Las noticias sobre los avances tecnológicos ocupan cada día más espacios en los medios de comunicación. El robot humanoide Sophia, diseñado para aprender y adaptarse al comportamiento humano y trabajar con humanos, “ha concedido” numerosas entrevistas en todo el mundo mostrando sus conocimientos y habilidades. En 2008, la editorial rusa Astrel-SBP publicó la novela «Amor verdadero», escrita por un algoritmo desarrollado durante ocho meses. El libro nació de un cóctel elaborado con 17 novelas.

En el deporte profesional, se utilizan el GPS (Sistema de Posicionamiento Global) para que los técnicos monitoricen el esfuerzo de cada deportista, el VAR (sistema de video arbitraje) o el conocido «Ojo de Halcón» para revisar acciones o jugadas. La nanotecnología del carbono y el grafeno ha ayudado a que las bicicletas sean menos pesadas. En el campo de la podología, los simuladores y las cámaras en 3D permiten analizar la pisada del corredor para crear plantillas que contrarresten defectos en el apoyo. Un chip en el balón de fútbol permite obtener, en cuestión de segundos, datos sobre la fuerza del golpeo, los efectos o distancias o saber si el balón entró. En automovilismo el KERS ha aumentado la facilidad y el número de adelantamientos. Las retransmisiones deportivas se enriquecen con estadísticas.

En el lado oscuro encontramos el dopaje tecnológico, que genera ventajas competitivas injustas en el deporte. El lema «citius, altius, fortius» (más rápido, más alto, más fuerte) para alcanzar el éxito, cobra realidad incluso por encima del fair play. Muchos son los ejemplos: Nike ha fabricado las zapatillas Zoom Vaporfly Elite, que permiten reducir el gasto energético un 4%. En el Tour de Francia del año 2017, el equipo Sky fue acusado de utilizar en su maillot un tejido especial llamado Vortex para cuatro de sus ciclistas en la contrarreloj inaugural de la ronda gala, con el que supuestamente ganaron capacidad aerodinámica. Speedo creó un traje de baño diseñado por la NASA, cuyas costuras permitían comprimir el cuerpo y ganar unas décimas de segundo. En 2016, la UCI descubrió el primer caso de motores en las bicicletas en los Mundiales de Ciclocross de Zolder.

Como vemos, ante nosotros se abre un panorama desconocido que nos obliga a estar muy atentos. No es de extrañar que esta imparable evolución nos genere miedo, al no ser capaces de imaginar sus límites. Lo cierto es que los avances tecnológicos buscan mejorar los servicios a las personas, aumentar el rendimiento de los deportistas, aportarnos más tiempo de ocio, e incluso mejorar nuestra salud. También es cierto que deberemos adaptarnos a las nuevas situaciones laborales originadas por los cambios tecnológicos y organizativos. El 47% de los empleos está en «alto riesgo» de ser automatizado. Los robots podrían desempeñar estas tareas, perdiéndose más de 1.600 millones de puestos de trabajo.

Se ha logrado simplificar los procesos de producción y favorecer la comunicación y el flujo de intercambio de información. La tecnología potencia el trabajo en equipo. Compartimos documentos e información a los que todos tenemos acceso. Las empresas pueden establecer reuniones virtuales y distribuir datos por Internet alcanzando una presencia global. Se crean nuevas profesiones, como desarrollador de aplicaciones para móviles o analista digital. Los trabajadores 4.0 son aquellos que utilizan la tecnología en su rutina diaria para mejorar los procesos que realizan en su puesto laboral. En el S. XIX, el escritor y filósofo estadounidense Elbert Hubbard, nos dejó este mensaje para la reflexión: «una máquina puede hacer el trabajo de cincuenta hombres ordinarios. Ninguna máquina puede hacer el trabajo de un hombre extraordinario.»

¿Y cómo influye esta situación en el ámbito de la prestación de servicios deportivos en centros deportivos? En la era del Big Data todo el mundo quiere ampliar la información sobre cualquier actividad. La tecnología nos permite hacer predicciones y tomar medidas a partir de las pautas de comportamiento de los clientes o usuarios. El mercado está lleno de Apps y wereables que nos dan la frecuencia cardíaca o el ritmo de carrera, facilitando la práctica deportiva libre, al margen de toda organización. La gamificación genera motivación a través de entrenamientos adaptados a necesidades, objetivos y horarios disponibles. IOFIT, son unas zapatillas inteligentes que buscan convertirse en entrenador personal, graban las sesiones y comparar videos y fotografías para mejorar el ejercicio.

Peloton, empresa que fabrica bicicletas estáticas para el hogar, permite al usuario participar desde casa en clases dirigidas virtuales, rivalizando con el gimnasio tradicional. Hay cadenas de centros fitness que han sustituido el responsable de recepción y atención al público por un control de acceso con videovigilancia. Como vemos son numerosos los ejemplos que presentan la tecnología como alternativa a las personas.

Los esfuerzos que se están haciendo para regular las profesiones del deporte, la aprobación por el Consejo General de la Educación Física y Deportiva (Consejo COLEF) del «Educador físico deportivo», y conseguir su espacio a los diferentes perfiles profesionales, pueden estar en peligro con los avances tecnológico. No sería deseable que el profesional de los servicios deportivos fuera sustituido por un programador/gestor informático. Detrás las aplicaciones que nos ofrece itinerarios, sesiones, resultados, calorías consumidas, objetivos alcanzados, comparativas y avances, ¿hay un educador deportivo? Estoy convencido que muchos gestores habéis logrado una combinación satisfactoria entre uso de tecnología y personal contratado, pero eso no quita que estemos atentos a la evolución. En la relación entre tecnología y usuarios debe mediar e intervenir el profesional, y este profesional no es un programador informático, ni un gestor de aplicaciones, es el educador físico deportivo. No solo hay que contar con profesionales titulados, acreditados y/o registrados, hay que asegurarse que están y participan en la prestación del servicio.

En algunos casos, el usuario debe valorar si compensa que, por unos pocos euros más al mes, pueda trabajar con personas en lugar de con máquinas. Debemos evitar que se haga realidad la advertencia de Albert Einstein: «Se ha vuelto terriblemente obvio que nuestra tecnología ha superado nuestra humanidad.»

Javier Ramos

Business Developer Manager en Smartup
Director Académico de master en BIG Data Universidad de Deusto
Máster en Tecnologías Big Data ( Universidad de Deusto)
Máster en Empresas Turísticas ( Instituto de Empresa)
Diplomado en Empresas y Actividades Turísticas

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