La evolución biológica representa los cambios genotípicos y fenotípicos en poblaciones biológicas a través de generaciones. Por definición, todo proceso biológico, fisiológico, y bioquímico – así como de entrenamiento, adaptación, y competición – carece de dirección y/o sentido en ausencia de determinados conceptos evolutivos.
La evolución biológica está basada en un mecanismo denominado selección natural. Tal mecanismo actúa como un “relojero ciego e inconsciente” seleccionando y eliminando aquellos organismos mal adaptados e incompetentes ante las exigencias del medio ambiente. El proceso se asemeja a al mercado comercial que sistemáticamente descarta artículos de baja rentabilidad y conserva los de alta rentabilidad.
Fue Charles Darwin (1809-1882) quien identifico el mecanismo de selección natural como responsable de los cambios evolutivos en el mundo orgánico. El mecanismo consta de dos procesos que actúan sobre la capacidad de adaptación y supervivencia de las variaciones producidas en el material genético.
Según Darwin, en la naturaleza siempre están en activo dos mecanismos: 1.- el que mezcla los genes al azar a modo de un amplificador biológico que favorece las recombinaciones y variaciones del material genético (genotipos); y 2.- el que criba de forma automática, reduciendo o eliminando las posibilidades de supervivencia de los organismos (fenotipos) menos aptos.
El mecanismo de mezcla actúa exclusivamente sobre los genes mediante combinaciones casuales de las secuencias del ADN (ácido desoxirribonucleico) producidas vía mutaciones, errores de copia, y radiaciones. De este modo se van creando moldes de ADN distintos entre sí, a la vez que se sintetizan distintos tipos de proteínas.
Por otro lado, el mecanismo de criba actúa como un filtro selectivo sobre los individuos (fenotipo) creados por el genotipo. Su función es eliminar todo organismo incapaz de superar la criba de supervivencia, así como dar paso a los organismos competentes y adaptables a las exigencias del medio.
Los fenotipos que no logran superar la criba se detendrán en su proceso evolutivo con sus genotipos, mientras que aquellos que la superan continuaran hacia la siguiente generación con sus genotipos.
No obstante, múltiples mutaciones son capaces de atravesar la criba que no son favorables o ganadoras, sino simplemente neutras, pero que quizás estén asociadas a otro carácter favorable para el proceso evolutivo. A continuación y, abusando de la metáfora, resulta que la selección natural se asemeja a la quiniela deportiva.
En ellas, las posibles combinaciones son muy altas o bien ilimitadas, además de la gran masa de apostantes y billetes que opera sobre las diferentes posibilidades y variaciones (mezcla). Aunque la mayor parte de los billetes no sean ganadores, al final siempre hay unos pocos que aciertan y ganan (criba).
En términos generales, el mecanismo de mezcla propone al azar y el de criba dispone de forma automática. Los mecanismos de mezcla y criba también son aplicables a la Liga Española de Futbol, la Liga de Campeones de la UEFA, o a la Copa Mundial de la FIFA, por ejemplo.
Adicionalmente, en el proceso de selección natural también existe la idoneidad del entorno para actuar, de forma selectiva y con el debido criterio, sobre los organismos que sobreviven y aquellos que son eliminados.
En la actualidad sabemos que entre el ADN (genoma) y el individuo (fenotipo) existe una importante modulación de genes, influida por mecanismos reguladores y el contexto del medio en el cual se desarrollan.
En otras palabras, una mutación en el teclado del ADN no se asemeja a la sustitución de una letra en un teclado de ordenador, por lo cual el texto será distinto solo en la letra sustituida. En realidad, se asemeja a la sustitución de una pieza en un tablero de ajedrez.
En este último caso pasan a modificarse todas las relaciones e interacciones existentes, no solo entre la pieza concreta y las demás, sino también entre todas las piezas sobre el tablero de ajedrez.
En otra línea, lo importante para un deportista de competición o un equipo deportivo es que el proceso de mezcla genética, es decir, el equipo de los genes, construya un fenotipo competente que responda positivamente al medio competitivo en el que debera expresarse.
Y lo hace creando una estructura fenotípica que sea adaptable a los entrenamientos, que rinda al máximo de sus posibilidades, y que gane con regularidad ante las exigencias de la criba competitiva.
En comparación y contraste, y de cara al deporte competitivo, podemos afirmar que el valor intrínseco de la mezcla y criba de la selección natural de Charles Darwin supera con creces el aprendizaje y la aplicación de tres leyes de la dinámica de Isaac Newton (1643-1727): 1.- inercia, 2.- aceleración, y 3.- acción-reacción.
Solo mezclando y recombinando los genes una y otra vez es posible crear genotipos idóneos. Luego, tales genotipos construirán fenotipos idóneos que serán sometidos a la criba competitiva. Fenotipos con capacidad para entrenar, aprender, lograr adaptaciones fisiológicas, implementar las tres leyes de Isaac Newton, y ganar con regularidad.
En tal caso, Darwin gana a Newton por goleada …
Guillermo A. Laich de Koller
Doctor en Medicina y Cirugía



