que ordena ejercicio de las profesiones del deporte en la Comunidad de Madrid.
En primer lugar, es fundamental asumir que hemos de atenernos a la legislación vigente en el lugar donde se ejerza la actividad profesional. Así mismo, acudiendo al artículo 10 de la legislación madrileña, en sus apartados 3 y 4, observamos que se cita la necesidad de presencia física del preparador físico durante el desarrollo de las actividades siempre que estas vayan dirigidas a poblaciones especiales, tales como mujeres embarazadas o en puerperio, personas mayores, personas con patologías y/o problemas de salud, incluyendo también en estos casos a los menores de edad. Por tanto, es posible la realización de entrenamientos on line, con algunas excepciones.
Otro de los aspectos a destacar en la regulación madrileña, es la constitución de una sanción grave por el uso indebido de las denominaciones reservadas a las profesiones reguladas del deporte, lo cual podría acarrear una inhabilitación profesional durante un período de tiempo no superior a un año y una multa de entre 1.001 euros y 3.000 euros (explícita en los artículos 28 y 29). Concretamente, ofrecerse como entrenadoras o entrenadores personales, sea en modo grupal o individual, requiere una cualificación obligatoria, que no debemos olvidar.
En momentos de incertidumbre, el intrusismo puede ser una lacra que se acentúe y contra la que debemos oponer resistencia, teniendo claro que «el profesional no ofrecerá cualquier rasgo de su identidad profesional a fines publicitarios engañosos que supongan competencia desleal» (artículo 87, del Código Deontológico de COPLEF Madrid).
Cuando se alteran los contextos a los que estamos acostumbradas, necesitamos referencias que nos asistan, y nos damos cuenta de la exigencia de una evolución en las normas de las que nos hemos ido dotando a lo largo del recorrido que hemos transitado.
Individualmente, somos frágiles y falibles. Por este motivo, nuestra caja de herramientas donde se incluye la legislación deportiva, siempre tiene rango de mejora y ha de contemplar circunstancias inéditas, algunas veces de forma obligada y otras a modo preventivo, para tratar de anticiparnos a las restricciones con las que nos podamos encontrar.
Como dice un buen músico, amigo de la infancia, “toca tocar”, cada cual el instrumento que considere que beneficie a una sociedad impactada. Quedarnos en casa, en esta ocasión es un buen motivo para no dejar de movernos, física y mentalmente, e imaginarnos cómo queremos que sea el presente y el futuro de nuestra profesión.
José Luis Carrasco Cajide
(Col.58687) Vocal de COPLEF Madrid



