Mujeres, Hombres, y Deportes de Equipo
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Mujeres, Hombres, y Deportes de Equipo

Los humanos hemos sido nómadas desde los comienzos y siempre hemos dependido los unos de los otros. En la actualidad, ha surgido gran interés por comparar y contrastar el comportamiento de mujeres y hombres en sus respectivos entornos deportivos.

Antiguos estereotipos retratan a las mujeres como personas en función de su entorno deportivo. Supuestamente, si bien se sentían motivadas por formar parte de sus equipos, una vez aceptadas dócilmente se adaptaban a las normas y reglas vigentes.

Por otro lado, los hombres se retrataban como individuos cuyo único objetivo consistía en el rendimiento personal, a menudo buscando el protagonismo individual como único objetivo. Adicionalmente, se pensaba que, al formar parte de un equipo, los hombres se esforzaban más por destacar y convertirse en líderes, mientras que las mujeres preferían roles de tipo integrador y de mutuo apoyo.

Estas anticuadas perspectivas implican que los equipos deportivos poseen capacidad para potenciar el rendimiento individual masculino, mientras que el rendimiento femenino tiende a la moderación sin necesidad de rendir al máximo y destacar.

En semejanza a muchos otros estereotipos claramente desfasados y anticuados, los anteriormente mencionado han sido categóricamente invalidados por las investigaciones actuales. Múltiples estudios han identificado diferencias significativas respecto al comportamiento de ambos géneros en sus entornos deportivos.

En general, los hombres tienden a participar en más actividades de equipo que las mujeres, pero las mujeres dedican más tiempo y esfuerzo a interactuar con los demás integrantes del equipo. Además, los equipos femeninos tienden a estar mejor cohesionados y ser estructuralmente más integrados que los equipos masculinos.

En cuanto al rendimiento deportivo, los hombres desean rendir y ganar de la manera más eficaz posible, intentando maximizar las posibilidades para que su equipo rinda al máximo. Además, los nuevos estudios sugieren que una buena cultura de equipo influye más favorablemente en el rendimiento masculino que en el femenino.

Los estudios también sugieren que las mujeres tienden a interactuar con los demás miembros del equipo de forma diferente a como lo hacen los hombres. Si bien las mujeres consideran seriamente su rendimiento personal y en equipo, siempre desean rendir al máximo y ganar. No obstante, también se preocupan más por lograr un fluido funcionamiento de equipo en términos de único, interactivo, e indiviso.

Cabe mencionar que los equipos de mujeres tienden a ser menos oportunistas que los hombres en sus competiciones. Los equipos masculinos, por otro lado, tienden a aprovecharse más de los errores y debilidades del oponente con el fin de ser mas oportunistas y ganar.

Con respecto al rol de líder, las mujeres suelen adoptar un estilo típicamente democrático. Para ello, tienden a emitir y recibir órdenes basadas en la igualdad de derechos y responsabilidades entre las integrantes. En contraposición, los hombres suelen actuar de forma más direccional, emitiendo y recibiendo órdenes basadas en posiciones jerárquicas de autoridad implícita y explicita.

Esta brecha en el comportamiento de los géneros sugiere que las mujeres poseen mayor predisposición y capacidad que los hombres para relegar su rendimiento y protagonismo personal al rendimiento global de sus equipos deportivos.

Aún continúa la eterna discusión respecto a las diferencias de conformidad entre un género y el otro. Por conformidad entendemos la modificación de creencias, actitudes, acciones, o percepciones personales para adaptarse a las del equipo deportivo como una unidad funcional única.

Los estudios han confirmado que existe mayor predisposición en las mujeres que en los hombres para lograr tal conformidad. Tal diferencia tiende a desaparecer e incluso se invierte, cuando existen exigencias técnicas y psicológicas en que ciertas mujeres destacan claramente por su capacidad y excelencia.

Para explicar tales diferencias se analizaron los modos de crianza y formación recibidas por ambos géneros en su infancia. Los varones son animados para ser más independientes, priorizando su capacidad para lograr el éxito de forma individual. Los niños pequeños aprenden que la sociedad les exige que destaquen y ganen, incluso en sus juegos con otros niños.

A las niñas se les enseña la importancia de la cooperación, la integración, y la consideración por los sentimientos ajenos. Si bien sus habilidades motoras suelen desarrollarse antes que los varones, se las presiona para que empleen sus talentos de forma creativa y cooperativa, y no tanto de forma individual y en medios eminentemente competitivos.

Está claro que los estereotipos han cambiado radicalmente. En la actualidad existe una mayor similitud e igualdad en la crianza de ambos géneros. Cada vez más se acepta y se anima a las niñas para que destaquen en una amplia variedad de actividades deportivas, tanto individuales como en equipo.

En la actualidad, las mujeres no solo participan en actividades que antes eran dominio exclusivo de los hombres, sino que a menudo lo hacen en competiciones individuales y en equipos que incluyen ambos géneros. En tales casos, las mujeres son tratadas, respetadas, y admiradas en semejanza a los hombres … y en muchas ocasiones, incluso mejor.

Guillermo A. Laich de Koller
Doctor en Medicina y Cirugía

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