Primera línea de actuación en el síndrome de ovarios poliquísticos: el estilo de vida
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Primera línea de actuación en el síndrome de ovarios poliquísticos: el estilo de vida

El ejercicio físico se ha convertido en la primera línea de intervención para las mujeres con síndrome de ovarios poliquísticos. No solo ayuda a regular hormonas y mejorar la sensibilidad a la insulina, sino que también reduce grasa corporal, mejora el estado de ánimo y aumenta la calidad de vida. En un trastorno sin tratamiento farmacológico definitivo, el movimiento es, hoy por hoy, la mejor medicina.

Tras casi dos años y medio, y entendiendo que la ciencia va muy rápida y nuestra responsabilidad es estar actualizados, nos disponemos a hacer una revisión sobre los nuevos trabajos que se han publicado al respecto y conocer la información actual que la literatura científica nos brinda, complementando de este modo todo lo transmitido en el anterior artículo.

En octubre de 2022 hicimos un artículo dedicado a esta afección, característica del sexo femenino, acercándonos a la realidad de la misma y a cómo podíamos ayudar a las mujeres desde el ejercicio físico.

Recordamos que el síndrome de ovarios poliquísticos (SOP) es un trastorno endocrino y metabólico complejo que afecta a un 5-20% de las mujeres en edad reproductiva (Singh et al., 2023). Se caracteriza por hiperandrogenismo, anovulación y ovarios poliquísticos, y está asociado con una serie de comorbilidades como resistencia a la insulina, obesidad, dislipidemia, diabetes tipo 2 (DM-II) y enfermedades cardiovasculares (ECV) (Armanini et al., 2022; Lizneva et al., 2016). Además, el SOP también impacta en la salud mental, provocando problemas como depresión, ansiedad y disminución de la autoestima (Alur- Gupta et al., 2019).

La patogénesis del SOP es muy compleja y generalmente se cree que está asociada con múltiples factores, incluyendo la genética, el medio ambiente, el estilo de vida, la obesidad y los factores psicológicos. La disfunción del eje hipotalámico-pituitario conduce a una secreción anormal de gonadotropina, lo que resulta en un aumento de la hormona luteinizante (LH) y los niveles de andrógenos en las pacientes. Los niveles elevados de andrógenos pueden contribuir a la resistencia a la insulina y a las alteraciones en el metabolismo de la glucosa y los lípidos (Moore & Campbell, 2017).

Debido a su patogénesis poco clara, actualmente no existen tratamientos farmacológicos definitivos (Forslund et al., 2024).

Ante esta realidad, la ciencia ha encontrado la que puede ser la mejor estrategia de tratamiento de primera línea para mejorar la salud de estas mujeres. Sin lugar a dudas, nos referimos al estilo de vida, más concretamente influenciar sobre los niveles de actividad física diaria, la práctica de ejercicio físico y los hábitos nutricionales (Teede et al., 2023).

Es más, se ha visto como las mujeres con SOP presentan un estilo de vida con una reducida actividad física y una dieta nutricionalmente deficiente, cuya consecución parece depender de factores genéticos, fisiológicos y psicosociales, lo que coloca en una posición prioritaria la intervención sobre dichos hábitos (Kazemi et al., 2022).

Este hecho nos debería comprometer, pues somos agentes profesionales que pueden influenciar sobre el estilo de vida. Tal como indica nuestro nombre profesional, los educadores físico deportivos debemos educar, a la población en general y a las personas con las que trabajamos en particular, sobre desarrollar un estilo de vida activo y saludable.

Acudiendo a la literatura científica, observamos como las últimas revisiones sistemáticas (Gautam et al., 2025; Jin et al., 2025; Long et al., 2025; Mohamed et al., 2025) muestran cómo las intervenciones en el estilo de vida (mejorar los hábitos nutricionales, aumentar la práctica de actividad física e incluir el ejercicio físico como parte de la vida diaria) son eficaces para mejorar la salud en general y, más concretamente, la regulación menstrual, la salud reproductiva, la salud cardio-metabólica, el bienestar psicológico y la calidad de vida.

Más concretamente, intervenciones donde se combinaron modificaciones en la nutrición y la práctica de ejercicio físico mostró una reducción en los niveles de testosterona, androstenediona y una mejor puntuación en la escala Ferriman-Gallwey (escala que mide el hirsutismo, común en el SOP (70-80% de mujeres con SOP)) (Jin et al., 2025; Long et al., 2025). También se ha detectado la reducción de grasa corporal y mejora en la sensibilidad a la insulina como predictores claves de la mejora de la salud de las mujeres con SOP, a lo cual responden intervenciones en las que se combina el ejercicio físico y la dieta (Long et al., 2025; Mohamed et al., 2025).

Centrándonos en el ejercicio físico, un aumento de la actividad física y la práctica de ejercicio físico estructurado parece mejorar el IMC, la sensibilidad a la insulina, así como los resultados metabólicos y reproductivos (Gautam et al., 2025; Mohamed et al., 2025), lo cual es potenciado cuando se combina con una adecuada intervención nutricional (Gautam et al., 2025; Jin et al., 2025; Long et al., 2025; Mohamed et al., 2025).

Las últimas revisiones sistemáticas nos indican que el ejercicio físico, en especial el aeróbico de intensidad moderada, parece efectivo en la pérdida de peso y reducción del IMC (Motaharinezhad et al., 2024). También se ha visto cómo la realización de ejercicio físico, especialmente el de tipo aeróbico, puede reducir ciertos marcadores inflamatorios como es la proteína C reactiva, en especial en mujeres mayores de 30 años, a través de ciertos mecanismos como la producción de citoquinas antiinflamatorias (IL-10), regulación del estrés y ansiedad, activación de receptores adrenérgicos en músculos y grasas, así como a través de la reducción de grasa visceral (Hafizi Moori et al., 2023).

Además, ciertos trabajos nos ofrecen resultados que indican que la combinación del entrenamiento de fuerza (50-70% 1RM) y resistencia aeróbica (60-70% Fcmáx) también parece ser efectivo para mejorar la sensibilidad a la insulina, así como para mejorar el perfil lipídico (reducción del colesterol LDL y colesterol total) y los niveles de testosterona, y un descenso en el índice de andrógenos libres (Nasiri et al., 2025).

Algunos programas también incluyeron en las intervenciones la terapia conductual, lo cual mostró mejoras en los problemas relacionados con el SOP, como son la depresión y el estrés, así como mejores resultados en la adherencia a largo plazo en las

intervenciones, lo que parece ser uno de los principales desafíos en los cambios de estilo de vida en esta población (Gautam et al., 2025; Mohamed et al., 2025).

Estos datos nos llevan a poner especial atención en los cambios de hábitos en las mujeres que padecen SOP e influir en ellos como parte de nuestra labor profesional como educadores físico-deportivos, para así poder conseguir que alcancen una mejor salud y mayor calidad de vida.

Seguiremos atentos a las actualizaciones que la ciencia nos siga ofreciendo, para así poder dar el mejor servicio posible, siendo responsables como profesionales del ejercicio físico y cumplir de la mejor manera posible con nuestro cometido para con nuestra sociedad.

Francisco José Rodríguez López Director en Investigación en la Mujer, Ciencias del Entrenamiento y la Salud (IMUCES) Graduado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte

Francisco José Rodríguez López
Director en Investigación en la Mujer, Ciencias del Entrenamiento y la Salud (IMUCES)
Graduado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte.

Primera línea de actuación en el síndrome de ovarios poliquísticos: el estilo de vida
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